El hilo del viento

Capitulo 3

Capítulo 3
Secretos bajo el atardecer
El sol comenzaba a bajar cuando Sofía regresó a la plaza.
No tenía una razón clara para volver.
O al menos eso intentaba decirse a sí misma.
Había terminado sus tareas en la escuela religiosa más temprano de lo normal. Las hermanas estaban ocupadas preparando una ceremonia, y por primera vez en días Sofía había tenido un momento para salir.
Así que caminó hacia la plaza.
Tal vez para comprar pan.
Tal vez para ver el atardecer.
O tal vez…
para ver si aquel extraño seguía allí.
La plaza estaba más tranquila que por la mañana. Algunos puestos ya se estaban desmontando y las luces de las casas comenzaban a encenderse una a una.
Sofía suspiró suavemente.
—Supongo que ya se fue…
—No todavía.
La voz llegó detrás de ella.
Sofía se giró de inmediato.
Lucas estaba allí, apoyado contra la fuente como si hubiera estado esperándola desde hacía tiempo.
Una sonrisa apareció en su rostro.
—Pensé que ya habías seguido tu camino —dijo ella.
—Lo pensé —respondió Lucas—. Pero el pueblo me gustó.
Sofía levantó una ceja.
—¿El pueblo?
Lucas sonrió con un poco de picardía.
—Bueno… tal vez no solo el pueblo.
Sofía bajó la mirada por un momento, intentando esconder la pequeña sonrisa que escapaba de sus labios.
Caminaron lentamente por la plaza mientras el cielo se teñía de tonos dorados.
—¿Siempre ayudas a la gente así? —preguntó Lucas.
—Siempre que puedo —respondió Sofía—. No cuesta mucho ser amable.
Lucas la observó con atención.
En el palacio había escuchado discursos sobre honor, poder y política.
Pero casi nunca había escuchado algo tan simple… y tan sincero.
—Debes ser muy importante para las hermanas del convento —dijo él.
Sofía dejó escapar una pequeña risa.
—No exactamente.
Lucas la miró curioso.
—Mis padres quieren que me convierta en monja —explicó ella—. Dicen que es el mejor camino para mí.
Lucas frunció ligeramente el ceño.
—¿Y tú qué quieres?
Sofía guardó silencio unos segundos.
Miró las luces del pueblo.
—No lo sé… —admitió—. Solo sé que quiero elegirlo yo.
Lucas sintió algo extraño en el pecho al escuchar eso.
Porque él entendía exactamente ese sentimiento.
—A veces —dijo Lucas— el destino parece decidido por otros.
Sofía lo miró.
—Hablas como alguien que también está atrapado.
Lucas sonrió, pero no respondió.
En ese momento se escuchó el sonido de caballos acercándose por una de las calles cercanas.
Tres guardias del reino atravesaron la plaza.
Uno de ellos miró hacia Lucas.
Por una fracción de segundo sus ojos se abrieron con sorpresa.
—Mi pr…
Lucas lo interrumpió con una mirada rápida.
El guardia se detuvo en seco.
Sofía observó la escena con atención.
Algo no encajaba.
Los guardias continuaron su camino, pero Sofía volvió a mirar a Lucas lentamente.
—Creo que tengo razón —dijo con calma.
Lucas inclinó la cabeza.
—¿Sobre qué?
Sofía cruzó los brazos.
—Tú no eres un simple viajero.
El viento sopló otra vez.
Algunos pétalos rosados cruzaron la plaza en silencio.
Lucas suspiró suavemente.
Sabía que no podría ocultarlo por mucho tiempo.
—Tienes razón —dijo finalmente.
Sofía lo miró fijamente.
—Entonces… ¿quién eres?
Lucas levantó la vista hacia el cielo del atardecer.
Luego volvió a mirarla.
Y respondió con una voz tranquila:
—Alguien que tampoco eligió su destino.
El viento rosa volvió a moverse entre ellos.
Pero esta vez… parecía más fuerte.
Como si el destino estuviera apretando el hilo que los unía.
Y muy lejos de allí, dentro de los muros del palacio, una conversación peligrosa comenzaba a tomar forma.
El duque Rodrigo acababa de recibir noticias.
El príncipe heredero estaba pasando demasiado tiempo entre la gente del pueblo.
Y eso…
podía ser utilizado.



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En el texto hay: hilorojo, hilo

Editado: 10.03.2026

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