Emma no podía dejar de temblar.
La frase seguía repitiéndose en su cabeza.
«Este niño jamás conocerá a su padre».
Cinco años.
Cinco años creyendo que había huido para proteger a Lucas de una amenaza que no comprendía.
Cinco años pensando que el hombre que la había obligado a desaparecer era alguien desconocido.
Pero ahora empezaba a entender que aquella noche alguien había estado dentro de la clínica.
Alguien había visto a su hijo antes que ella.
Alguien sabía quién era el padre.
—Emma.
La voz de Alejandro la hizo reaccionar.
—¿Qué más recuerdas?
Ella cerró los ojos.
—Muy poco.
—Inténtalo.
—Me desperté después del parto. Estaba muy débil. No podía moverme bien.
Alejandro permaneció frente a ella.
—¿Qué viste?
—Una silueta.
—¿Hombre?
—Sí.
—¿Viste su rostro?
Emma negó.
—Había poca luz.
—¿Y el anillo?
Emma asintió.
—Negro.
Gabriel abrió rápidamente una carpeta.
—Entonces tenemos que encontrar quiénes estuvieron en la clínica esa noche.
Alejandro lo miró.
—Hazlo.
—Ya estoy trabajando en eso.
Emma se abrazó a sí misma.
—Hay algo más.
Alejandro se acercó.
—¿Qué?
—El hombre sabía mi nombre.
—¿Qué te dijo?
Emma tragó saliva.
—Me llamó por mi nombre antes de que yo pudiera verlo.
—¿Y qué más?
—Dijo que todo había terminado.
Alejandro frunció el ceño.
—¿Todo?
—Sí.
Emma comenzó a recordar.
—Después escuché otra voz.
Gabriel levantó la mirada.
—¿Otra voz masculina?
Emma negó.
—Era una mujer.
Alejandro se quedó inmóvil.
—¿Victoria?
—No sé.
—¿Qué dijo?
Emma cerró los ojos con fuerza.
—Dijo: «No podemos dejar que Alejandro se entere».
El silencio cayó sobre la habitación.
Alejandro bajó la mirada.
—Entonces Victoria sabía quién era Lucas.
—Probablemente.
—Y sabía que era mi hijo.
Emma asintió.
—Sí.
Gabriel tomó su teléfono.
—Encontré algo.
Todos lo miraron.
—¿Qué?
—El registro de personal de aquella noche.
Alejandro se acercó.
—¿Quién estaba de turno?
Gabriel deslizó la pantalla.
—El médico que atendió a Emma, dos enfermeras y una persona externa.
—¿Quién?
Gabriel levantó la mirada.
—El abogado de tu padre.
Alejandro sintió que la sangre le hervía.
—¿Qué hacía él en una clínica?
—Eso es lo que tenemos que averiguar.
***
El teléfono de Emma vibró.
Un mensaje.
**«YA ESTÁS RECORDANDO.»**
Emma sintió un escalofrío.
Llegó otro.
**«PERO TODAVÍA TE FALTA RECORDAR LO MÁS IMPORTANTE.»**
Alejandro tomó el teléfono.
—¿Qué es lo más importante?
No hubo respuesta.
Gabriel miró a Emma.
—¿Tienes alguna idea?
Ella negó.
—No.
Pero su rostro decía lo contrario.
Alejandro lo notó.
—Emma.
—No sé.
—Sí sabes algo.
—¡No sé qué es!
Su voz se quebró.
—Solo tengo recuerdos fragmentados.
Alejandro suavizó el tono.
—No tienes que enfrentarlo sola.
Emma lo miró.
—Tengo miedo de recordar.
—¿Por qué?
—Porque quizá la razón por la que huí fue mucho peor de lo que imaginaba.
Alejandro se acercó.
—Sea lo que sea, ahora estamos juntos.
Emma soltó una pequeña risa triste.
—Eso es precisamente lo que más miedo me da.
—¿Por qué?
—Porque quien hizo esto no quería que estuviéramos juntos.
Alejandro tomó su mano.
—Entonces cometió un error.
Emma levantó la mirada.
—¿Cuál?
—Nos dio una razón para luchar.
***
Horas después, Gabriel consiguió localizar al antiguo abogado.
Su nombre era **Samuel Rivas**.
Vivía fuera de la ciudad.
—Lo encontré —dijo Gabriel.
Alejandro levantó la mirada.
—¿Dónde?
—En una pequeña localidad a dos horas de aquí.
—¿Sigue trabajando?
—No.
—¿Qué hace?
Gabriel dudó.
—Está retirado.
—Eso no me importa.
Alejandro tomó las llaves.
—Vamos.
Emma se levantó.
—Yo voy contigo.
—No.
—Alejandro...
—Es peligroso.
—Lucas es mi hijo.
Alejandro la miró.
—Y también es mío.
Emma se quedó en silencio.
Él se acercó.
—No voy a dejarte atrás.
***
Dos horas después llegaron a la casa de Samuel.
Era una vivienda pequeña, rodeada de árboles.
Alejandro tocó la puerta.
Nadie respondió.
Volvió a tocar.
—¿Señor Rivas?
Silencio.
Gabriel rodeó la casa.
—La puerta trasera está abierta.
Entraron.
Todo estaba en orden.
Demasiado en orden.
—Parece que se fue deprisa —dijo Gabriel.
Alejandro encontró documentos sobre una mesa.
—Mira esto.
Era una fotografía antigua.
Samuel aparecía junto a Victoria.
Y también aparecía el padre de Alejandro.
En la parte trasera había una fecha.
Cinco años atrás.
Emma tomó la fotografía.
—Estuvieron juntos.
Gabriel encontró otra cosa.
—Hay una caja fuerte.
Alejandro la abrió.
Dentro había una carpeta.
En la portada solo aparecía una palabra:
**LUCAS.**
Emma sintió que el corazón le golpeaba el pecho.
Alejandro abrió la carpeta.
Había documentos médicos.
Fotografías.
Y una carta.
Alejandro comenzó a leer.
Su expresión cambió.
—¿Qué dice? —preguntó Emma.
Él no respondió.
—Alejandro.
Le entregó la carta.
Emma comenzó a leer.
«Si estás leyendo esto, significa que el niño sobrevivió y que Alejandro finalmente descubrió la verdad.»
Emma dejó de respirar.
Continuó.
«No fue Emma quien decidió abandonar a Alejandro.»