El Hijo Que Escondí Del Millonario

Capitulo 24

La frase de Arturo seguía resonando en la cabeza de Alejandro.

«Esta vez, nadie va a salvarte».

Alejandro apretó los puños.

—Voy a traerlo de vuelta.

Emma tenía los ojos llenos de lágrimas, pero no apartó la mirada.

—Vamos a traerlo.

Alejandro la tomó de las manos.

—No quiero que vengas.

—No voy a quedarme esperando.

—Emma...

—Es nuestro hijo.

Alejandro guardó silencio.

Ella tenía razón.

Gabriel interrumpió:

—Tenemos que movernos. Si Arturo sabe que conocemos la ubicación de la bóveda, puede cambiar de plan.

El padre de Alejandro negó.

—No irá a la bóveda.

Todos lo miraron.

—¿Por qué? —preguntó Alejandro.

—Porque quiere que ustedes vayan.

—Eso ya lo sabemos.

—No. No entiendes. La bóveda no contiene solamente documentos.

Alejandro frunció el ceño.

—¿Qué más hay?

Su padre respiró profundamente.

—Una prueba.

—¿De qué?

—De quién dio la orden de separarte de Emma.

Emma sintió un escalofrío.

—¿Y Arturo quiere que la encontremos?

—Sí.

—Entonces no quiere destruirla —dijo Gabriel—. Quiere que nosotros la encontremos.

El padre de Alejandro asintió.

—Porque esa prueba puede incriminar a alguien mucho más poderoso que Arturo.

Alejandro lo miró.

—¿A quién?

Su padre bajó la mirada.

—A la persona que realmente controla a Samuel.

Victoria dio un paso atrás.

—No.

Alejandro se giró.

—¿Qué pasa?

Victoria negó.

—No puede ser.

—¿Qué?

—Creí que había muerto.

Gabriel preguntó:

—¿Quién?

Victoria respondió con la voz temblorosa:

—La mujer que comenzó todo.

***

En la casa donde tenían a Lucas, Arturo caminaba de un lado a otro.

—¿Ya está todo preparado?

Uno de sus hombres asintió.

—Sí.

—¿Y Samuel?

—Está en camino.

Arturo miró hacia la habitación.

—¿Y el niño?

—No se ha movido.

Arturo abrió la puerta.

Lucas estaba sentado sobre la cama abrazando su pequeño juguete.

—¿Cuándo voy a ver a mi papá?

Arturo se acercó.

—Pronto.

—¿Me prometes?

Arturo dudó.

—Sí.

Lucas lo miró fijamente.

—Mi papá siempre cumple sus promesas.

Arturo sintió una extraña incomodidad.

—Tu padre es diferente.

—Sí.

—¿Sabes por qué?

Lucas negó.

Arturo se sentó frente a él.

—Porque todavía cree que puede salvar a todos.

Lucas respondió:

—Él me va a salvar.

Arturo lo observó.

Por primera vez, aquella seguridad infantil le molestó.

—Ya veremos.

***

Alejandro, Emma, Gabriel, Victoria y el padre de Alejandro llegaron al antiguo banco.

El edificio estaba abandonado.

Las ventanas estaban cubiertas de polvo.

La puerta principal permanecía abierta.

Gabriel observó el interior.

—Demasiado fácil.

Alejandro asintió.

—Es una trampa.

Emma miró a su alrededor.

—¿Y si Lucas está aquí?

—No creo —respondió Gabriel.

El padre de Alejandro señaló el suelo.

—La entrada está debajo.

Bajaron por una escalera.

Llegaron a un pasillo estrecho.

Al fondo había una puerta metálica.

Alejandro sacó una pequeña llave.

Emma lo miró.

—¿La tenías?

—Mi padre me la dio cuando era niño.

Su padre negó.

—No.

Alejandro lo miró.

—¿Qué?

—Yo no te di esa llave.

Alejandro sintió un escalofrío.

—Entonces, ¿quién?

Antes de que alguien respondiera, la puerta se abrió sola.

Una luz se encendió.

Dentro había una mesa.

Sobre ella, una caja.

Y encima...

una fotografía de Emma embarazada.

Emma se quedó paralizada.

—¿Cómo consiguieron esto?

Gabriel se acercó.

—La foto fue tomada en la clínica.

Victoria cerró los ojos.

—Alguien estaba vigilándola.

Alejandro tomó la fotografía.

Detrás había una fecha.

La misma fecha en que Camila recibió las primeras amenazas.

—Mi madre sabía que la vigilaban.

Emma recordó la carta.

—Y nunca me lo dijo.

El padre de Alejandro abrió la caja.

Dentro había documentos.

Muchos.

Alejandro tomó el primero.

Era una copia de una transferencia bancaria.

Gabriel la revisó.

—Este dinero fue enviado a una cuenta extranjera.

—¿De quién?

Gabriel señaló el nombre.

Alejandro sintió que el cuerpo se le enfriaba.

—No.

Emma se acercó.

—¿Quién?

Alejandro le mostró el documento.

El nombre pertenecía a alguien que conocían.

Alguien que había estado ayudándolos.

—No puede ser.

Victoria tomó el documento.

Su rostro se volvió completamente blanco.

—Sí puede.

Gabriel negó.

—No.

Alejandro pasó al siguiente documento.

Había varios pagos.

Todos hechos durante los últimos cinco años.

Todos desde una empresa de la familia.

Todos destinados a la misma persona.

—Nos estaba financiando —dijo Alejandro.

—¿Quién? —preguntó Emma.

Alejandro levantó la mirada.

—Gabriel.

El silencio fue inmediato.

Gabriel quedó inmóvil.

—¿Qué?

Alejandro sostuvo los documentos.

—Tu nombre aparece aquí.

Gabriel negó.

—Eso es imposible.

—Hay transferencias a una cuenta con tu nombre.

—¡Yo nunca recibí ese dinero!

El padre de Alejandro revisó los documentos.

—La cuenta es real.

Gabriel retrocedió.

—Alguien utilizó mi identidad.

Victoria lo miró.

—O alguien quiere que parezca que fuiste tú.

Gabriel levantó la mirada.

—¿Me están acusando?

Alejandro negó.

—No.

—Pero mi nombre está aquí.

—Lo sé.

Gabriel respiró profundamente.

—Entonces tenemos un problema.

Una voz salió de los altavoces.




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