El hombre lobo y la vampira

Capítulo 4: Guiada

 

— Es mejor que te retires a tu cuarto — le instó con voz suave, pero cargada de autoridad.

— ¿Tengo cuarto? — preguntó con  ironía.

— Retomaremos la conversación más tarde — declaró él, sus ojos centelleando con un misterio que la intrigaba aún más.

— ¿Acaso tus amigos no saben que tienes a una vampira?

— Por favor, solo ve — pronunció él en un tono más alto.

La súplica que detectó en su tono resonó en su interior, pero sabía que no debía mostrar debilidad.

— Eso no tiene sentido. Olerá mi sangre.

— No, si tomaste la bebida — respondió él, sus palabras emitiendo una nota de calma en medio del misterio que la rodeaba.

— ¿Qué le echaste? — inquirió Evangeline, sintiendo un destello de desconfianza.

—Te dije que los vampiros del culto te sorprenderían, preciosa, ahora no. Ve y obedece — ordenó él con una mirada intensa que no dejaba lugar para la discusión.

Con una mezcla de curiosidad y una extraña obediencia, Evangeline siguió a Fenrir a través de una puerta que él cerró apartandola. Esperó con anticipación, tratando de captar cualquier indicio de lo que estaba sucediendo al otro lado de la puerta.

— ¡Fenrir! — resonó una voz masculina, cargada de irritación y urgencia.

Escuchó con atención mientras la conversación se desarrollaba en el otro lado de la puerta.

— Ulric, y esa entrada y alborotarme toda la casa. Espero que Adrián no haya sufrido los estragos de tu impaciencia — expresó Fenrir con una nota con una voz viva.

— El hombre estará bien o eso creo. Puede esquivarlo y lo dejé dormido, deberías mejorar en tus guardias — respondió Ulric, dejando entrever una actitud despreocupada.

— ¿Qué te trae por aquí, amigo?

— Hay rumores en la manada, rumores de que estás albergando a una vampira. ¿Es eso cierto? — preguntó la otra voz con firmeza y un toque de incredulidad.

Evangeline esperaba ansiosa una respuesta, pero una misteriosa mujer con una vela sobre un posillo dorado la persuadió con señas para que la siguiera. Sin dudarlo, siguió a la enigmática figura de cabello blanco por pasillos oscuros y silenciosos, iluminados por la suave luz de las velas.

Llegaron a una habitación, un remanso de tranquilidad y belleza en medio del misterio que la rodeaba

La mujer de cabello plateado se despidió con un gesto solemne, sintió curiosidad por uno cuentos infantiles, un sentimiento de melancolía la embargó. Recordó con cariño los momentos de su infancia cuando su madre le leía esos cuentos antes de dormir. La inocencia y la felicidad de aquellos tiempos parecían tan lejanos ahora,  su vida parecía una sombra al lado de esa temprana candidez.

En ese instante, Evangeline tocó un rastro de su humanidad, una chispa de compasión que había estado enterrada bajo capas de supervivencia y frialdad. Dejo que un hilo de luz del sol entrara al delizar un poco las cortinas y la quemara una parte de su piel para demostrar que no tenía escapatoria. Pero no se sentía del todo encarcelada al contrario había paz en todo lo que le sucedía

Cerró el libro con suavidad y se acomodó en la cama, sintiendo el peso del cansancio y de las preguntas que la asediaban. No podía salir mientras el sol dominara el cielo, así que esperaría hasta la noche para buscar respuestas. ¿Qué la había llevado a este extraño lugar? ¿Por qué Fenrir se comportaba de manera tan enigmática con ella? Aunque pareciera un juego, había algo más profundo. Y sobre todo, ¿por qué Fenrir sentía la necesidad de protegerla? ¿Quién era la persona por la cual él se sentía en deuda?

Lo extraño era que no le preocupaba aquel otro hombre que parecia un peligro.

El sueño finalmente la envolvió

.....

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