El Hijo Que Escondí Del Millonario

Capitulo 16

Alejandro permaneció en silencio.

La frase de Victoria seguía resonando en su cabeza.

«El otro hijo de tu padre es la persona que ha estado controlando todo desde el principio».

Emma tenía a Lucas abrazado contra el pecho.

—¿Estás seguro de que tu padre no tuvo otro hijo?

Alejandro negó lentamente.

—Estoy seguro de que nunca me habló de otro hijo.

Victoria respiró con dificultad.

—Porque no quería que lo supieras.

Gabriel miró a Victoria.

—¿Cómo sabes que existía?

—Porque yo lo conocí.

Alejandro levantó la mirada.

—¿Cuándo?

Victoria bajó los ojos.

—Hace muchos años.

—¿Dónde?

—En esta misma casa.

Alejandro sintió un escalofrío.

—¿Mi padre lo traía aquí?

Victoria asintió.

—A escondidas.

—¿Y tú nunca me dijiste nada?

—Eras un niño.

—¡Yo tenía diecisiete años cuando desapareciste!

Victoria cerró los ojos.

—Y tu padre me hizo prometer que jamás hablaría.

Alejandro apretó los puños.

—¿Cómo se llama?

Victoria no respondió.

—¿Cómo se llama? —repitió él.

—No puedo decirlo todavía.

Alejandro soltó una risa amarga.

—Siempre tienes una razón para no decirme la verdad.

Victoria lo miró.

—Porque si digo su nombre, sabrá que descubrimos todo.

Gabriel intervino:

—Ya sabe que descubrimos demasiado.

Victoria negó.

—No.

—¿Entonces?

—Él cree que todavía tiene ventaja.

Alejandro miró hacia el túnel.

—La tendrá si seguimos sin saber quién es.

Victoria se apoyó contra la pared.

—Necesitamos encontrar primero la cuenta de tu padre.

—¿Dónde está?

—No lo sé.

—¿Entonces por qué dices que existe?

—Porque tu padre me habló de ella antes de morir.

Alejandro quedó inmóvil.

—¿Cuándo?

—La última vez que lo vi.

—¿Qué te dijo?

Victoria tragó saliva.

—Me dijo que si alguna vez algo le ocurría, debía proteger a sus hijos.

Alejandro sintió un peso en el pecho.

—¿A sus hijos?

Victoria asintió.

—A ti y al otro.

Emma miró a Alejandro.

—Entonces tu padre sabía que existía.

—Sí.

Alejandro cerró los ojos.

Durante años había creído conocer toda la historia de su familia.

Ahora descubría que prácticamente todo lo que sabía era una mentira.

***

Una sirena se escuchó a lo lejos.

Gabriel miró hacia la carretera.

—Tenemos que irnos.

Alejandro cargó a Lucas.

El niño se quedó dormido contra su hombro.

Emma observó la escena.

—Está agotado.

Alejandro bajó la mirada hacia él.

—Lo sé.

Lucas movió ligeramente la cabeza.

—Papá...

Alejandro se quedó inmóvil.

—Estoy aquí.

El niño volvió a dormirse.

Emma sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.

—Nunca lo había llamado así.

Alejandro la miró.

—Yo tampoco había escuchado mi nombre en su voz.

Emma sonrió entre lágrimas.

—Le gustará tener un papá.

Alejandro acercó a Lucas a su pecho.

—A mí me gustará serlo.

Victoria los observó desde unos pasos atrás.

Por primera vez, su expresión parecía tranquila.

Pero duró poco.

Su teléfono vibró.

Victoria lo miró.

Su rostro perdió el color.

—¿Qué pasa? —preguntó Gabriel.

Ella no respondió.

Alejandro se acercó.

—¿Quién escribió?

Victoria mostró la pantalla.

Solo había un mensaje.

**«YA LO RECUPERASTE.»**

Y debajo:

**«AHORA DEVUÉLVEME LO QUE ME PERTENECE.»**

Alejandro frunció el ceño.

—¿Qué significa?

Victoria levantó la mirada.

—No está hablando de Lucas.

—Entonces, ¿de qué?

Victoria respondió:

—De la cuenta.

***

Llegaron a un lugar seguro antes del amanecer.

Lucas seguía dormido.

Emma lo llevó hasta una habitación.

Alejandro la siguió.

El niño abrió los ojos apenas unos segundos.

—¿Estamos en casa?

Emma acarició su cabello.

—Estamos a salvo.

Lucas miró a Alejandro.

—¿Te vas?

Alejandro negó.

—No.

—¿Te vas a quedar?

Alejandro sonrió.

—Sí.

Lucas cerró los ojos.

—Bien.

Alejandro permaneció sentado junto a la cama.

Emma lo observaba desde la puerta.

—Puedes descansar.

—No quiero.

—Alejandro...

—Durante cinco años no pude verlo.

Miró al niño.

—No voy a desperdiciar ni un minuto más.

Emma sintió un nudo en la garganta.

—No tienes que demostrarme nada.

—No lo hago por ti.

Alejandro la miró.

—Lo hago por él.

Emma sonrió.

—Entonces quédate.

Alejandro asintió.

***

Mientras Lucas dormía, Gabriel revisaba los documentos encontrados en la casa.

—Tengo algo.

Alejandro salió de la habitación.

—¿Qué encontraste?

—La cuenta.

Victoria se acercó.

—¿Dónde?

Gabriel mostró una copia de un documento.

—Tu padre dejó una referencia a una caja de seguridad.

Alejandro tomó el papel.

—¿Dónde?

—En un banco antiguo.

—¿Cuál?

Gabriel señaló el nombre.

Alejandro lo reconoció.

—Ese banco cerró hace años.

—No completamente.

—¿Qué quieres decir?

—La sucursal cerró, pero las cajas de seguridad fueron trasladadas.

Victoria preguntó:

—¿A dónde?

Gabriel levantó la mirada.

—A una bóveda privada.

Alejandro frunció el ceño.

—¿Quién tiene acceso?

Gabriel guardó silencio.

—Dímelo.

—Hay tres autorizaciones.

—¿Quiénes?

Gabriel mostró los nombres.

Alejandro leyó el primero.

Su propio nombre.

El segundo era Victoria.

Pero el tercero...

Alejandro quedó inmóvil.

—No.

Emma apareció detrás de ellos.

—¿Qué pasa?

Alejandro no respondió.




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