El Hijo Que Escondí Del Millonario

Capitulo 13

Victoria Ferrer permaneció frente a ellos.

Emma no podía apartar los ojos de aquella mujer.

Había visto fotografías suyas.

Había escuchado su nombre durante años.

Todos habían creído que estaba muerta.

Pero estaba allí.

Viva.

Y conocía el nombre de su hijo.

Alejandro dio un paso hacia ella.

—¿Dónde está Lucas?

Victoria lo miró directamente.

—Si quieres volver a verlo, primero tienes que escucharme.

—Te pregunté dónde está mi hijo.

—Está vivo.

—Eso ya me lo dijiste.

Alejandro apretó los puños.

—Quiero saber dónde.

Victoria bajó la mirada durante un instante.

—No puedo decírtelo todavía.

Emma sintió que la rabia reemplazaba al miedo.

—¿Cómo puedes decir eso después de cinco años? ¿Después de llevarte a mi hijo?

Victoria la miró.

—Yo no me llevé a Lucas.

Emma quedó inmóvil.

—¿Qué?

—No fui yo quien lo secuestró.

Alejandro frunció el ceño.

—Entonces, ¿por qué sabías que estaba vivo?

Victoria respiró profundamente.

—Porque llevo cinco años intentando mantenerlo con vida.

Emma sintió que el corazón se le detenía.

—No te creo.

—No necesito que me creas.

Victoria entró en la casa.

—Necesito que recuerdes.

***

Alejandro cerró la puerta detrás de ella.

—Empieza a hablar.

Victoria miró la fotografía que él sostenía.

—Encontraste la carpeta de Samuel.

—Sí.

—Entonces ya sabes que todo comenzó antes de que Lucas naciera.

Emma se acercó.

—¿Quién dio la orden?

Victoria guardó silencio.

—¡Dímelo! —exigió Emma.

—No puedo.

—¿Por qué?

—Porque la persona que dio la orden todavía tiene poder.

Alejandro dio un paso adelante.

—¿Quién?

Victoria lo miró.

—Alguien que está muy cerca de ti.

Alejandro sintió un escalofrío.

—¿Mi madre?

Victoria negó.

—No.

—¿Entonces quién?

—No voy a decirte su nombre todavía.

—¿Todavía?

—Porque primero tienes que entender por qué querían separar a Emma de ti.

Emma la miró confundida.

—Ya sabemos por qué.

Victoria negó.

—No.

—Me amenazaron.

—Eso fue solo una parte.

—¿Qué otra cosa hay?

Victoria miró a Alejandro.

—Tu padre dejó una herencia que nadie conoce.

Alejandro frunció el ceño.

—¿Qué herencia?

—No hablo de dinero.

Victoria se acercó a la mesa.

—Hablo de algo mucho más importante.

—¿Qué?

—Acciones.

Alejandro quedó en silencio.

—Tu padre tenía participación en varias empresas que nunca aparecieron públicamente.

Gabriel, que había permanecido callado, intervino.

—¿Cuánto?

Victoria lo miró.

—Lo suficiente para cambiar quién controla el grupo Ferrer.

Alejandro sintió que una pieza comenzaba a encajar.

—¿Y Lucas?

Victoria bajó la voz.

—Si tú tenías un hijo, algún día él podría heredar esas acciones.

Emma sintió un nudo en el estómago.

—¿Por eso querían que desapareciéramos?

—Sí.

—Pero Lucas era un bebé.

—Precisamente.

Victoria tomó la fotografía del recién nacido.

—Para ellos era más fácil borrar a un niño antes de que pudiera reclamar algo que todavía no sabía que le pertenecía.

Alejandro cerró los ojos.

—¿Quiénes son ellos?

Victoria lo miró.

—No todos son una sola persona.

***

Emma dio un paso hacia ella.

—Tú estuviste en la clínica.

Victoria asintió.

—Sí.

—¿Por qué?

—Porque alguien me pidió que fuera.

—¿Quién?

Victoria volvió a guardar silencio.

Emma sintió que la desesperación aumentaba.

—Yo estaba sola.

Su voz se quebró.

—Acababa de dar a luz. No entendía qué estaba pasando.

Victoria bajó la mirada.

—Lo sé.

—Entonces viste a Lucas.

—Sí.

—¿Lo sostuviste?

Victoria cerró los ojos.

—Sí.

Emma comenzó a llorar.

—¿Por qué?

—Porque la enfermera tuvo que salir.

—¿Y el hombre?

Victoria palideció.

—Él también estaba allí.

Alejandro se tensó.

—¿El hombre del anillo?

Victoria asintió.

—Sí.

—¿Quién era?

—No puedo decírtelo.

Alejandro golpeó la mesa.

—¡Basta!

Victoria no se movió.

—Si te digo su nombre ahora, Lucas podría morir.

El silencio fue inmediato.

Emma sintió que el aire desaparecía de la habitación.

—¿Qué quieres decir?

—La persona que tiene a Lucas trabaja para él.

Alejandro se acercó.

—Entonces dime dónde está.

—No.

—¡Victoria!

—Porque todavía no estás preparado.

—¡Es mi hijo!

Victoria sostuvo su mirada.

—Y precisamente por eso debes pensar antes de actuar.

Alejandro respiró profundamente.

—¿Qué quieres de mí?

—Nada.

—Entonces, ¿por qué estás aquí?

Victoria miró a Emma.

—Por ella.

Emma frunció el ceño.

—¿Por mí?

—Sí.

Victoria sacó un sobre de su bolso.

Se lo entregó.

Emma lo tomó con manos temblorosas.

—¿Qué es?

—La copia de una carta que recibí cinco años atrás.

Emma abrió el sobre.

Comenzó a leer.

«Victoria:

Si Alejandro descubre que Emma está embarazada, haz lo necesario para que se separen.

El niño no puede nacer dentro de la familia Ferrer.

No permitas que Alejandro lo reconozca.

Si Emma se resiste, utiliza a su madre.

Ella hará lo que sea necesario para salvar a su hija.»

Emma quedó paralizada.

—Mi madre...

Alejandro tomó la carta.

La leyó.

Su rostro cambió.

—¿Camila recibió amenazas por tu culpa?

Victoria negó.

—No.

—Entonces, ¿quién se las envió?

—La misma persona que escribió esta carta.

Emma miró a Victoria.

—¿Tú obedeciste?




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