El llanto volvió a escucharse.
Emma sintió que el corazón se le detenía.
—No...
Alejandro la miró.
—Emma, mírame.
Ella no podía apartar los ojos de la puerta.
—Ese llanto...
La mujer sonrió.
—¿Quieres comprobarlo?
Emma dio un paso.
Alejandro la sujetó de la mano.
—No vayas sola.
—Quiero saber quién es.
—Lo sabremos juntos.
La mujer se apartó.
—Entonces entren.
Alejandro mantuvo el arma levantada.
—Primero dime quién eres.
La mujer sonrió.
—Mi nombre ya lo conoces.
Emma palideció.
—Claudia...
Alejandro la miró.
—¿Quién es?
Emma respondió con dificultad:
—La hermana de mi padre.
Claudia asintió.
—Tu tía.
—Todos decían que habías muerto.
—Eso fue lo que necesitaban que creyeras.
Alejandro frunció el ceño.
—¿Qué tienes que ver con mi hijo?
Claudia lo miró.
—Mucho.
El llanto volvió a escucharse.
Emma soltó la mano de Alejandro y corrió hacia la puerta.
—¡Emma!
La abrió.
La habitación estaba casi vacía.
Había una cuna.
Una manta.
Y un bebé dormido.
Emma se quedó inmóvil.
El niño comenzó a llorar.
Ella se acercó lentamente.
—No puede ser...
Claudia apareció detrás.
—Sí puede.
Emma miró al bebé.
—¿Quién es?
—El niño que te dijeron que habías perdido.
Emma negó.
—Yo nunca perdí un hijo.
—Eso creíste.
Alejandro entró.
—Explícate.
Claudia tomó una carpeta.
—Cinco años antes de que naciera Lucas, Emma estuvo embarazada.
Alejandro miró a Emma.
Ella negó desesperadamente.
—No recuerdo eso.
—Porque te hicieron olvidar.
—Eso es imposible.
Claudia abrió la carpeta.
—No te hicieron olvidar físicamente.
Sacó unos documentos.
—Te hicieron creer que el embarazo había terminado.
Emma tomó el primero.
Sus manos comenzaron a temblar.
Había un registro médico.
Su nombre.
Una fecha.
Y una anotación.
**«Paciente presenta embarazo de nueve semanas.»**
Emma sintió que le faltaba el aire.
—Yo no recuerdo esto.
Alejandro tomó el documento.
—¿Quién firmó?
Claudia señaló el final.
—El mismo médico que atendió el nacimiento de Lucas.
Alejandro apretó los dientes.
—Samuel.
—No.
Claudia negó.
—Samuel solo llevó los documentos.
—¿Entonces quién?
Claudia miró a Emma.
—Tu madre.
Emma se quedó paralizada.
—No.
—Sí.
—Mi madre jamás haría algo así.
—Tu madre creyó que te estaba salvando.
Emma comenzó a llorar.
—¿Qué pasó con el bebé?
Claudia señaló la cuna.
—Sobrevivió.
Alejandro miró al niño.
—¿Es hijo de Emma?
—Sí.
—¿Y quién es el padre?
Claudia guardó silencio.
Emma sintió que el miedo se apoderaba de ella.
—Dímelo.
Claudia respondió:
—Alejandro.
Él quedó completamente inmóvil.
—¿Qué?
Emma negó.
—No...
Claudia continuó:
—Fue antes de Lucas.
Alejandro miró a Emma.
—¿Tuvimos otro hijo?
Ella no podía responder.
—Yo no sabía...
—Porque nunca te dejaron saberlo.
Alejandro se acercó a la cuna.
El bebé dejó de llorar por unos segundos.
Abrió los ojos.
Alejandro sintió un escalofrío.
Eran los mismos ojos de Lucas.
Los mismos ojos de Emma.
—¿Cuántos años tiene?
Claudia respondió:
—Casi seis.
Alejandro retrocedió.
—Eso no tiene sentido.
Claudia sonrió.
—Precisamente por eso debes escucharme.
***
Un golpe sonó en la puerta.
Claudia se giró.
—Llegaron.
Alejandro levantó el arma.
—¿Quién?
La puerta se abrió.
Gabriel apareció.
—¡Alejandro!
Detrás de él estaban Victoria y el padre de Alejandro.
Emma corrió hacia ellos.
—¡Hay un niño!
Victoria miró hacia la cuna.
Su rostro cambió.
—No...
El padre de Alejandro se acercó.
Observó al bebé.
Luego miró a Claudia.
—¿Qué hiciste?
Claudia sonrió.
—Lo que ustedes nunca se atrevieron a hacer.
—Ese niño no debía estar aquí.
Alejandro se giró.
—¿Qué significa eso?
Su padre guardó silencio.
—¡Respóndeme!
—Alejandro...
—¡¿Sabías de él?!
El hombre cerró los ojos.
—Sí.
Alejandro sintió una mezcla de rabia y dolor.
—Todos lo sabían.
Miró a Victoria.
—¿Tú también?
Victoria comenzó a llorar.
—Sí.
—¿Y nunca me dijeron?
—No podíamos.
—¡Era mi hijo!
Su voz hizo eco en la habitación.
Emma abrazó sus propios brazos.
—¿Por qué me hicieron creer que lo había perdido?
Victoria respondió:
—Porque querían utilizarlo.
Alejandro frunció el ceño.
—¿Quiénes?
El padre de Alejandro habló:
—Arturo.
—¿Arturo sabía de este niño?
—Sí.
—Entonces, ¿por qué nunca lo buscó?
Claudia respondió:
—Porque creyó que estaba muerto.
Gabriel observó los documentos.
—Entonces alguien falsificó el registro.
Claudia asintió.
—Yo.
Alejandro la miró.
—¿Tú?
—Sí.
—¿Por qué?
Claudia bajó la mirada.
—Porque tu padre me pidió que escondiera al niño.
Alejandro sintió un escalofrío.
—¿Dónde estuvo todos estos años?
—Conmigo.
Emma se acercó a la cuna.
El bebé dormía tranquilamente.
—¿Cómo se llama?
Claudia respondió:
—Mateo.
Emma se quedó inmóvil.
Ese nombre le resultaba familiar.
Demasiado familiar.
—¿Mateo?
Claudia asintió.
—Tu madre lo eligió.
Emma sintió que las lágrimas corrían por sus mejillas.
—Mi madre...
—Sí.
***