El Hijo Que Escondí Del Millonario

Capitulo 18

—Tu padre...

Las palabras de Victoria quedaron suspendidas en el aire.

Alejandro no apartaba los ojos de aquella ventana.

La silueta continuaba allí.

Inmóvil.

Observándolos.

—Mi padre murió hace ocho años —dijo Alejandro con la voz quebrada.

Victoria negó lentamente.

—Eso fue lo que te hicieron creer.

Emma sintió un escalofrío.

—¿Cómo puede estar vivo?

Victoria no respondió.

Alejandro dio un paso hacia la casa.

—Voy a entrar.

Gabriel lo sujetó del brazo.

—Espera.

—¡Es mi padre!

—Precisamente por eso.

Alejandro se soltó.

—Mi hijo está ahí dentro.

Emma se acercó.

—Alejandro, no podemos entrar sin saber qué nos espera.

Él la miró.

—Lucas está ahí.

—Lo sé.

—Entonces voy por él.

Gabriel observó la casa.

—Hay demasiadas ventanas. Si entramos por la puerta, nos estarán esperando.

Victoria señaló hacia el bosque.

—Hay otra entrada.

—¿Dónde?

—Detrás de la casa.

Alejandro respiró profundamente.

—Vamos.

***

Caminaron entre los árboles.

Emma iba junto a Alejandro.

Victoria avanzaba delante de ellos.

Gabriel cerraba el grupo.

El silencio era inquietante.

Hasta que Emma escuchó algo.

Un niño llorando.

Se detuvo.

—Lucas.

Alejandro también lo escuchó.

—Está cerca.

Aceleró el paso.

Victoria levantó una mano.

—No.

—¿Qué?

—Escuchen.

Todos guardaron silencio.

El llanto desapareció.

Después se escuchó una voz.

—¡Papá!

Alejandro palideció.

—Lucas.

Quiso correr hacia la casa.

Gabriel lo detuvo.

—Es una trampa.

—¡Es mi hijo!

—Lo sé.

Entonces otra voz salió de la casa.

Una voz que Alejandro conocía demasiado bien.

—Entra, hijo.

Alejandro se quedó paralizado.

Emma lo miró.

—¿Tu padre?

Alejandro asintió.

—Sí.

La puerta trasera se abrió lentamente.

Nadie apareció.

Victoria susurró:

—Nos está esperando.

Alejandro tomó el arma.

—Entonces que espere.

***

Entraron.

El interior estaba completamente oscuro.

Gabriel encendió una pequeña linterna.

Había fotografías antiguas en las paredes.

Alejandro avanzó lentamente.

De pronto vio una fotografía familiar.

Su padre estaba sentado en un sillón.

A su lado estaba Victoria.

Y detrás...

un niño.

Alejandro se acercó.

Era él.

Pero había algo extraño.

En la fotografía aparecía otro niño más pequeño.

—¿Quién es? —preguntó Emma.

Alejandro observó la imagen.

—No lo sé.

Victoria se acercó.

Su rostro se transformó.

—Es él.

—¿Mi hermano?

—Sí.

Gabriel miró la fotografía.

—Entonces estuvo aquí.

Victoria asintió.

—Durante años.

Alejandro tocó la imagen.

—¿Por qué nunca lo vi?

—Porque tu padre tenía miedo.

—¿De quién?

Victoria levantó la mirada.

—De tu propia familia.

Un golpe fuerte resonó desde el piso superior.

Emma se sobresaltó.

—¿Qué fue eso?

Alejandro levantó el arma.

—Lucas.

Corrió hacia las escaleras.

Emma fue detrás.

Gabriel y Victoria los siguieron.

Al llegar arriba, encontraron un pasillo.

Al fondo había una puerta entreabierta.

Y detrás se escuchaba la voz de Lucas.

—¡Papá!

Alejandro abrió la puerta.

La habitación estaba vacía.

Solo había una cama.

Una silla.

Y un pequeño juguete de Lucas.

Emma lo recogió.

—No está.

Alejandro miró alrededor.

—Nos están haciendo creer que está aquí.

Entonces una pantalla se encendió.

El rostro del hombre del anillo apareció.

—Buenas noches, Alejandro.

Alejandro apretó los dientes.

—¿Dónde está mi hijo?

—Seguro.

—¡Dónde!

El hombre sonrió.

—Más cerca de lo que imaginas.

Emma se acercó a la pantalla.

—¡Déjalo!

—Emma.

Ella se quedó inmóvil.

—¿Qué quieres?

—Lo mismo que quería tu madre hace cinco años.

Emma sintió un escalofrío.

—¿Qué sabes de mi madre?

—Sé todo.

La pantalla cambió.

Apareció una fotografía.

Camila.

Emma palideció.

—No.

Alejandro la miró.

—¿Qué pasa?

—Esa foto...

Era Camila saliendo de una clínica.

Estaba embarazada.

Emma reconoció la fecha.

Era la misma semana en que ella había huido.

El hombre habló:

—Tu madre sabía quién era el verdadero enemigo.

Emma negó.

—No.

—Pregúntale.

—Ella no sabe nada.

—Eso es lo que siempre quisiste creer.

La pantalla se apagó.

***

—Tenemos que salir —dijo Gabriel.

Alejandro no se movió.

—Primero encontramos a Lucas.

Victoria estaba mirando una puerta al final del pasillo.

—Hay otra habitación.

Alejandro la siguió.

Victoria introdujo una llave que llevaba escondida en su ropa.

La puerta se abrió.

Dentro había documentos.

Cientos.

Gabriel comenzó a revisar.

—Aquí hay expedientes médicos.

Emma se acercó.

—¿De quién?

Gabriel abrió uno.

Se quedó inmóvil.

—Emma...

Ella tomó el documento.

Su nombre aparecía en la portada.

Pero debajo había algo que la dejó sin respiración.

**EMBARAZO — CONTROL PRENATAL.**

Emma siguió leyendo.

La fecha coincidía.

Pero había una anotación que nunca había visto.

**«Riesgo de pérdida provocado por medicación desconocida.»**

Emma levantó la mirada.

—Yo nunca tomé ninguna medicación.

Victoria cerró los ojos.

—Porque no te dijeron.

—¿Quién?

Victoria señaló el documento.

—Alguien tenía acceso a tus análisis.




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