Capítulo 6: El Color del Destino
El silencio dentro de la galería "Sumi-e" era denso, pero no incómodo. Min-jun seguía observando el cuadro del hilo rojo mientras Hana lo observaba a él. Era la primera vez que alguien miraba su obra con una intensidad que rozaba el dolor.
—Mi mundo se basa en estructuras, Hana —dijo Min-jun finalmente, sin apartar la vista del lienzo—. Si un cable no está conectado a una fuente de energía, no hay luz. Si una viga no apoya en un pilar, el edificio cae. Todo tiene una explicación física.
Se giró hacia ella, y Hana notó que el cansancio en sus ojos había sido reemplazado por una curiosidad genuina.
—Pero desde que te vi ayer... —continuó él—, siento que hay una estructura en mi vida que no puedo ver, pero que me está moviendo. Como si este hilo que pintas fuera real.
Hana sonrió levemente y se acercó a una mesa de madera antigua donde descansaban sus pinceles. —A veces, lo que no vemos es lo que más nos sostiene, Min-jun. ¿Tienes hambre? Hay un pequeño lugar cerca de aquí que sirve el mejor sujebi (sopa de pasta estirada a mano) de todo Seúl. Dicen que calienta no solo el cuerpo, sino también el ánimo.
Caminaron juntos por los callejones de Insadong. La noche había caído del todo y las linternas de papel de las tiendas empezaban a iluminarse, bañando las calles de un tono anaranjado y cálido. A pesar de ser desconocidos, caminaban con un ritmo sincronizado, como si sus pasos se conocieran de antes.
Mientras esperaban su comida en un pequeño local escondido, Min-jun recibió un mensaje en su teléfono. Era su jefe, recordándole la presentación crucial para los inversores extranjeros a la mañana siguiente. El mensaje decía: "Recuerda, Min-jun: cifras, datos, realidad. Nada de conceptos abstractos".
Min-jun dejó el teléfono sobre la mesa, boca abajo. —Mañana decido el futuro de mi carrera —confesó—. Se supone que debo convencer a un grupo de personas de que el acero y el cristal son lo más importante. Pero ahora mismo, solo puedo pensar en por qué el color rojo de tu cuadro no se me va de la cabeza.
Hana lo miró fijamente. Notó que, sobre la mesa, la mano de Min-jun estaba cerca de la suya. No se tocaban, pero ella podía sentir el calor que emanaba de su piel. —Quizás no tienes que convencerlos de que el acero es importante —sugirió Hana suavemente—. Quizás tienes que convencerlos de que ese edificio es el lugar donde las personas se encontrarán. El destino necesita lugares donde ocurrir.
Min-jun se quedó pensativo. En ese momento, la dueña del local trajo los cuencos humeantes. Al dejarlos, la mujer, una anciana de manos arrugadas y mirada perspicaz, se detuvo un segundo a observar a la pareja.
—Vaya... —exclamó la mujer con una sonrisa pícara—. Hacía tiempo que no veía un nudo tan apretado.
Hana se sonrojó de inmediato, sabiendo a qué se refería. Min-jun, confundido, preguntó: —¿Un nudo? ¿En la sopa?
La anciana soltó una carcajada y señaló el espacio entre ellos dos. —No en la sopa, joven. En el aire. Tengan cuidado, cuando el hilo se enreda así, ya no hay forma de desatarlo. Solo queda seguir el camino.
Al terminar de cenar, Min-jun acompañó a Hana de vuelta a la puerta de la galería. El ambiente era distinto al de la tarde. Había una promesa implícita en el aire.
—Tengo que irme a preparar la presentación —dijo Min-jun, aunque sus pies no parecían querer moverse—. Pero... ¿podría verte mañana? Después de la reunión. Gane o pierda, creo que necesito hablar con la persona que pintó ese hilo.
Hana asintió, sintiendo un revoloteo en el estómago que nunca antes había experimentado. —Estaré aquí. O en algún lugar donde el hilo me lleve.
Min-jun dio un paso atrás, se despidió con la mano y empezó a caminar hacia la estación de metro. Sin embargo, a mitad del callejón, se detuvo y se miró la muñeca. Por un segundo, solo por un segundo, bajo la luz de una linterna roja de un puesto cercano, le pareció ver un finísimo destello carmesí que se extendía desde su mano hacia la oscuridad, justo en la dirección donde estaba Hana.
Se frotó los ojos y el destello desapareció. Pero la sensación de que ya no estaba solo en Seúl se quedó con él durante todo el trayecto de vuelta a Gangnam.