El Hijo del Sol

Capítulo 17. Aprendiendo a jugar

Durante el camino regreso al Dominio, Rowan solo sintió traición y rabia contenida. Esa misma noche buscó a Ivar.

- Siguen cazándolos – dijo sin rodeos. Ivar no fingió sorpresa.

- El acuerdo fue claro. Dejarían en paz a los mestizos de Barok, no al resto.

Sus miradas chocaron.

- Están matando familias inocentes – dijo Rowan. Mientras que sentía un fuego ardiente queriendo salir por sus manos. Y por un momento pensó, que si lo hacía ahora, podía terminar con los Noctura.

- ¿Quieres cambiarlo? Entonces aprende cómo funciona el poder.

Rowan calmó el calor de sus manos y salió sin mirar atrás. Y cuando llegó a uno de los niveles inferiores del Dominio, Nyra lo alcanzó.

- Te dije que no confiaras en ellos. – Nyra había escuchado su conversación.

Él asintió. No había lágrimas, ni furia explosiva. Solo una grieta. Nyra lo observó largo rato.

Por primera vez desde que llegó al Dominio, Rowan sintió que la ciudad no era una fortaleza, era una prueba. Y entendió algo más peligroso aún: Si quería cambiar las reglas… tendría que aprender a jugar. Y quizá ensuciarse las manos.

La conversación entre Ivar y Rowan quedó solo en eso, una simple plática. Ivar no informó al consejo y Rowan no enfrentó a nadie. Estaba decido entrar en el juego de los Noctura, porque había entendido que ellos solo podían ser destruidos desde adentro.

Sin embargo, Rowan no contaba con que un miembro del Dominio, informó a Aurelios sobre la visita de Rowan. Aurelios no hizo escándalo, ni lo señaló en público, porque finalmente había llegado la oportunidad perfecta para deshacerse de él.

Por otra parte, al este ya estaban corriendo rumores provenientes del Sur. Los Noctura ya habían empezado nuevas redadas. Silak, Nimar, Frelz y muchas aldeas al rededores, estaban siendo saqueadas. No buscaban alimento o riquezas, buscaban mestizos, rebeldes, y cualquier indicio de quebrantamiento de reglas.

Y en Barok, esas noticias no tardaron en llegar.

- Dijiste que tu hermano había hecho un trato. – Exigió un miembro de Virek.

- Lo hizo. Los Noctura prometieron no atacar.

- Tal vez estos meses en el Dominio, olvidó el acuerdo y ahora es uno de ellos.

Darius no dijo nada más. Él confiaba en Rowan, sabía que él no se prestaría para algo así. Así que se limitó solo a cuidar a su hija, no quería escuchar más mentiras sobre su hermano.

- El consejo llegó a un acuerdo – Informó Vanessa, una de los siete. – Irás a tu primera misión. – Miró fijamente a Rowan con una sonrisa, como si supiera que fallaría.

Rowan había sido mandado al sureste. Su misión era simple, informar la presencia o no, de mestizos. Rowan no tardó muchas horas en llegar, pero el lugar se le hizo extrañamente familiar. No había casas, campamentos ni huellas, solo era un bosque con vegetación. Ahí parecía no haber nada.

Permaneció horas vigilando desde las copas de los árboles, alimentándose de animales mientras esperaba. Y cuando terminó con el último conejo de la madriguera, decidió que era momento de irse.

Avanzó solo unos pasos, cuando escuchó una rama quebrandose. Una pisada. Cautelosamente siguió el ruido, cuando a lo lejos lo vio: Un hombre joven corriendo de prisa, mientras sostenía su brazo herido.

Rowan olfateó y olió la sangre mestiza. Envió la dirección a los Noctura, sin dudar. Siguió los pasos del hombre para encontrar su escondite. Y cuando avanzó más, reconoció el territorio. Su estómago se tensó.

El vampiro iba hacia Barok. Si cruzaba el límite, los Noctura tendrían excusa perfecta para intervenir, no por romper el tratado, sino por “proteger el orden”.

Rowan aceleró y lo derribó antes de que cruzara la línea. El mestizo gritó.

- ¡Me dijeron que aquí estaríamos a salvo!

Rowan lo sostuvo por el cuello y dudó. Si lo dejaba ir: Los Noctura entrarían. Si lo entregaba: Barok se convertiría en refugio oficial. Y si lo mataba… El tratado seguía intacto.

Rowan eligió. Le arrancó el corazón, sin rabia, sin palabras. Pensó que ahora todo estaría bien… Cuando escuchó una voz familiar.

- ¿Rowan? – Darius estaba a pocos metros. Junto con los miembros de Virek, quienes observaron el cuerpo del mestizo.

Rowan se levantó manchado de sangre, aún con el corazón del mestizo entre sus manos. No dijo nada, no intentó justificarse, no explicó ni tampoco pidió comprensión.

Detrás de él, capas oscuras emergieron entre la niebla: Los Noctura.

- Este no había sido el trato. – Dijo Aurelios. – Barok no puede refugiar mestizos.

Hubo un silencio, y Rowan fue el primero en hablar.

- El tratado había sido claro... Barok está protegido, mientras no lo conviertan en santuario. – Darius lo miró como si no lo reconociera.

- ¿Desde cuándo hablas como ellos? – Rowan sostuvo la mirada.

- Desde que entendí cómo sobreviven.

Los Noctura miraron con aprobación a Rowan. Todos menos Aurelios, él no sonrió, ni tampoco intervino… Rowan acababa de hacer lo que ellos no podían hacer sin romper su palabra: Ensuciarse.




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