Osiris como la cobarde que fue decidió volar a Mónaco antes que sus amigas para adelantarlo todo. Carlota decidió irse con ella mientras Aiden se quedó en Norteamérica con su rabia burbujeando dentro de él.
Izan es su hijo y heredero, las pruebas eran irrefutables, pero esa mariposita voladora vuela demasiado rápido y no le dio tiempo ni siquiera de procesar lo que estaba pasando para reclamarle con ganas. Para cuando cayó en cuenta, Carlota ya le estaba contando que tenían un viaje para marcharse.
Por supuesto fue al hangar privado, pero Osiris ni siquiera lo miró por lo que solo fue a despedir a Carlota. Estaba furioso, ansioso y nervioso por la verdad de la que se ha enterado. ¿Cómo es posible que esa mujer no le dijera nada? ¿Por qué callar una verdad tan evidente?
Kalen miró a su amigo, no deja de resoplar, desde que los resultados fueron positivos se le ve un poco inquieto y no deja de bufar como un toro bravo. Riéndose desvió la mirada, no podía controlar la diversión de las cosas, aunque verdaderamente todo estaba siendo un desastre.
―¿De qué te ríes? ―Aiden ancló la mirada en su amigo, su ceja ceñida no hizo más que explotar la carcajada en Kalen. ―¡¿Quieres que te calle de un puñetazo?! ―Gruñó enfurecido.
―Lo siento. ―Kalen si bien dejó de carcajear no podía dejar de reír. ―Es solo que todo es una puta mierda. ―Verle los dientes tan perfectos le provocó una sensación tremenda a Aiden de tumbárselos todos. ―Esa mujer corrió más rápido que tú. ―Negó sin dejar de reír. ―Amigo, tardaste tres días para procesarlo todo y ella ya estaba planeando su huida. ―Respiró hondo. ―Tu única ventaja es que tus padres llegarán en dos días justo antes de la boda y, por lo tanto, no la verán, pero Carlota ha de estar tratándola como una amiga y ella sintiéndose mal por el beso. ―Golpeó el escritorio muerto de la risa. ―Sus amigas te dan avión con el tema y no puedes ver a Izan. ―Los puños de Aiden se apretaron, listo para molerlo a golpes. ―Pero a pesar de todo eres el ganador. ―Lo miró con lágrimas en los ojos por la risotada. ―Podrás hacer que ellas lo lleven y no tendrán opción porque conociéndote las vas a amenazar o jugar con sus cabezas. ―Se llevó la mano al estómago, verdaderamente la desgracia de su amigo le hacía gracia. ―Pero a pesar de todo, te deberás casar, con la mujer que amas viéndolos porque aparte de todo Carlota la eligió para dama.
―¡Lárgate! ―Gritó Aiden levantándose de su puesto. ―¡Kalen, lárgate o tendrán que sacarte de aquí en ambulancia, lo juro! ―Estaba tan rojo que Kalen se calló en el acto. ―No es broma nada de lo que me está pasando. ―Gruñó enfurecido. ―¿Qué tienes en la cabeza para tomarlo todo así?
―¿Y quieres que llore? ―Lo cuestionó descolocado. ―Amigo, te tocó así, no hay manera. ―Se encogió de hombros. ―Si decides contar la verdad sobre Izan, lo alejarán de su madre. ―Abrió los brazos. ―No creo que tengas corazón para eso. ―Se puso en pie. ―Y solo me rio porque te conozco y lo vas a joder y a complicar todo. Sí, ¡Más de lo que está! ―Lo señaló. ―Te lo advertí. ―Le recordó. ―Te dije que dejaras a la chica en paz y tú hiciste todo lo que estuvo en tus manos para arrastrarla a esto. ―Río de nuevo. ―Ay, amigo mío. ―Negando, riendo y suspirando caminó a la puerta. ―Yo estaré ahí, no te preocupes. ―Aiden le dio un manotazo a la resma de papeles.
―Pase. ―La voz irritada de Aiden resonó incluso detrás de la puerta de cristal.
Ana pasó saliva, había evitado hablar con él, pero ya era hora de darle la cara. Osiris se enfureció con ella por haber dejado a Izan a solas con él y verdaderamente entendió por las malas las cosas. Al entrar y verlo rojo de la furia la descolocó.
―He venido para que firme lo del viaje. ―Sonó lo más profesional posible. ―Las cosas estarán llegando a Mónaco mañana en la noche, lo que nos dará tiempo de organizarlo todo. ―Le colocó los documentos sobre el escritorio ignorando el desastre del lugar. ―Solo debe firmar aquí, aquí y aquí. ―Le señaló las páginas en las que debía poner su firma.
―¿Por qué se fue ella adelante si quien trabajaba con Carlota eras tú? ―Ana pasó saliva y por primera vez desde que entró lo miró a los ojos.
―Osiris es quien organizó todo. ―Le explicó. ―Aunque Laura es quien se ocupa de esa parte, Osiris tiene la visión, por lo que estaba bien que se fuera para adelantar otras cosas. ―Aiden se estaba ahogando en su bilis.
―Izan vendrá con ustedes hoy. ―Ana lo miró con ojos grandes. No fue una pregunta o curiosidad, fue una orden y bien directa.
―Se quedará con la abuela, no es necesario. ―Aiden apretó la mandíbula y tras controlarse soltó el aire por la nariz.
―Vendrá, el niño quiere conocer Mónaco y no se lo voy a negar.
―Con todo el respeto, príncipe. ―Ana se puso más seria. ―No es quién para dar ese tipo de órdenes. ―Aiden dibujó una sonrisa que erizó el vello de Ana. ―Su madre ha dejado órdenes específicas y…
―Irá. ―La cortó con voz baja, firme y fría. ―¿O quiere que le dé mis razones? ―Ana se sintió desmayar.
―¿Q-que razones? ―Su voz fue más un susurro.
―¿De verdad me obligarás a responder eso?
―Amigo. ―Kalen como siempre interrumpió lo que Ana agradeció enormemente, lo odia con todo su ser, pero ahora fue un ángel.
―En cuanto firme puede enviarlo a la aerolínea. ―Dio media vuelta.
―Viajamos al anochecer y de complicar las cosas, no me importaría llegar el día de mi boda. ―Ana se detuvo por un segundo, pero finalmente salió del despacho y corrió al ascensor, debía llamar a Laura.
―Lo hiciste. ―Kalen ladeó la sonrisa. ―Me burlé en tu cara, te dije exactamente lo que harías y como terminarías. ―Negó. ―Y aun así lo hiciste. ―Aiden cayó de culo en su sofá, ¿En qué se estaba metiendo él?
Ana montó al auto y manejó como una loca, se pasó luces rojas, por poco se lleva a varios autos por delante y los peatones debían correr para no ser arrastrados por ella. ¿Qué harían? Se preguntaba nerviosamente mientras su pie se hundía más en el acelerador.