El hombre sin Corazón [cuento Ver]

Capítulo único

Canción para leer: The Truth Untold - BTS

***

Era en aquel entonces la ciudad Encantada. Lugar donde toda persona habitante de allí era feliz. Cumplían metas, objetivos y sueños. Todos conocían a todos, cada vecino se llevaba bien con el otro. Vivían en total armonía. Tan suave como la luz de la luna llena.

Pero había algo que casi nadie sabía. En una vieja torre, vivía un extraño ser de mirada espeluznante. Un ser de fuertes manos y piel pálida más fría que el hielo puro. Nadie más lo acompañaba, era él y su torre.

Por los rumores sobre aquella torre desgastada y quien podría vivir allí, las personas no se adentraban al bosque, ni mucho menos salían de casa cuando llegaba el anochecer. Se decía entre susurros que aquel monstruo te devoraría la piel sin dejar ni un solo rastro de ti.

Pero, ¿quién le había dado vida a ese monstruo? ¿Desde cuándo se rumoreaba de aquel? Solo él sabía su propia historia de memoria, porque fue lo único a lo que pudo aferrarse durante mucho tiempo.

Hacía ya cien años, cuando un hombre joven de nombre Patrick se mudó a la ciudad Encantada con el mismo sueño que muchos otros jóvenes de aquella época: ser feliz y formar una familia.

No fue mucho tiempo después cuando conoció a una hermosa mujer no mayor que él y luego de un tiempo de compartir una bella amistad, pasaron a tener un muy feliz matrimonio. Ella se mudó con Patrick y unos años después, creyeron que ya era tiempo de formar una familia.

Pero los días, meses y años que pasaron juntos se hicieron devastadores cuando cayeron en cuenta que no podrían tener ningún bebé.

—Liria...

Su voz se escuchó en un pequeño susurro, un llamado suave, una necesidad de consolación. Pasó un brazo por su cintura, abrazándola por detrás y besando la curva de su cuello. Estaban juntos en la pequeña cocina, su bella esposa cortando algunas verduras sobre la madera fría mientras sollozaba en silencio.

—No, Patrick —su voz se quebró y llevó el dorso de su mano a su mejilla para limpiar una de sus lágrimas—. Es por nada. Ya lo hemos intentado, ya hemos ido a los mejores médicos de la ciudad... o al menos con el dinero que nos alcanza... y nosotros...

—Shhh... —la calló suavemente, acariciando su vientre—. Algún día funcionará. Algún día este hermoso vientre dará a luz al bebé más bello de toda la ciudad.

La giró para mirarla a los ojos. Sus palabras eran promesas suaves de amor, del deseo crudo.

—Liria, pronto tendremos un bebé. No sabemos cuándo ni cuánto tendremos que esperar, pero si le rezamos a Dios, si tenemos fe...

—¿Y de qué nos ha servido la fe? Dime, Patrick —sus labios se apretaron en una línea temblorosa, sus ojos se llenaban de lágrimas tibias—. Llevamos más de cinco años deseando ser padres y no lo hemos logrado.

Se aferró a sus brazos, buscando respuestas en sus ojos.

—Dime cuánto tiempo voy a tener que esperar a que Dios nos ayude.
Su corazón se estrujó. Su pecho dolió. ¿Cómo podía responderle a su esposa esas preguntas cuando ni él sabía la respuesta?

Extendió una de sus manos y acarició el rostro de su amada, su pulgar limpiando una de sus lágrimas.

—No lo sé, Liria. No lo sé.

Y ello fue suficiente para verla romper en llanto desesperado. Cerró los ojos, se aferró a su pecho y lloró como una niña por no poder tener al niño que tanto deseaban.

El tiempo se hizo pesado. Cada tic tac de un reloj perdido sin poder cumplir su más grande sueño. Dolía para ambos, pero mucho más para ella. Su amada empezaba a envejecer y ver la melancolía en sus ojos cada mañana, lo hizo tomar una decisión desesperada.

Tenía que crear vida.

No era científico, pero su padre lo fue cuando él era un simple niño. Y le había dejado como herencia varios libros de ciencias, los cuales nunca leyó. Esa mañana de abril, puso en marcha su plan. Juntó y creó piezas, las cosas de la casa poco a poco desaparecían para usarlas en su experimento. Pero aquellos que creyó solo serían días, se hicieron otros duros años de sufrimiento.

Con ello, llegó la decepción de aquella persona que más amaba. La mirada de su esposa lucía cada vez más apagada... más dolorosa, más desolada.

Ya no estaba allí con ella, aunque su cuerpo estaba presente. Siempre hablaba de crear un hijo, de darle lo que siempre quiso con él, pero lo que él no sabía, es que se estaba perdiendo a sí mismo por una idea desquiciada, y con ello, a su esposa.

Ya no era el hombre de quién se enamoró. Ese... ese no era su Patrick.

Sus ojos eran cínicos, su forma de actuar, de ver el mundo habían cambiado por completo. Pasaba noches enteras sin dormir, mientras que Liria lloraba silenciosamente en la cama, esperando a que el amor de su vida vuelva a ser el mismo de antes.

Pero así como los años pasaron, el hogar que habían construido se destruyó.

Cuando estuvo a punto de terminar con su único objetivo, el amor de su vida lo abandonó.

La casa se sintió vacía. Él se sintió vacío. Las lunas que pasó pensando en ella fueron las que determinaron su siguiente decisión. Porque, aunque sufrió hasta casi darse por vencido, continuó hasta lograr su loca obsesión. Y muy a pesar de que el tiempo le pasó factura y había desperdiciado más de la mitad de su vida, lo logró.

Le dio vida a su creación y lo llamó «Charlie».

Era un hombre, de piel y labios pálidos. Su cabello era negro y su forma de comportarse era extraña. Quiso enseñarle muchas cosas, una de ellas era sentir emociones, sin embargo, todo era en vano, no lo lograba, pues le faltó construir algo más para su hijo: Un corazón.

Pero ya era demasiado tarde.

Aquella última luna de vida, tomó la mano de Charlie y le dijo sus últimas palabras:

«Perdóname, hijo. Si alguna vez logras sentir, si alguien tiene la bondad de darte un corazón, ama a esa persona más de lo que te amo yo a ti».



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En el texto hay: fantasia, cuento corto, romance

Editado: 25.04.2026

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