La lluvia caía sobre la ciudad cuando Elena salió del pequeño café donde trabajaba. Había sido un día agotador y lo único que quería era llegar a casa.
Caminó unas cuadras sin prestar demasiada atención a las personas que pasaban a su lado. Hasta que alguien chocó contra ella.
—Perdón —dijo una voz masculina.
Elena levantó la mirada.
Frente a ella había un hombre que jamás había visto. Vestía de negro y tenía una mirada seria, casi imposible de descifrar.
—¿Estás bien? —preguntó él.
—Sí… estoy bien.
Él asintió y siguió caminando.
Elena lo observó alejarse, sin saber por qué aquel encuentro tan breve había conseguido dejarla inquieta.
Lo que todavía no sabía era que volvería a encontrarse con él.
Y esa vez, sus vidas cambiarían para siempre.