El hilo del viento

Capitulo 5

Capítulo 5
Promesas al anochecer
La noche había caído sobre el pueblo.
Las calles estaban iluminadas por pequeñas lámparas colgadas en las puertas de las casas, y el murmullo del mercado había desaparecido casi por completo.
Sofía y Lucas caminaban lentamente por un sendero que bordeaba la plaza.
Ninguno de los dos hablaba mucho.
Después de la revelación, todo parecía diferente.
—Aún me cuesta creerlo —dijo finalmente Sofía—. Que el príncipe del reino esté caminando por el pueblo como si fuera un viajero cualquiera.
Lucas sonrió.
—Créeme… a mí me cuesta más creer que alguien me hable con tanta normalidad.
Sofía lo miró de reojo.
—¿Prefieres que haga una reverencia?
Lucas negó rápidamente.
—Por favor no.
Ella rió suavemente.
Por un momento todo parecía simple.
Solo dos personas caminando bajo las estrellas.
Pero Sofía sabía que no era tan fácil.
—Si alguien descubre que estás aquí… —dijo ella con preocupación— podrías meterte en problemas.
Lucas levantó la mirada hacia el cielo.
—Ya estoy en problemas desde el día que nací en el palacio.
Sofía guardó silencio.
Lucas se detuvo frente a un pequeño árbol al borde del camino.
—Pero hoy… —continuó él— fue la primera vez en mucho tiempo que sentí que podía respirar.
Sofía lo miró con curiosidad.
—¿Por qué?
Lucas la observó directamente.
—Porque hablé contigo.
El corazón de Sofía dio un pequeño salto.
Bajó la mirada para esconder la sonrisa que se escapaba de sus labios.
—Eso es peligroso, príncipe.
Lucas levantó una ceja.
—¿Por qué?
—Porque yo estoy destinada a convertirme en monja.
Lucas suspiró suavemente.
—Y yo estoy destinado a ser rey.
Ambos se miraron en silencio.
Era una verdad imposible de ignorar.
—Entonces… —dijo Sofía con una pequeña sonrisa triste— supongo que esta historia no tiene futuro.
Lucas no respondió de inmediato.
El viento comenzó a moverse entre las ramas del árbol.
Los pétalos rosados aparecieron nuevamente, flotando en el aire como pequeñas luces.
Lucas extendió la mano y atrapó uno.
Lo observó unos segundos.
Luego miró a Sofía.
—Tal vez el destino no sea tan simple.
Sofía lo miró con curiosidad.
Lucas cerró la mano suavemente sobre el pétalo.
—Mañana volveré aquí.
Sofía parpadeó sorprendida.
—¿Qué?
—Mañana —repitió Lucas— al atardecer.
Ella dudó.
Sabía que no debía aceptar.
Sabía que todo aquello era peligroso.
Pero aun así preguntó:
—¿Y si no vengo?
Lucas sonrió.
—Entonces esperaré igual.
El viento rosado giró otra vez entre ellos.
Sofía sintió que el mundo entero se volvía extrañamente silencioso.
—Está bien —dijo finalmente.
Lucas sonrió.
Pero mientras eso ocurría en el pueblo…
en el palacio la noche también traía planes.
El duque Rodrigo estaba reunido con varios hombres en una sala iluminada por velas.
—El príncipe se ha vuelto descuidado —dijo uno de ellos.
Rodrigo bebió un poco de vino antes de responder.
—No descuidado.
Sonrió fríamente.
—Enamorado.
Los hombres se miraron entre sí.
—¿Qué haremos, señor?
Rodrigo apoyó lentamente la copa sobre la mesa.
—Mañana anunciaré una cacería real.
Uno de los hombres frunció el ceño.
—¿Una cacería?
Rodrigo asintió.
—Sí.
Su sonrisa se volvió más oscura.
—Los accidentes ocurren todo el tiempo en el bosque.
El silencio llenó la sala.
Y lejos de allí, en el pequeño pueblo, Sofía y Lucas se despedían sin saber que el destino ya había empezado a cerrar lentamente su trampa.
El viento rosa volvió a soplar.
Pero esta vez…
parecía un poco más frío.



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En el texto hay: hilorojo, hilo

Editado: 10.03.2026

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