El Hijo Que Escondí Del Millonario

Capitulo 15

El disparo todavía resonaba por el túnel.

Emma permanecía abrazada a Lucas mientras Alejandro los cubría con su cuerpo.

—¡No se muevan! —ordenó Gabriel.

Victoria estaba en el suelo.

Emma se arrodilló junto a ella.

—¡Victoria!

La mujer abrió los ojos con dificultad.

—No... te acerques.

Emma miró la mancha de sangre que comenzaba a extenderse por su ropa.

—Estás herida.

—No es grave.

Pero su voz temblaba.

Alejandro miró hacia la oscuridad.

—¿Quién está ahí?

Nadie respondió.

Entonces escucharon pasos.

Lentos.

Seguros.

Una figura apareció al final del túnel.

Emma sintió un escalofrío.

No podía verle bien el rostro.

Pero reconoció su manera de caminar.

Alejandro también.

—No puede ser.

La figura continuó avanzando.

Hasta que la luz iluminó su rostro.

Alejandro quedó completamente paralizado.

—Tú...

Emma miró al hombre.

Y comprendió por qué había dicho que reconocía la voz.

Era alguien que conocían.

Alguien que había estado cerca de ellos durante años.

—No... —susurró Emma.

El hombre sonrió.

—Hola, Alejandro.

Alejandro apretó los puños.

—¿Por qué?

El hombre no respondió.

Gabriel levantó su arma.

—Da un paso más y disparo.

El hombre soltó una carcajada.

—No vas a hacerlo.

—Pruébame.

Alejandro levantó una mano.

—Gabriel, espera.

El hombre lo miró.

—Siempre fuiste demasiado confiado.

—Y tú siempre fuiste demasiado cobarde.

La sonrisa desapareció del rostro del hombre.

—No sabes todo lo que hice para proteger esta familia.

Alejandro señaló a Lucas.

—¿Esto es proteger?

—Sí.

—¿Secuestrar a mi hijo?

—Mantenerlo vivo.

Emma se puso de pie.

—¡Tú sabías que Lucas existía!

—Desde antes de que naciera.

Alejandro sintió una mezcla de rabia y horror.

—¿Fuiste tú quien amenazó a Emma?

El hombre guardó silencio.

—¿Fuiste tú?

—Yo solo cumplía órdenes.

Alejandro se quedó inmóvil.

—¿Órdenes de quién?

El hombre sonrió.

—Eso es lo que todavía no entiendes.

Victoria, desde el suelo, habló con dificultad.

—No le creas.

El hombre la miró.

—Tú siempre fuiste el problema.

Victoria intentó incorporarse.

—Yo salvé al niño.

—Lo retrasaste.

—Lo protegí.

—Lo escondiste.

—Porque sabía lo que querías hacer.

El hombre levantó el arma.

Alejandro se colocó delante de Victoria.

—Baja el arma.

—Apártate.

—No.

El hombre lo miró fijamente.

—No entiendes que todo esto comenzó por culpa de tu padre.

Alejandro apretó la mandíbula.

—No vuelvas a hablar de él.

—Tu padre dejó una fortuna que no podía quedar en tus manos.

—Eso no te daba derecho a destruir mi vida.

—Tu vida era irrelevante.

Alejandro dio un paso adelante.

—¿Y la de mi hijo?

El hombre miró a Lucas.

—Lucas es diferente.

El niño se aferró a Emma.

—¿Por qué?

El hombre respondió:

—Porque cuando cumpla dieciocho años, heredará lo que tu padre escondió.

Alejandro sintió un escalofrío.

—¿Las acciones?

—No solo las acciones.

Gabriel frunció el ceño.

—¿Entonces qué?

El hombre sonrió.

—Una cuenta.

Alejandro lo miró.

—¿Qué cuenta?

—Una cuenta que contiene suficiente dinero para destruir a más de una persona.

Victoria cerró los ojos.

—No...

El hombre continuó:

—Tu padre la creó en secreto.

Alejandro negó.

—No existe.

—Existe.

—¿Dónde?

—Eso es lo que todos quieren descubrir.

Emma miró a Lucas.

—¿Por qué un niño de cinco años tiene que cargar con eso?

El hombre respondió:

—Porque tu hijo es el único heredero legítimo.

Alejandro comprendió.

—Por eso querían que no naciera.

—Exactamente.

Emma sintió que las piernas le temblaban.

—Entonces todo esto fue por dinero.

—No.

El hombre la miró.

—Fue por control.

***

Un ruido se escuchó detrás de ellos.

Gabriel giró.

Otros hombres habían entrado por el túnel.

—Estamos rodeados.

Alejandro miró a Emma.

—Quédate detrás de mí.

—No.

—Emma.

—No voy a separarme de Lucas.

El hombre levantó el arma.

—No necesito que se separen.

—¿Qué quieres?

—Al niño.

Alejandro negó.

—No.

—Entonces todos morirán.

Lucas comenzó a llorar.

—Papá...

Alejandro sintió que el corazón se le partía.

Se agachó frente a él.

—Mírame.

Lucas levantó los ojos.

—No tengas miedo.

—Tengo miedo.

Alejandro lo abrazó.

—Yo también.

Emma se quedó inmóvil al escuchar aquello.

Alejandro le besó la frente a Lucas.

—Pero no voy a dejar que te pase nada.

El hombre observaba la escena.

—Qué conmovedor.

Alejandro levantó la mirada.

—Si quieres llegar a él, tendrás que pasar por mí.

El hombre sonrió.

—Eso puede arreglarse.

Levantó el arma.

Entonces se escuchó un disparo.

Pero el hombre no había disparado.

Gabriel sí.

El arma del hombre cayó al suelo.

—¡Ahora! —gritó Gabriel.

Alejandro tomó a Emma y a Lucas.

—¡Corre!

Todos comenzaron a correr por el túnel.

Los disparos llenaron el lugar.

Victoria intentó levantarse.

Emma regresó.

—¡Vamos!

—Déjame.

—¡No!

Emma la ayudó a caminar.

—No voy a dejarte.

Victoria la miró sorprendida.

—Después de todo lo que hice...

—Tú ayudaste a salvar a mi hijo.

Victoria sonrió débilmente.

—Entonces estamos a mano.

***

Consiguieron salir por una puerta lateral.

Gabriel cerró la entrada.




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