El hijo secreto del Ceo Traicionero.

3. Empezar de nuevo.

Valeria

La vida me había dado demasiados limones amargos, pero rendirme no era una opción.

Mamá pasaba días enteros llorando y yo apenas podía mantenerme fuerte por las dos.

La universidad se había vuelto un lujo imposible, así que tomé la decisión más difícil de mi vida. Lo mejor fue dejarla definitivamente, por lo menos había sacado un curso de chef y eso ayudaría para conseguir trabajo.

Mi hermano trabajaba como Uber para ayudarnos, y Jennifer nunca se apartó de nuestro lado.

Y yo ya había descubierto que estaba embarazada.

Mi mente viajó inevitablemente a aquel día, hace unas semanas, cuando la noticia de mi embarazo lo cambió todo.

En ese momento, descubrirlo fue tan impactante que, al ver las dos rayas en las tres pruebas. Sentí cómo un nudo terrible se formaba en mi garganta. Ya no había vuelta atrás. Había quedado embarazada de un hombre que solo jugó conmigo, que fingió amarme cuando en realidad todo era mentira. No podía desmoronarme. No podía caer.

A pesar de todos los problemas acumulados en tan poco tiempo, tenía que mantenerme firme. Por él, por mi familia y por mí. Debía olvidar que alguna vez me enamoré, que sentí aquellas mariposas alborotadas en el estómago, porque nada de eso valía la pena. Cerré los ojos y lloré sin control, ahogada en una tristeza profunda. Mi bebé había llegado en el peor momento de mi vida.

Sin embargo, también sería mi razón para seguir adelante.

Aparté ese pensamiento, exhalé con lentitud y acaricié con suavidad mi pequeño vientre y respiré hondo. No sabía si sentir miedo o esa extraña fuerza que me empujaba a seguir adelante.

Me senté a un lado de la cama de mamá y tomé su mano con suavidad. Se notaba cansada, pero aun así me regaló una sonrisa débil.

—¿Qué pasa, cariño? Te veo muy callada

Tragué saliva, era momento de decirlo.

—Mamá, estoy esperando un hijo de Emir.

Sus ojos se abrieron con sorpresa.

Por un segundo temí su reacción… pero luego su expresión se suavizó. Me acarició la mejilla y besó mi frente.

—No imaginé que ese muchacho fuera capaz de tanto daño —murmuró—, pero este bebé no tiene la culpa de nada.

Las lágrimas me quemaron los ojos.

—Lo sé…

—Entonces solo nos queda seguir adelante —sentenció con firmeza—. Será difícil, pero no estás sola.

Apreté su mano con fuerza, sintiendo por primera vez en días un pequeño rayo de esperanza.

Entré a la habitación y decidí encender mi móvil, vi varias llamadas perdidas de Rodrigo.
Incluso me sorprendí cuando mis manos temblaron con el impulso de marcarle; pero no lo hice.

Luego mi mirada cayó sobre el contacto de Emir, y el deseo de llamarlo me golpeó sin piedad. Sin embargo, ya no había foto. Eso solo podía significar una cosa: me había bloqueado o había cambiado su número.

Tragué saliva con dificultad.

Sin pensarlo más, borré todos los números. El de Rodrigo para no llamarlo y preguntar por ese mentiroso. Después entré a las fotografías que tenía con Emir, ese rostro que parecía tan angelical, ese hombre que juró amarme.

Pero todo había sido lo contrario.

Una vil mentira.
Solo quiso usarme, solo quiso divertirse conmigo.

Con el corazón oprimido, apreté el móvil y eliminé cada imagen, era el momento de dejar ir ese sentimiento.

Decidí que había llegado el momento de empezar una nueva etapa de mi vida. Seguir adelante era la única manera de sobrevivir a mis verdaderos problemas.

Empaqué la poca ropa que me quedaba. Había vendido algunas prendas de oro que mi papá me regaló cuando cumplí quince años. No teníamos nada; habíamos perdido demasiado para llegar a este punto.

Tal vez; solo tal vez, lejos de la capital, mi vida podría ser diferente.

Porque ya no quería estar aquí.

No cuando en cualquier momento Emir podía aparecer junto a su nuevo amor.

MESES DESPUÉS

El tiempo pasó más rápido de lo que imaginé.

Ahora tenía seis meses de embarazo.

Nos mudamos a un lugar más humilde, lejos de la capital y de los recuerdos que todavía me perseguían. Conseguí un trabajo de medio tiempo limpiando oficinas, en una empresa, pero sería por unos meses, mientras mamá y Jennifer preparaban pan dulce y pan de coco.

Hace un mes, mientras esperaba el transporte público, me encontré con
Rodrigo, desde entonces no paraba de visitarme en mi trabajo, varias veces, incluso se dio cuenta de mi embarazo, sin embargo le pedí que no le dijera nada a Emir, si sabia algo de él, y su respuesta me confirmó que tenían contacto.

—No te preocupes no diré nada. Además, él esta lejos del país. Se fue con ella.

Mi corazón dolió al escuchar eso, incluso una lágrima rodó por mis mejillas.

—No importa, le deseo lo mejor. — Rodrigo asintió y luego me dio un abrazó fuerte.

—Estaré para ti, no dudes en llamarme.

Suspiré, apartando ese pensamiento de mi mente. Debía terminar el curso de chef para conseguir un trabajo mejor. Este no me gustaba y pronto tendría que dejarlo, ya que mi vientre comenzaba a notarse cada vez más.

No era la vida que soñé, pero se que sobreviviré ante tanta desdicha y de esa manera logre salir adelante.

Cinco años después.

Me encontraba desesperada porque estaba llegando tarde a la corporación. No podía fallar; si lo hacía, mi jefa me despediría sin pensarlo. Sin embargo, primero tuve que llevar al niño al kínder.

—Vamos Thiago, apúrate —le dije con suavidad, tomando su pequeña mano.

Estos años habíamos tratado de sobrellevar la vida como podíamos, mi hijo y yo, luchando para que no le faltara nada. Terminé varios cursos de chef pero no logre trabajar en esta comarca así qué me quedé en la corporación cafetalera, por lo menos el salario era digno. Mi móvil empezó a sonar una y otra vez.

—¿Jennifer? ¿Qué sucede? Ya voy en camino al trabajo, me estoy apresurando.




Reportar suscripción




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.