El Hijo del Sol

Capítulo 20. El tablero

Rowan regresó solo al Dominio. El trayecto fue silencioso. No había escolta, y lo mejor, no había testigos. Solo el eco de lo ocurrido en Ponte repitiéndose con precisión en su memoria.

Redactó el informe sin vacilar. Combinó verdad con mentira.

Describió Ponte como una emboscada rebelde cuidadosamente preparada. Informó que habían sido superados en número. Que la batalla fue feroz. Que dos líderes fueron capturados antes de que la situación se volviera insostenible y que más rebeldes llegaron como refuerzo.

No mencionó a Virek. No mencionó a Darius. Y no mencionó que los cuerpos que quedaron en el suelo con el emblema del Dominio habían caído por su fuego… Cerró el informe con una conclusión sobria: Ningún miembro del Dominio logró salir con vida. Yo sobreviví gracias al uso del fuego solar.

Envió la carta y esperó.

Al amanecer, llegó la respuesta. No fue una citación pública, solo un pergamino breve, sellado con el emblema del consejo. Rowan lo sostuvo unos segundos más de lo necesario, con anticipación.

El salón del consejo estaba vacío cuando entró. Solo Aurelios permanecía de pie frente al mapa encantado que flotaba sobre la mesa circular. Pequeños destellos marcaban territorios activos. Algunos titilaban con inestabilidad.

Aurelios no se giró. Y con un gesto leve, el mapa cambió. Ponte apareció con marcas doradas que se apagaban en repetición constante. Luego el mapa se desplazó y Barok quedó delineado con un contorno apenas perceptible.

- Leí tu informe – dijo Aurelios con voz tranquila. – Una lástima que no haya sobrevivido ninguno de mis hombres. – Alzó la mirada – Y qué fortuna que tú sí.

No era acusación, era constatación. Rowan sostuvo el silencio.

- Estás aquí con vida – continuó Aurelios – Porque decidiste ensuciarte las manos por algo que consideras equilibrio. Eso demuestra que puedes comprendernos… Pero no confundas comprensión con autoridad.

El peso de la frase no estaba en el tono. Estaba en la certeza. Aurelios se acercó más al mapa.

- Crees que el tablero puede reordenarse desde dentro. Que basta con mover piezas con mayor inteligencia.

Sus dedos rozaron el contorno de Barok.

- El tablero fue construido antes de que nacieras. Antes de tu linaje. Antes incluso de la purga de los Hijos del Sol.

Esa frase cayó como piedra. Era una advertencia.

- Aprende todo lo que puedas – añadió. – Mientras juegues dentro de las reglas, seguirás siendo útil.

La palabra “útil” resonó en su cabeza. No aliado, no igual. Rowan se giró para marcharse, pero se detuvo antes de dar el primer paso.

- ¿Y qué ocurre cuando alguien decide dejar de jugar? – preguntó sin volverse. El silencio se tensó en la sala. Aurelios no sonrió.

- Entonces deja de estar protegido por el tablero.

No fue una amenaza. Fue una ley. Rowan entendió perfectamente, los Noctura no lo matarían por traicionarlos. No todavía. Le concederían otra oportunidad, incluso una tercera, si era necesario. Porque no lo querían a él, querían el fuego solar ardiendo dentro de su sangre.

Esa misma tarde, los Noctura se reunieron. El ambiente no era caótico, estaba contenido.

- Sabía que nos traicionaría – Espetó Malrik. Ivar no respondió, solo observaba. Aurelios alzó apenas la mano y el murmullo cesó.

- ¿Sabes por qué permití el tratado con Barok? – preguntó sin mirar a nadie en particular.

- Para contenerlos – respondió Malrik.

- Para medirlos – corrigió Aurelios y el silencio se volvió denso – Barok no es una concesión. Es un experimento político. Un territorio aislado donde observamos si mestizos y rebeldes pueden autorregularse sin expandirse.

Nadie habló.

- Si fracasan, tendremos justificación absoluta para intervenir. – Sus ojos recorrieron la mesa. – Esta vez la erradicación ya no será cuestionada.

Algo cambió en la sala, no fue sorpresa, fue comprensión. El tratado nunca fue un gesto de paz. Fue una cuenta regresiva. Virek había dado el primer paso y Rowan había encendido la chispa.

- Inicien los preparativos.

Nyra quien todo este tiempo en el Dominio se la había pasado como una prisionera, caminaba por los pasillos. Llevaba días sin ver a Rowan y le preocupaba que el poder lo estuviera consumiendo. Caminó unos metros más hasta que lo vio en uno de los niveles más altos del Dominio. Rowan estaba observando la ciudad. Ella sabía lo que significaba esa expresión en su rostro.

- ¿Qué sucede? – preguntó Nyra. Rowan tardó en responder.

- Nunca fue negociación. – Sus ojos no se apartaron del horizonte. – Barok siempre fue una variable que tarde o temprano iban a destruir.

Nyra sintió un nudo frío y dio un paso más cerca.

- ¿Entonces?

Rowan finalmente la miró. Ya no parecía alguien que intenta ascender, parecía alguien que había decidido caer con intención.

- Entonces no voy a aprender a jugar.

Volvió la mirada hacia el corazón de la montaña, hacia el centro donde el consejo creía controlar cada pieza.




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