El Hijo Que Escondí Del Millonario

Capitulo 11

—Mi hermana.

Las palabras de Alejandro quedaron suspendidas en el aire.

Emma lo miró sin comprender.

—Pero dijiste que había muerto.

—Eso creíamos.

Gabriel tomó el teléfono de Alejandro.

—¿Estás seguro de que era ella?

—Conozco su voz.

—Podría ser alguien imitando su voz.

Alejandro negó.

—No.

Emma se acercó.

—¿Cómo se llamaba?

Alejandro tardó unos segundos en responder.

—Victoria.

—¿Y qué ocurrió?

Alejandro bajó la mirada.

—Desapareció hace ocho años.

—¿Cómo?

—Una noche salió de casa y nunca regresó.

Gabriel intervino.

—La policía encontró su automóvil dos días después.

—¿Y su cuerpo?

—Nunca apareció.

Emma sintió un escalofrío.

—Entonces nunca pudieron confirmar que estuviera muerta.

Alejandro apretó la mandíbula.

—No.

—¿Por qué todos pensaron que había muerto?

—Porque encontraron sangre dentro del automóvil.

Emma se llevó una mano al pecho.

—¿Era mucha?

—Demasiada.

Gabriel miró la fotografía de Victoria.

—Entonces tenemos un problema.

Alejandro lo observó.

—¿Cuál?

—Si Victoria está viva, alguien ocultó la verdad durante ocho años.

Emma sintió que el corazón le latía con fuerza.

—Y ahora tiene a Lucas.

Alejandro la miró.

—Sí.

***

El teléfono volvió a vibrar.

Esta vez había un mensaje.

**«NO TRAIGAS A EMMA.»**

Alejandro se quedó mirando la pantalla.

Después llegó otro.

**«Y NO TRAIGAS A GABRIEL.»**

Gabriel frunció el ceño.

—Nos está viendo.

Emma miró hacia las ventanas.

—¿Desde dónde?

Alejandro apagó las luces.

—No lo sé.

—¿Entonces cómo sabe quién está aquí?

Gabriel caminó hacia una de las ventanas.

—Porque probablemente colocaron algo en la casa.

Revisó la habitación.

Después encontró una pequeña cámara escondida detrás de un cuadro.

—Aquí está.

Alejandro la arrancó.

—Nos estaban observando.

Emma sintió miedo.

—Entonces saben que encontramos la fotografía.

—Sí.

Alejandro miró el teléfono.

Un tercer mensaje apareció.

**«ALEJANDRO, TE DIJE QUE VINIERAS SOLO.»**

Él respondió:

**«DIME DÓNDE ESTÁ MI HIJO.»**

La respuesta llegó casi inmediatamente.

**«MAÑANA. A LAS DIEZ.»**

Alejandro escribió:

**«¿DÓNDE?»**

Pasaron varios segundos.

Finalmente apareció una dirección.

Alejandro la leyó.

Y palideció.

—¿Qué pasa? —preguntó Emma.

Él no respondió.

Gabriel tomó el teléfono.

—¿Dónde es?

Alejandro levantó la mirada.

—La antigua casa de Victoria.

Emma sintió que el estómago se le cerraba.

—¿Tu hermana vive allí?

—No.

—Entonces, ¿por qué quiere que vayas allí?

Alejandro guardó el teléfono.

—Porque quiere que recuerde algo.

***

Camila estaba en casa cuando Emma la llamó.

—Mamá.

—¿Dónde estás?

—Con Alejandro.

Camila quedó en silencio.

—¿Encontraron a Lucas?

Emma cerró los ojos.

—Todavía no.

—Dios mío...

—Mamá, necesito preguntarte algo.

—¿Qué?

—¿Conocías a Victoria Ferrer?

Camila no respondió.

Emma se quedó inmóvil.

—Mamá.

—¿Por qué preguntas por ella?

—Porque está viva.

El silencio al otro lado de la línea fue absoluto.

—Eso es imposible.

—Alejandro recibió una llamada de ella.

Camila respiró con dificultad.

—Emma...

—¿Qué sabes?

—Nada.

—Mamá, por favor.

Camila comenzó a llorar.

—Yo la vi.

Emma sintió que el corazón se le detenía.

—¿Cuándo?

—La noche que naciste.

Emma quedó paralizada.

—¿Qué?

—Victoria estaba en la clínica.

—¿Con Lucas?

—No.

Camila respiró profundamente.

—Estaba hablando con alguien.

—¿Con quién?

—No pude verle el rostro.

—¿Y qué dijo?

Camila guardó silencio.

—Mamá.

—Dijo que Alejandro no podía saber que tú estabas embarazada.

Emma sintió que todo se derrumbaba.

—¿Victoria sabía de mi embarazo?

—Sí.

—¿Y tú nunca me lo dijiste?

—Tenía miedo.

—¿De ella?

—De todos.

Emma cerró los ojos.

—¿Victoria fue quien me obligó a huir?

—No lo sé.

—¿Estás segura?

—Ella no estaba sola.

Emma abrió los ojos.

—¿Qué quieres decir?

Camila comenzó a llorar.

—Había otra persona con ella.

—¿Quién?

—No pude verlo.

—Mamá, necesito que recuerdes.

—Emma...

—¿Quién estaba con Victoria?

Camila respiró temblorosamente.

—Era un hombre.

—¿Cómo era?

—Alto.

—¿Algo más?

—Llevaba un anillo.

Emma se quedó quieta.

—¿Qué anillo?

—Un anillo negro.

Alejandro, que había escuchado parte de la conversación, levantó la cabeza.

—¿Qué dijo tu madre?

Emma lo miró.

—Un hombre con un anillo negro estaba con Victoria la noche que naciste.

Alejandro se quedó pensativo.

—Mi padre tenía un anillo así.

Emma sintió un escalofrío.

—¿Tu padre?

—Sí.

Gabriel se acercó.

—¿Estás seguro?

—Lo usaba siempre.

Gabriel palideció.

—Entonces tenemos que revisar los archivos de tu padre.

Alejandro asintió.

—Ahora.

***

Una hora después, estaban en la oficina privada de Alejandro.

Gabriel había conseguido una caja con documentos antiguos.

—Tu padre guardaba todo —dijo—. Contratos, fotografías, registros.

Alejandro abrió una carpeta.

Nada.

Otra.

Nada.

Hasta que encontró una fotografía.

Era antigua.

Su padre aparecía junto a Victoria.

Y junto a ellos había un hombre.

El rostro estaba parcialmente oculto.

Pero el anillo negro se veía perfectamente.




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