Capítulo 2
El desconocido
El murmullo del mercado volvió poco a poco.
Los vendedores retomaron sus voces, las ruedas de los carros crujieron sobre las piedras y el niño al que Sofía había ayudado salió corriendo hacia su madre.
Pero Sofía seguía mirando al joven al otro lado de la plaza.
Había algo extraño en él.
No vestía como un noble, pero tampoco parecía un simple viajero. Su postura era demasiado recta, su mirada demasiado segura.
Lucas tampoco podía apartar los ojos de ella.
Había visto a muchas personas en su vida: nobles elegantes, damas de palacio, embajadores de tierras lejanas.
Pero nunca había visto a alguien sonreír con tanta calma mientras ayudaba a otro.
Por un momento dudó.
Quizás debía irse.
Quizás era mejor no acercarse.
Pero el viento volvió a soplar.
Los pétalos rosados giraron otra vez entre ellos.
Lucas dio otro paso.
Luego otro.
Hasta que finalmente llegó frente a ella.
Sofía bajó la mirada por un segundo, un poco avergonzada de haber estado observándolo tanto tiempo.
—Hola… —dijo él con una voz tranquila—. Creo que el niño ya está mejor gracias a ti.
Sofía sonrió levemente.
—Solo tenía un raspón. A veces el susto duele más que la herida.
Lucas dejó escapar una pequeña risa.
—Eso es muy cierto.
Hubo un breve silencio. No era incómodo, pero sí lleno de curiosidad.
—No te había visto antes por aquí —dijo Sofía.
Lucas pensó rápido.
No podía decir que era el príncipe.
—Estoy… de paso —respondió—. Quería conocer el pueblo.
Sofía asintió.
—Es tranquilo. Aunque a veces el viento hace cosas raras.
Lucas levantó una ceja.
—¿Cosas raras?
Sofía miró algunos pétalos rosados que todavía descansaban en el suelo de la plaza.
—Mi abuela decía que cuando el viento se vuelve rosado… algo importante está por pasar.
Lucas miró el cielo por un momento.
Luego volvió a mirarla.
—¿Algo bueno o algo malo?
Sofía pensó unos segundos.
—Eso… el viento nunca lo dice.
Ambos sonrieron.
Pero desde el borde de la plaza, alguien observaba la escena con atención.
Un hombre vestido con capa oscura, apoyado contra la sombra de un edificio.
Había reconocido al joven inmediatamente.
El príncipe no estaba donde debía estar.
Y eso… podría convertirse en un problema.
El hombre se dio la vuelta y desapareció entre la multitud.
Mientras tanto, en el centro de la plaza, Sofía y Lucas seguían hablando sin saber que, en ese momento, el destino había comenzado a moverse mucho más rápido de lo que cualquiera de los dos podía imaginar.
Y muy lejos de allí, en los muros del palacio, alguien ya empezaba a preguntarse dónde estaba el heredero del reino.