El hilo del viento

Capitulo final

Final La lluvia y el viento rosa
La lluvia caía suavemente sobre los tejados del convento, dibujando círculos en los charcos de la plaza y haciendo brillar las piedras como espejos diminutos. Cada gota parecía un hilo que conectaba el pasado con el presente, y Sofía caminaba lentamente, sintiendo que su corazón latía al ritmo de aquella melodía invisible.
De repente, un murmullo entre las gotas llamó su atención. Risas. Claras, familiares, flotando como ecos de un tiempo que parecía olvidado. No eran las risas de las monjas ni de los niños del pueblo. Eran risas de Lucas y su propia infancia, mezcladas en un susurro que hacía vibrar el aire.
Sofía cerró los ojos y la brisa rosa comenzó a danzar a su alrededor, arrastrando pétalos como si fueran pequeños faroles que iluminaban la lluvia. Cada pétalo giraba, trazando figuras en el aire: la silueta de un niño corriendo, una niña que lo persigue, risas que se encuentran y se abrazan entre las gotas.
Entre el viento, fragmentos de palabras flotaban, como mensajes en botellas invisibles:
“Si alguna vez me pierdo, búscame en la plaza…”
“Prometo cuidarte siempre, aunque sea invisible.”
Los pétalos se arremolinaron sobre Sofía, formando un círculo brillante, y por un instante mágico, ella vio entre ellos la silueta de Lucas. No era real, no estaba allí… pero lo sentía. Su sonrisa, su mirada, todo lo que había sido y siempre sería. La lluvia golpeaba su rostro, mezclando lágrimas y gotas, pero ella no quería apartarse. Cada sonido, cada movimiento del viento, cada giro de los pétalos era un eco de su historia compartida.
Sofía levantó la vista hacia el cielo gris, dejando que la lluvia la envolviera. Y mientras la brisa rosa seguía danzando, llevando consigo recuerdos y promesas, comprendió algo que siempre había sabido:
El hilo que los une jamás se rompe. Aunque el tiempo los separe, aunque la muerte lo intente… el viento siempre encuentra la manera de recordar el amor.
Los pétalos formaron un último remolino sobre la plaza, girando en círculos como un carrusel de recuerdos, antes de desaparecer en el aire. La plaza quedó vacía y silenciosa, pero Sofía sintió que las risas de su infancia, las promesas hechas y los susurros del viento rosa, seguirían acompañándola para siempre.
Y en algún lugar, invisible pero eterno, el hilo del viento seguía latiendo entre ellos, llevando su historia a todos los rincones del reino.



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En el texto hay: hilorojo, hilo

Editado: 10.03.2026

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