En las afueras del territorio del Dominio, Rowan y su gente aguardaban en silencio, ocultos entre roca y árboles negros. Cada uno ocupaba su posición, preparado para la señal que iniciaría el asalto.
Pero Rowan sintió algo cambiar. No fue un sonido ni un movimiento visible. Fue más profundo. Como cuando una estructura gigantesca comienza a resquebrajarse desde dentro, mucho antes de derrumbarse.
Lo sospechó al ver las puertas sin custodia. Aquello no tenía sentido. Y aun así, descendió de los árboles junto a Nyra, avanzando con cautela hacia las enormes puertas de obsidiana… No había guardias, no había patrullas, no había vida.
Rowan levantó una mano, indicando a los suyos que esperaran. El silencio era tan absoluto que resultaba antinatural. Y después hizo un leve gesto con los dedos: Era la señal para derribar las puertas.
Pero nunca llegó a dar la orden, porque las puertas se abrieron solas.
El estruendo resonó como un trueno contenido. Rowan pudo ver el interior del Dominio: la ciudad extendiéndose hacia las profundidades, soldados formados en filas perfectas y, frente a ellos, el Consejo Noctura. Y al frente de todos… Ivar.
Un soldado avanzó unos pasos y arrojó algo hacia el exterior. El objeto rodó lentamente hasta detenerse a los pies de Rowan: Una cabeza. Nyra contuvo el aliento. Era de Aurelios.
Su piel ya adquiría un tono grisáceo, resquebrajándose lentamente, como si la ceniza reclamara lo que quedaba de él.
Rowan levantó la mirada e Ivar avanzó lo suficiente para que su voz cruzara la distancia.
- Hay un nuevo régimen en los Noctura – Dijo con calma absoluta. – Nuestra lucha puede esperar.
No hubo amenaza, no hubo burla. Solo una declaración.
Las puertas comenzaron a cerrarse nuevamente, separándolos. El estruendo final resonó como el cierre de una era. Nyra observó la cabeza de Aurelios antes de mirar a Rowan.
- ¿Eso es todo?
Rowan tardó en responder.
- Yo quería destruirlos – dijo finalmente. – Pero ahora entiendo que no necesito hacerlo… Solo necesito que se devoren entre ellos.
El viento recorrió las murallas del Dominio. Nyra lo observó en silencio, como si estuviera presenciando el nacimiento de algo distinto. No un héroe ni un mártir: Un catalizador.
Dentro del Dominio, todo había cambiado. Cinco consejeros caminaban junto al nuevo Primus con aparente satisfacción. Solo Malrik permaneció inmóvil frente a las puertas de obsidiana, observando el exterior como si intentara comprender en qué momento el tablero había cambiado.
La grieta estaba abierta… Y nadie parecía dispuesto a cerrarla.
Esa noche, por primera vez desde la caída de Barok, Rowan no soñó con fuego. Soñó con tronos y con sombras ocupándolos.
En los días siguientes, los Noctura se movilizó con una eficiencia brutal. Los soldados del Dominio avanzaron contra los cazavampiros del sur. La guerra fue breve y devastadora. Los cazadores retrocedieron ante una fuerza organizada que había recuperado propósito. Pero la victoria tuvo un precio.
Las nuevas órdenes eran claras: Eliminar a los cazavampiros y mestizos, así como humanos que conociera la existencia vampírica. El secreto debía restaurarse y la masacre silenciosa comenzó.
Rowan y el clan Virek no intervinieron en la guerra abierta. Solo rescataron a quienes pudieron: familias mestizas dispersas, niños ocultos, sobrevivientes olvidados por ambos bandos.
Poco a poco, el mundo pareció estabilizarse: Los cazavampiros regresaron al sur, los clanes sobrevivientes volvieron al dominio Noctura. Ahora no por miedo… sino porque los veían como salvadores.
- Este es el quinto lugar al que nos movemos – dijo Nyra, sentándose junto a Rowan mientras observaban el horizonte. – Muchos están cansados.
Rowan permaneció en silencio unos segundos. El viento movía las fogatas lejanas como estrellas temblorosas.
- He decidido algo – Dijo finalmente.
Rowan miró a Nyra, tomando su mano, en forma de agradecimiento por haber permanecido con él.
- Este será nuestro hogar. – Nyra sostuvo su mirada.
- ¿Otro refugio?
Rowan negó suavemente.
- No. Un comienzo. – Ambos observaron las tierras abiertas frente a ellos. – Este será nuestro nuevo Barok.
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Editado: 03.03.2026