Tras el tenso y peligroso encuentro en el Lago Espejo, la expedición regresó a la mansión Thorn, no con la celebración esperada, sino con una mezcla de alivio y preocupación. Borin, aunque gravemente herido, estaba vivo, y la magia sanadora de Elva, junto con la ayuda de Lyra, trabajaba para restaurar su fuerza. La traición de Eldrin Shadowwalker, sin embargo, dejó una cicatriz más profunda. Había expuesto la fragilidad de la confianza y la complejidad del mal, que no siempre se manifestaba en formas puramente oscuras.
Eden estaba furioso y preocupado. "Sabía que Eldrin era peligroso", dijo, examinando el cristal de comunicación que utilizaba para mantenerse en contacto con el Rey. "Pero nunca imaginé que traicionaría a los nuestros. Su ambición es un veneno que corrompe todo lo que toca."
La amenaza del Gran Corruptor se sentía más inminente que nunca. Las Sombras Infecciosas parecían más organizadas, más audaces. Era evidente que el enemigo estaba esperando su momento, reuniendo sus fuerzas para un golpe decisivo. Los aliados de Eldoria se dieron cuenta de que necesitaban más que fuerza bruta y magia curativa; necesitaban un conocimiento más profundo de la naturaleza del Gran Corruptor y de cómo combatirlo de manera efectiva.
Fue entonces cuando Seraphina Moonwhisper, la maga de las estrellas, sugirió una idea audaz. "Los cielos me han mostrado visiones de un lugar olvidado", dijo, sus ojos fijos en un punto distante. "Un lugar donde la sabiduría antigua aún reside, un santuario de conocimiento que podría contener las respuestas que buscamos. El Templo de los Eones Olvidados, oculto en las Montañas de la Creación Eterna."
El Templo de los Eones Olvidados era una leyenda, un lugar del que se decía que había existido antes incluso de la fundación de Eldoria, un repositorio de conocimiento arcano compilado por civilizaciones perdidas. Pocos creían en su existencia real, y menos aún sabían dónde buscarlo.
"Las Montañas de la Creación Eterna son peligrosas", advirtió Eden. "Están llenas de bestias mágicas y tormentas arcanas impredecibles. Y el camino hacia el templo está protegido por acertijos y guardianes."
Samuel, sintiendo la importancia de esta misión, se ofreció voluntario. "Necesitamos esas respuestas, padre. Mi poder de sentir la vida y restaurarla podría ser útil para superar los obstáculos. Y tal vez, allí encontremos una forma de combatir la raíz de la oscuridad."
Eden miró a su hijo, sintiendo una mezcla de orgullo y aprensión. Samuel había demostrado una valentía y una madurez sorprendentes, pero aún era joven. Sin embargo, sabía que Samuel era la clave.
Finalmente, se formó un pequeño grupo para emprender el peligroso viaje: Samuel, Lyra (por su afinidad con la naturaleza y la sabiduría ancestral), Gareth Ironclad (por su inquebrantable protección), y sorprendentemente, Borin Stonehand. A pesar de su escepticismo hacia la magia mística, Borin entendía la necesidad de buscar todas las opciones posibles, y su lealtad a Samuel era incondicional.
El viaje a las Montañas de la Creación Eterna fue arduo. Atravesaron valles desolados, escalaron picos escarpados y se enfrentaron a tormentas mágicas que parecían surgir de la nada. En el camino, Samuel demostró una y otra vez su valía. Utilizó su poder para curar las heridas leves de Borin, para revitalizar a los caballos exhaustos, y para calmar a las bestias mágicas que encontraban, canalizando su energía para disipar su agresividad y guiarlos lejos de su camino.
Llegaron a una vasta meseta en lo alto de las montañas, donde el aire era fino y las rocas parecían talladas por el tiempo mismo. En el centro, un monumento ciclópeo se erguía, cubierto de runas antiguas y extraños símbolos. Este era el Templo de los Eones Olvidados.
La entrada al templo estaba sellada por una barrera de energía, y ante ella, un pedestal con tres cuencos. Lyra reconoció los símbolos. "Son las pruebas de la sabiduría", dijo. "Una para la naturaleza, una para la fuerza, y una para el espíritu."
La primera prueba era para Lyra. El cuenco emanaba una luz verde, y al tocarlo, las rocas a su alrededor parecieron cobrar vida, formando árboles diminutos y criaturas del bosque. La magia de Lyra, conectada a la esencia de la vida, activó la barrera.
La segunda prueba era para Borin. El cuenco brillaba con un resplandor rojo. Borin colocó su mano sobre él, y su fuerza innata pareció resonar. Las rocas se movieron, creando un pasaje temporal hacia la entrada del templo.
La tercera prueba era para Samuel. El cuenco emanaba una luz dorada, la misma luz que él canalizaba. Al tocarlo, sintió una conexión profunda con el templo, como si su propia energía vital fuera parte de él. Las runas del templo brillaron con una intensidad renovada, y la barrera de energía se disipó por completo, abriendo el camino.
Dentro, el templo era vasto y silencioso. Estanterías de cristales y piedra llenaban las cámaras, cada una conteniendo información en formas que iban más allá de los libros convencionales. Había orbes que proyectaban imágenes del pasado, paneles que mostraban flujos de energía mágica, y cristales que contenían conocimiento grabado a nivel molecular.
Guiados por las visiones de Lyra y la intuición de Samuel, comenzaron a buscar información sobre el Gran Corruptor. Descubrieron que no era una entidad nacida de la nada, sino una manifestación de la propia entropía, la fuerza que impulsa el decaimiento y el fin. En los anales más antiguos, se le describía como "La Sombra que Busca el Vacío", una fuerza que se alimentaba del miedo, la desesperación y el desequilibrio, buscando disolver toda la existencia en la nada.
También encontraron información sobre un legendario "Elixir de la Creación", una sustancia que se decía que podía restaurar el equilibrio en el tejido mismo de la realidad, e incluso revertir el decaimiento causado por la entropía. Sin embargo, la receta era compleja y requería ingredientes raros, muchos de los cuales se encontraban en lugares peligrosos.
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magia secreta y poderes ocultos, la oscuridad avanza sin piedad, el elegido despierta su poder
Editado: 26.03.2026