Alejandro no apartó la mirada del hombre que acababa de entrar.
El abogado de su padre permanecía junto a la puerta con una tranquilidad que resultaba casi insultante.
En una mano sostenía el teléfono donde todavía aparecía la fotografía de Lucas.
—¿Qué le hicieron? —preguntó Alejandro.
El hombre sonrió.
—Sigues haciendo las preguntas equivocadas.
—¿Dónde está mi hijo?
—Vivo.
—Eso ya lo sé.
Alejandro dio un paso hacia él.
—Quiero saber dónde.
El abogado guardó el teléfono.
—No estás en posición de exigir nada.
Gabriel se colocó junto a Alejandro.
—Eso está por verse.
El hombre soltó una pequeña risa.
—Siempre tan leal, Gabriel.
Gabriel se quedó inmóvil.
—¿Me conoces?
—Sé muchas cosas de ustedes.
Alejandro apretó la mandíbula.
—Entonces también sabes que no voy a detenerme.
—Precisamente por eso estoy aquí.
—¿Para amenazarme?
—Para advertirte.
El hombre sacó un sobre del interior de su chaqueta y lo dejó sobre la mesa.
—Ábrelo.
Alejandro no se movió.
—¿Qué contiene?
—La razón por la que tu padre permitió que todo esto ocurriera.
Alejandro lo miró con furia.
—Mi padre no tuvo nada que ver.
—Eso es lo que Victoria quiere que creas.
Aquellas palabras hicieron que Alejandro reaccionara.
—¿Qué sabes de Victoria?
El abogado sonrió.
—Más de lo que imaginas.
Alejandro tomó el sobre.
Lo abrió.
Dentro había varios documentos.
El primero era un contrato.
El segundo, un registro de acciones.
El tercero...
una fotografía.
Alejandro la levantó.
Era su padre.
Pero no estaba solo.
A su lado aparecía Victoria.
Y entre ambos había un hombre que Alejandro reconoció inmediatamente.
—Samuel.
El abogado asintió.
—Tu padre, tu hermana y Samuel trabajaron juntos durante años.
Alejandro negó.
—Eso no significa nada.
—¿No?
El hombre señaló el documento.
—Lee la última página.
Alejandro lo hizo.
Su rostro cambió.
—No...
Gabriel se acercó.
—¿Qué dice?
Alejandro le entregó el documento.
Gabriel comenzó a leer.
—Hay una cláusula sobre un heredero...
Levantó la mirada.
—Alejandro.
—Lo sé.
El abogado sonrió.
—Tu padre creó una condición.
Alejandro sintió que el estómago se le cerraba.
—¿Qué condición?
—Si tú tenías un hijo, determinadas acciones pasarían automáticamente a ese heredero cuando cumpliera dieciocho años.
Gabriel comprendió.
—Lucas.
—Exactamente.
Alejandro apretó el documento.
—Entonces todo esto fue por dinero.
—No.
El abogado negó lentamente.
—Fue por poder.
***
En el pasadizo secreto, Emma caminaba detrás de Victoria.
No podía dejar de pensar en Alejandro.
Lo había dejado atrás.
Otra vez.
Pero esta vez no porque quisiera.
Sino porque Lucas la necesitaba.
—¿Cuánto falta?
—Poco.
—¿Dónde estamos?
—Debajo de la propiedad.
Emma miró las paredes.
—¿Este túnel siempre estuvo aquí?
—Sí.
—¿Quién lo construyó?
Victoria no respondió.
Emma la alcanzó.
—Victoria.
—Tu padre.
Emma quedó sorprendida.
—¿Mi padre?
—Sí.
—¿Por qué?
Victoria continuó caminando.
—Porque tu padre sabía que algún día necesitaría escapar.
Emma sintió un escalofrío.
—Mi padre sabía que estaba en peligro.
—Mucho antes de que tú nacieras.
—Entonces, ¿por qué nunca me dijo nada?
Victoria la miró.
—Porque algunas verdades protegen a las personas durante un tiempo.
—¿Y después?
—Después pueden destruirlas.
Llegaron a una puerta metálica.
Victoria sacó una llave.
Antes de abrirla, miró a Emma.
—Cuando entremos, no hagas ruido.
—¿Está Lucas detrás de esa puerta?
Victoria asintió.
Emma sintió que las piernas le temblaban.
—Dios mío...
Victoria abrió.
***
Lucas estaba sentado sobre una cama pequeña.
Tenía el oso de peluche entre los brazos.
Al escuchar la puerta, levantó la cabeza.
—¿Mamá?
Emma entró corriendo.
—¡Lucas!
El niño saltó de la cama.
—¡Mamá!
Emma cayó de rodillas y lo abrazó.
—Mi amor...
Lucas comenzó a llorar.
—Pensé que no ibas a venir.
Emma lo apretó contra su pecho.
—Siempre voy a ir por ti.
—El señor dijo que no podías encontrarme.
—Ya no importa.
Lucas escondió el rostro en su cuello.
—Quiero ir a casa.
Emma cerró los ojos.
—Vamos a ir.
Victoria permanecía en la puerta.
—Tenemos que salir.
Emma tomó a Lucas de la mano.
—¿Dónde está Alejandro?
Victoria respondió:
—Todavía en la casa.
—Tenemos que volver por él.
—No.
—No pienso dejarlo.
—Si regresamos, nos encontrarán.
Emma negó.
—Él está allí por nosotros.
Victoria la miró.
—Y precisamente por eso debes llevarte a Lucas.
***
En la casa, Alejandro seguía frente al abogado.
—¿Dónde está Emma?
—No lo sé.
Alejandro lo tomó por el cuello de la camisa.
—No vuelvas a mentirme.
—Si me haces daño, no volverás a ver a tu hijo.
Alejandro lo soltó.
—¿Quién tiene a Lucas?
El abogado acomodó su ropa.
—La misma persona que ha estado protegiéndolo.
—¿Protegiéndolo?
—Sí.
—¡Lo secuestraron!
—Porque era necesario.
Gabriel intervino.
—¿Necesario para qué?
El hombre lo miró.
—Para mantenerlo lejos de quienes quieren matarlo.
Alejandro quedó en silencio.
—¿Quién quiere matarlo?
El abogado sonrió.
—La persona que está a punto de quedarse con todo lo que tu padre dejó.