El Hijo del Sol

Capítulo 24. Donde nace la llama

El nuevo refugio improvisado no tenía murallas, ni torres, ni estandartes. Solo cuevas húmedas abiertas en la roca y fogatas ocultas bajo salientes naturales. Lo que quedaba de Barok respiraba en silencio.

- Barok cayó porque confiamos en tratados. Si no vamos a escondernos, necesitamos saber qué sigue. – Varios murmullos recorrieron el refugio, voces cansadas que exigían respuestas.

Rowan guardó silencio unos segundos. Antes habría dicho: huir.. negociar. Pero eso había muerto junto con Darius.

- No vamos a reconstruir Barok – respondió finalmente Rowan. – Vamos a romper lo que permitió que lo destruyeran.

Un murmullo recorrió el refugio.

- ¿Guerra? – preguntó alguien. Rowan negó.

- No todavía. Primero vamos a quitarles lo que más necesitan.

- ¿Qué cosa? – preguntó Nyra, aunque ya sospechaba la respuesta.

Rowan miró a todos.

- Miedo.

El silencio se volvió más denso.

- Los Noctura y el Dominio existen porque todos creen que es invencible. Porque creen que desobedecer significa muerte… Porque creen que no hay algo más poderoso que ellos. – La voz de Rowan era firme, como si quien hablara fuera un guerrero experimentado.

- ¿Y cómo hacemos eso?

Rowan extendió la mano. Una llama dorada apareció en su palma, pequeña, controlada, pero poderosa.

- Mostrándoles que el sol nunca les perteneció.

Nyra saltó hasta la cueva más alta y se acercó sin hacer ruido.

- Están preguntando por ti.

- ¿Quiénes? – Preguntó Rowan.

- Todos.

Rowan salió de la sombra de las rocas y miró hacia abajo. Decenas de personas ocupaban el refugio: mestizos, vampiros y unos pocos humanos. Diferentes entre sí, pero unidos por algo invisible. El cansancio de vivir bajo el yugo de los Noctura.

Habían pasado doce semanas desde la caída de Barok, y cinco semanas desde que volvieron a levantarse. Rowan se había convertido en estratega casi sin notarlo. Conocía los territorios del Dominio, anticipaba movimientos y guiaba evacuaciones.

Primero salvaron una aldea mestiza antes de que el Dominio llegara. Luego vino una batalla directa, después otra y otra más. El número creció, y ya no eran decenas, ahora eran cientos. Y aunque no todos sobrevivían, ninguno retrocedía.

Las historias comenzaron a viajar más rápido que ellos: rumores de un vampiro inmune a la plata y la madera, un guerrero cuyas manos irradiaban luz solar. Muchos habían escuchado antiguas leyendas sobre los Hijos del Sol. Y ahora uno caminaba entre ellos.

Todos lo observaban esperando algo más que órdenes.

Para algunos, Rowan se había convertido en salvación, para otros, en esperanza y fortaleza. Y para unos pocos, los más silenciosos… en algo cercano a una eminencia.




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