El Hijo Que Escondí Del Millonario

Capitulo 20

Alejandro sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.

—Nuestro padre nunca murió...

Su hermano sonrió desde la entrada.

—Exactamente.

Emma miró a Alejandro.

—¿Qué significa eso?

Él no respondió.

Seguía mirando al hombre que acababa de llamar «hermano».

Durante años había creído que era su primo.

Habían crecido juntos.

Habían compartido reuniones familiares, celebraciones y secretos.

Y ahora descubría que todo había sido una mentira.

—¿Desde cuándo lo sabes? —preguntó Alejandro.

—Desde siempre.

—¿Y nunca me dijiste nada?

—No podía.

—¿Por qué?

Su hermano entró lentamente en la habitación.

—Porque nuestro padre me lo prohibió.

Gabriel levantó el arma.

—No des un paso más.

El hombre levantó las manos.

—Tranquilo.

Alejandro no apartaba la mirada.

—¿Dónde está Lucas?

—Vivo.

—Quiero verlo.

—Lo verás.

—Ahora.

Su hermano sonrió.

—Sigues dando órdenes como si fueras el dueño de todo.

—No estoy jugando.

—Yo tampoco.

Le mostró nuevamente el teléfono.

La imagen de Lucas apareció en pantalla.

El niño estaba sentado sobre una cama.

Tenía los ojos llenos de lágrimas.

—Papá...

Alejandro dio un paso.

—Lucas.

El niño miró hacia la cámara.

—Papá, quiero volver contigo.

Alejandro sintió un dolor profundo en el pecho.

—Voy a buscarte.

Su hermano apagó la pantalla.

—No.

—¡Enciéndela!

—Primero hablaremos.

Emma se acercó.

—¿Qué quieres de Alejandro?

El hombre la miró.

—No quiero nada de él.

—Entonces, ¿por qué haces esto?

—Por lo mismo que todos ustedes.

—¿Por dinero?

Él negó.

—Por la verdad.

Victoria, que había permanecido en silencio, habló:

—Mientes.

El hombre la miró.

—Tú deberías ser la última persona en hablar de mentiras.

Victoria bajó la mirada.

Alejandro la observó.

—¿Qué sabe él de ti?

Victoria no respondió.

—Victoria.

—Mucho.

Su hermano sonrió.

—Ella sabe perfectamente lo que ocurrió la noche en que nacieron.

Alejandro frunció el ceño.

—¿Qué ocurrió?

Victoria comenzó a llorar.

—Yo estaba allí.

—¿Dónde?

—En el hospital.

Alejandro quedó inmóvil.

—¿La noche en que nací?

Victoria asintió.

—Tu madre dio a luz a dos bebés.

—Tú ya me dijiste eso.

—Pero no te dije lo más importante.

—¿Qué?

Victoria levantó la mirada.

—Uno de ustedes no sobrevivió.

Emma sintió un escalofrío.

—Pero él está aquí.

Señaló al hombre.

—Entonces, ¿quién murió?

Victoria miró a Alejandro.

—Nadie.

El silencio fue absoluto.

Alejandro dio un paso atrás.

—¿Qué?

—Tu padre hizo creer que uno de los bebés había muerto.

Alejandro miró a su hermano.

—¿Por qué?

Él respondió:

—Porque nuestro padre sabía que alguien quería eliminar a sus herederos.

Gabriel intervino:

—¿Quién?

El hombre sonrió.

—La misma persona que ahora busca a Lucas.

Alejandro sintió un escalofrío.

—¿El hombre del anillo?

—Sí.

—¿Quién es?

Su hermano negó.

—Todavía no.

Alejandro apretó los dientes.

—Estoy cansado de tus juegos.

—Entonces escucha.

El hombre colocó un sobre sobre la mesa.

—Aquí está la verdad.

Alejandro tomó el sobre.

—¿Qué hay dentro?

—El informe original de nuestro nacimiento.

Alejandro lo abrió.

Había una fotografía antigua.

Su madre estaba acostada en una cama.

A su lado aparecían dos bebés.

Uno tenía una pequeña marca en la muñeca.

El otro también.

Alejandro observó la imagen.

—Somos nosotros.

—Sí.

—Entonces, ¿por qué uno aparece como fallecido?

Su hermano respondió:

—Porque nuestro padre necesitaba que el mundo creyera que solo existía un heredero.

—¿Y tú?

—Yo fui enviado lejos.

Alejandro negó.

—Pero crecimos juntos.

—Mucho después.

—¿Qué?

—Cuando cumplí diez años, nuestro padre decidió acercarme a la familia.

Victoria intervino:

—Pero bajo otro nombre.

—Sí.

Alejandro lo miró.

—Por eso siempre fuiste mi primo.

—Era la única manera de protegerme.

—¿Protegerte de quién?

Su hermano se acercó.

—De nuestra abuela.

Alejandro quedó inmóvil.

—¿Mi abuela?

—La madre de nuestro padre.

Emma abrió los ojos.

—¿Ella quería matarlo?

—No.

El hombre negó.

—Quería controlar la herencia.

Alejandro comprendió.

—Entonces todo empezó con ella.

—Sí.

Victoria habló:

—Pero ella murió.

—Murió.

—Entonces, ¿quién continuó?

El hombre la miró.

—Su abogado.

Alejandro sintió un escalofrío.

—Samuel.

—Exactamente.

Gabriel frunció el ceño.

—Pero Samuel está muerto.

El hombre soltó una sonrisa.

—Eso dicen.

Alejandro miró a Victoria.

—¿Samuel sigue vivo?

Victoria no respondió.

Su silencio fue suficiente.

***

De repente, un disparo rompió una ventana.

Todos se agacharon.

—¡Al suelo! —gritó Gabriel.

Otro disparo.

La pared recibió el impacto.

Emma abrazó a Victoria.

Alejandro se lanzó sobre su hermano.

—¡¿Quién está disparando?!

—No lo sé.

Gabriel se acercó a la ventana.

—Hay un vehículo afuera.

—¿Cuántos?

—Al menos cuatro hombres.

Alejandro miró a Emma.

—Quédate aquí.

—No.

—Emma...

—No vuelvas a decirme que me quede escondida.

Alejandro la miró.

—Esta vez no quiero perderte.

Emma tomó su mano.

—Entonces no me dejes.

Por un instante, ambos se miraron.




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