El Hijo del Sol

Capítulo 22. Sangre y Ceniza

La noche cayó con una quietud engañosa. El bosque olía a humo lejano, a tierra removida y a algo que aún ardía en la distancia. La niña comenzó a inquietarse.

No lloraba con fuerza, pero se removía contra el pecho de Darius, buscando algo que él no sabía darle. Durante meses, una mujer humana la había cuidado, alimentado y calmado. Darius sabía luchar, sabía incendiar y sabía proteger. Pero no sabía ser padre en la huida.

- Tal vez tiene hambre – dijo Rowan, observando con cautela. – ¿Ella… bebe sangre?

Darius negó, y pese a todo, sonrió.

- Los mestizos pueden vivir de comida humana. – Miró el cielo oscuro, aún faltaban horas para el amanecer. – Buscaré frutos. Vuelvo enseguida.

Darius intentó dejar a la niña en brazos de Rowan. Pero apenas él la sostuvo, comenzó a llorar con un desconsuelo que atravesó el silencio del bosque. Los dos hermanos rieron, brevemente. Fue un sonido extraño en medio de la devastación.

- Está claro con quién quiere quedarse – murmuró Rowan y Darius asintió antes de internarse entre los árboles.

Los minutos pasaron y luego una hora. El bosque se volvió demasiado silencioso, y el amanecer no tardaba en llegar, lo cual era peligroso. Rowan se puso en pie y siguió las huellas apenas visibles sobre la tierra húmeda. Una rama rota, una pisada más profunda y luego una gota oscura… Sangre.

El claro apareció entre los árboles.

Darius estaba de pie frente a una estructura semiderruida. Su ropa desgarrada. Su respiración irregular. El fuego en sus manos ardía inestable. Y tres soldados del Dominio yacían convertidos en ceniza a pocos pasos.

La niña estaba detrás de él, sentada en el suelo, demasiado quieta. Darius levantó la mirada cuando sintió a Rowan acercarse.

Rowan vio la herida en su costado, negra y una regeneración muy lenta.

- Usaron una lanza con punta de plata – dijo Darius con voz áspera. – Como si fueran cazadores.

Rowan apretó la mandíbula. Y el aire cambió. No por sonido, por presencia.

Entre los árboles, figuras comenzaron a emerger, en formación cerrada. Y al centro de ellas, Malrik, quien avanzaba sin prisa, inspeccionando el claro como si evaluara un trabajo incompleto.

Sus ojos pasaron de Rowan a Darius. Luego a la ceniza en el suelo. Sus ojos se detuvieron en Darius.

- No solo Virek rompió el acuerdo – dijo con frialdad contenida. – También tú… ¿No fuimos claros cuando se te prohibió usar fuego Valenor?

Rowan dio un paso al frente y Malrik sonrió apenas.

- Desde que supimos que eras un Valenor, tu sentencia ya estaba escrita – Continuó – Y ahora Aurelios me ha dado la orden de cumplirla.

Malrik había esperado este momento, se notaba. Rowan avanzó un paso más.

- Entonces tendrás que matarnos a los dos. Yo también soy un Valenor.

Por primera vez, los ojos de Malrik brillaron con algo cercano al placer. Levantó la mano y los soldados atacaron.

Darius reaccionó primero. Su fuego se elevó en un arco brillante que obligó a retroceder a los más cercanos. Pero el movimiento le arrancó un gemido. La plata lo estaba devorando por dentro.

Rowan invocó el fuego solar y el claro se inundó de luz dorada. Dos soldados cayeron antes de alcanzar a Darius. Y otros retrocedieron, cegados por el resplandor. Por un instante pareció posible una salida.

Entonces Malrik se movió. No fue velocidad, fue desaparición. Apareció frente a Darius y atrapó su muñeca antes de que pudiera liberar otro estallido. Darius cayó de rodillas. Rowan intentó alcanzarlo, pero tres soldados lo interceptaron.

El fuego solar rugió, dejando solo ceniza y gritos.

Darius logró soltarse por un segundo, suficiente para mirar a Rowan. En su mirada no había miedo, solo urgencia. Miró hacia donde estaba su hija.

- Protégela.

Fue apenas un susurro. Y Malrik no dudó. Su mano atravesó el pecho de Darius con precisión clínica. El sonido fue húmedo… Extrajo el corazón aún palpitante y lo sostuvo un segundo en el aire, como una prueba.

Luego lo arrojó a los pies de Rowan. El mundo se volvió silencioso, la niña comenzó a llorar, no por hambre. Por ausencia.

El corazón dejó de latir sobre la tierra. Y algo dentro de Rowan se quebró con él.




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