El nuevo refugio improvisado no tenía murallas, ni torres, ni estandartes. Solo cuevas húmedas abiertas en la roca y fogatas ocultas bajo salientes naturales. Lo que quedaba de Barok respiraba en silencio.
- Barok cayó porque confiamos en tratados. Si no vamos a escondernos, necesitamos saber qué sigue. – Varios murmullos recorrieron el refugio, voces cansadas que exigían respuestas.
Rowan guardó silencio unos segundos. Antes habría dicho: huir.. negociar. Pero eso había muerto junto con Darius.
- No vamos a reconstruir Barok – respondió finalmente Rowan. – Vamos a romper lo que permitió que lo destruyeran.
Un murmullo recorrió el refugio.
- ¿Guerra? – preguntó alguien. Rowan negó.
- No todavía. Primero vamos a quitarles lo que más necesitan.
- ¿Qué cosa? – preguntó Nyra, aunque ya sospechaba la respuesta.
Rowan miró a todos.
- Miedo.
El silencio se volvió más denso.
- Los Noctura y el Dominio existen porque todos creen que es invencible. Porque creen que desobedecer significa muerte… Porque creen que no hay algo más poderoso que ellos. – La voz de Rowan era firme, como si quien hablara fuera un guerrero experimentado.
- ¿Y cómo hacemos eso?
Rowan extendió la mano. Una llama dorada apareció en su palma, pequeña, controlada, pero poderosa.
- Mostrándoles que el sol nunca les perteneció.
Nyra saltó hasta la cueva más alta y se acercó sin hacer ruido.
- Están preguntando por ti.
- ¿Quiénes? – Preguntó Rowan.
- Todos.
Rowan salió de la sombra de las rocas y miró hacia abajo. Decenas de personas ocupaban el refugio: mestizos, vampiros y unos pocos humanos. Diferentes entre sí, pero unidos por algo invisible. El cansancio de vivir bajo el yugo de los Noctura.
Habían pasado doce semanas desde la caída de Barok, y cinco semanas desde que volvieron a levantarse. Rowan se había convertido en estratega casi sin notarlo. Conocía los territorios del Dominio, anticipaba movimientos y guiaba evacuaciones.
Primero salvaron una aldea mestiza antes de que el Dominio llegara. Luego vino una batalla directa, después otra y otra más. El número creció, y ya no eran decenas, ahora eran cientos. Y aunque no todos sobrevivían, ninguno retrocedía.
Las historias comenzaron a viajar más rápido que ellos: rumores de un vampiro inmune a la plata y la madera, un guerrero cuyas manos irradiaban luz solar. Muchos habían escuchado antiguas leyendas sobre los Hijos del Sol. Y ahora uno caminaba entre ellos.
Todos lo observaban esperando algo más que órdenes.
Para algunos, Rowan se había convertido en salvación, para otros, en esperanza y fortaleza. Y para unos pocos, los más silenciosos… en algo cercano a una eminencia.
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Editado: 03.03.2026