El Hilo Rojo

Prólogo

La leyenda de la Tejedora

Cuenta la leyenda que existió una deidad capaz de tejer, con un solo hilo, el destino de los hombres.

Nadie recuerda ya su verdadero nombre. Los viejos relatos la llaman de muchas formas: la Guardiana de los Juramentos, la que Escucha las Promesas, la Tejedora. Dicen que habita donde se cruzan los votos no cumplidos, y que cada palabra pronunciada con el peso entero del corazón —un «te odiaré siempre», un «jamás te perdonaré», un «nunca podré amarte»— llega hasta ella como una hebra suelta, esperando ser tomada.

No juzga. No castiga por crueldad. Solo teje lo que le es entregado, hilo con hilo, uniendo promesas que ni siquiera quienes las pronunciaron recuerdan haber hecho.

Se dice que sus hilos no conocen el tiempo: que atraviesan generaciones enteras sin deshacerse, y que allí donde una vez se anudó un juramento, tarde o temprano, el hilo vuelve a tensarse.

Nadie sabe cuántos hilos ha tejido ya la Tejedora. Nadie sabe cuántos aún esperan, en silencio, a ser cobrados.




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