El hilo del viento

Capitulo 8

Capítulo 8
El susurro del viento
El patio del convento estaba en silencio.
Las jóvenes caminaban lentamente entre los jardines, algunas leyendo, otras ayudando a las hermanas con sus tareas.
Sofía estaba regando unas pequeñas flores cerca del muro cuando el viento comenzó a soplar.
No era un viento fuerte.
Era suave.
Pero tenía algo extraño.
Sofía levantó la cabeza lentamente.
El aire movía las hojas de los árboles… y algo más.
Pequeños pétalos rosados.
El mismo viento que había visto en la plaza.
El mismo viento que había sentido cuando Lucas estaba cerca.
El corazón de Sofía comenzó a latir más rápido.
—¿Otra vez…?
Sus dedos se tensaron alrededor de la regadera.
Un presentimiento extraño llenó su pecho.
Como si algo dentro de ella supiera que algo estaba mal.
En ese momento las puertas del convento se abrieron con fuerza.
Varias hermanas se giraron sorprendidas.
Un grupo de guardias del reino entró al patio.
Detrás de ellos caminaba un hombre vestido con ropas reales.
El rey.
Las hermanas hicieron reverencias inmediatamente.
Sofía observó la escena sin entender.
El rey caminó lentamente por el patio hasta detenerse frente a ella.
Sus ojos estaban llenos de una tristeza dura… mezclada con enojo.
—¿Tú eres Sofía?
La joven asintió, confundida.
—Sí, majestad.
El rey la miró fijamente.
—Mi hijo habló de ti.
El corazón de Sofía se detuvo por un instante.
—¿Lucas…?
El rostro del rey se volvió más rígido.
—El príncipe heredero del reino murió esta mañana durante la cacería real.
El mundo pareció quedarse sin sonido.
La regadera cayó de las manos de Sofía y el agua se derramó sobre las piedras del patio.
—No…
Sus labios apenas pudieron formar la palabra.
—Eso no es posible.
El rey la observó con frialdad.
—Mi hijo dejó el palacio demasiadas veces para venir a este pueblo.
Cada palabra pesaba como una piedra.
—Se distrajo de sus deberes… de su seguridad.
Sofía dio un paso atrás.
—No… eso no es verdad…
Pero el rey levantó la mano.
—Desde hoy permanecerás en este convento.
Las hermanas se miraron sorprendidas.
—No saldrás de aquí.
Sofía sintió que el aire desaparecía de sus pulmones.
—Yo… tengo que ir a verlo…
Su voz era apenas un susurro.
—Por favor…
El rey negó lentamente.
—Mi hijo está muerto.
El viento volvió a soplar en el patio.
Los pétalos rosados giraron alrededor de Sofía.
Sus piernas temblaron.
—Lucas…
Las lágrimas comenzaron a caer por su rostro.
Pero el rey ya se había dado la vuelta.
—Llévenla dentro.
Dos guardias avanzaron.
Sofía no se resistió.
Sus ojos seguían mirando el cielo.
El viento rosado seguía moviéndose entre los árboles.
Como si el destino estuviera llorando con ella.
Y en algún lugar del palacio…
el duque Rodrigo observaba la noticia extenderse por el reino.
Con una sonrisa silenciosa.
El primer paso de su plan había sido cumplido.



#5564 en Novela romántica
#1576 en Fantasía

En el texto hay: hilorojo, hilo

Editado: 10.03.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.