Capítulo 6
El beso interrumpido
El atardecer volvió a teñir el cielo de tonos dorados.
Lucas llegó primero al pequeño sendero cerca del árbol donde había prometido encontrarse con Sofía.
Había pasado todo el día pensando en ese momento.
Por primera vez en mucho tiempo, el príncipe heredero del reino estaba nervioso.
No por un consejo real.
No por una batalla.
Sino por una joven que decía no querer ser monja.
Escuchó pasos suaves acercándose.
Sofía apareció entre los árboles.
—Pensé que tal vez no vendrías —dijo Lucas.
—Yo pensé lo mismo de ti —respondió ella con una pequeña sonrisa.
Caminaron unos pasos juntos, hasta detenerse cerca del árbol.
El viento rosa comenzó a soplar otra vez, moviendo suavemente las ramas.
—A veces pienso que todo esto es una mala idea —admitió Sofía.
Lucas la miró.
—¿Hablar conmigo?
—No —dijo ella—. Sentir lo que estoy empezando a sentir.
Lucas guardó silencio unos segundos.
Luego dio un paso más cerca.
—Tal vez no sea una mala idea —dijo con voz suave.
Sofía levantó la mirada.
Sus rostros estaban muy cerca ahora.
El viento rosado giraba alrededor de ellos.
Lucas levantó lentamente una mano y apartó un mechón de cabello del rostro de Sofía.
El corazón de ella latía con fuerza.
Por un momento el mundo entero parecía haberse detenido.
Lucas se inclinó un poco.
Sofía cerró los ojos.
Estaban a punto de besarse.
Pero en ese instante una voz fuerte rompió el silencio.
—¡Príncipe!
Ambos se separaron rápidamente.
Un guardia del reino apareció corriendo entre los árboles.
Lucas frunció el ceño.
—¿Qué sucede?
El guardia parecía agitado.
—Su padre, el rey, ha organizado una cacería para mañana al amanecer. Debe regresar al palacio inmediatamente.
Lucas suspiró.
Sabía que aquello significaba problemas.
Sofía bajó la mirada.
El momento había desaparecido.
Pero justo cuando el guardia se daba la vuelta para marcharse, un hombre que había estado observando desde la distancia murmuró con una sonrisa torcida:
—Un beso de amor verdadero…
Sacudió la cabeza con desagrado.
—No me gusta nada esto.
El hombre se giró y desapareció en la oscuridad del bosque.
Sofía miró a Lucas otra vez.
—¿Debes irte?
Lucas asintió lentamente.
—Sí.
Luego la miró con intensidad.
—Pero volveré.
Sofía no respondió.
Solo observó cómo Lucas se alejaba con el guardia.
El viento rosado sopló una vez más entre los árboles.
Pero esta vez parecía llevar consigo una extraña sensación.
Como si el destino acabara de cambiar de dirección.
Y en algún lugar del palacio, alguien ya estaba preparando la cacería que decidiría el futuro del príncipe.