Una y otra vez reprodujo el video.
La silueta seguía allí.
Inmóvil.
Observándolo.
Cada vez que llegaba a ese momento, una sensación helada recorría su espalda.
A la mañana siguiente decidió mostrar la grabación a sus amigos.
—Seguro es una sombra —dijo Héctor.
—O alguien escondido en el hospital —añadió Manuel.
Pero ninguno pudo explicar lo que ocurrió después.
Al ampliar la imagen, descubrieron algo inquietante.
La niña no tenía sombra.
Y sus ojos parecían completamente oscuros.
Daniel cerró el video de inmediato.
No quería volver a verlo.
Sin embargo, esa misma noche recibió una notificación.
Su teléfono había grabado un nuevo archivo.
Él estaba seguro de no haber usado la cámara.
Con manos temblorosas abrió el video.
La pantalla mostró un pasillo.
El mismo pasillo del hospital.
Pero esta vez la cámara avanzaba sola.
Como si alguien la estuviera sosteniendo.
El recorrido terminó frente a la puerta cerrada del área de pediatría.
Y entonces apareció un mensaje escrito sobre la pared.
"No debiste irte."
Daniel dejó caer el teléfono.
El corazón le golpeaba el pecho.
Lo más aterrador era que nadie había grabado ese video.
Y el archivo tenía la fecha de esa misma noche.
A la medianoche escuchó tres golpes en la ventana de su habitación.
Toc.
Toc.
Toc.
Daniel reunió valor y miró hacia afuera.
No había nadie.
Pero en el cristal empañado apareció lentamente una frase.
"Regresa."
Daniel comprendió que aquello no había terminado.
Y que algo del hospital sabía dónde vivía.
Continuará...