Capítulo 4
La verdad del príncipe
El viento se calmó lentamente en la plaza.
Sofía seguía mirando a Lucas con una mezcla de curiosidad y desconfianza.
—Alguien que no eligió su destino… —repitió ella—. Eso no responde mi pregunta.
Lucas dejó escapar una pequeña sonrisa cansada.
Sabía que ya no podía seguir escondiéndose.
Miró alrededor de la plaza. La mayoría de la gente ya se había marchado y las luces de las casas iluminaban suavemente las calles de piedra.
Entonces habló.
—Si te digo quién soy… —dijo con calma— tal vez dejes de hablar conmigo.
Sofía frunció ligeramente el ceño.
—Eso suena muy dramático.
Lucas soltó una leve risa.
—En el palacio dicen que lo soy.
La palabra palacio hizo que Sofía levantara la mirada de inmediato.
—¿Palacio?
Lucas respiró profundo.
—Mi nombre es Lucas.
Sofía esperó.
Pero Lucas añadió algo más.
—Lucas… heredero del trono.
Por un segundo el mundo pareció quedarse en silencio.
Sofía lo miró sin moverse.
—¿Estás diciendo…?
Lucas asintió con tranquilidad.
—Soy el príncipe.
Sofía dio un paso atrás, sorprendida.
—Eso no puede ser…
Lucas levantó las manos suavemente.
—Lo sé. Por eso no quería decirlo.
Sofía lo observó con atención, intentando encontrar una señal de broma.
Pero no había ninguna.
De repente recordó a los guardias.
Recordó cómo uno de ellos había estado a punto de decir algo.
Y todo comenzó a encajar.
—Entonces… —dijo lentamente— ¿todo esto era una especie de juego para ti?
Lucas negó de inmediato.
—No.
Su voz fue firme.
—Por eso vine al pueblo. Porque aquí nadie me mira como un título… ni como una corona.
Sofía guardó silencio.
Lucas bajó la mirada hacia la fuente.
—En el palacio todos esperan algo de mí. Que sea perfecto, que gobierne, que siga reglas que no elegí.
Luego volvió a mirarla.
—Pero cuando te vi ayudando a ese niño… pensé que tal vez existía otra forma de vivir.
Sofía sintió que algo dentro de ella se movía.
Porque entendía ese sentimiento demasiado bien.
—Mis padres quieren que me convierta en monja —dijo ella en voz baja—. Y tampoco me preguntaron si era lo que quería.
Lucas la miró con sorpresa.
—Entonces estamos igual.
Sofía sonrió un poco.
—Un príncipe y una futura monja escapando de su destino… suena como el inicio de una mala historia.
Lucas se encogió de hombros.
—O de una muy buena.
En ese momento el viento volvió a soplar.
Más fuerte que antes.
Los pétalos rosados giraron en el aire alrededor de ellos.
Sofía levantó la mirada hacia el cielo.
—El viento otra vez…
Lucas también lo observó.
—Tal vez tu abuela tenía razón.
Sofía lo miró.
—¿Sobre qué?
Lucas sonrió suavemente.
—Sobre que algo importante estaba por pasar.
Pero en ese mismo instante, en el palacio real, dos hombres hablaban en una sala oscura.
Uno de ellos era el duque Rodrigo, hermano del rey.
—El príncipe ha estado visitando el pueblo —dijo un mensajero.
El duque apoyó lentamente su mano sobre la mesa.
—¿Solo?
—Sí, señor.
Una sonrisa fría apareció en el rostro del duque.
—Perfecto.
El mensajero lo miró confundido.
—¿Señor?
Rodrigo caminó hacia la ventana.
—Un heredero que camina sin protección… es un heredero muy fácil de eliminar.
La noche caía sobre el reino.
Y mientras Sofía y Lucas hablaban bajo el viento rosado…
la traición comenzaba a tomar forma.