Toc...
Toc...
Los pasos resonaban en el pasillo.
Lentos.
Pesados.
Como si algo arrastrara los pies mientras avanzaba hacia la habitación de Daniel.
La casa estaba completamente oscura.
Solo la luz de la luna entraba por la ventana.
Daniel contuvo la respiración.
Los pasos se detuvieron frente a la puerta.
Silencio.
Un silencio tan profundo que podía escuchar los latidos de su propio corazón.
Entonces...
CRAAACK...
La madera de la puerta comenzó a doblarse lentamente.
Como si alguien estuviera presionando desde el otro lado.
Daniel retrocedió hasta quedar pegado a la pared.
Su teléfono vibró.
Una vez.
Lo sacó rápidamente.
Había un mensaje nuevo.
No tenía número.
No tenía nombre.
Solo decía:
"NO ABRAS."
En ese mismo instante, alguien golpeó la puerta.
¡BUM!
Daniel dio un salto.
Otro golpe.
¡BUM!
Y otro.
¡BUM!
La puerta temblaba.
Las bisagras chirriaban.
Parecía que algo intentaba entrar.
De pronto, la voz de una niña susurró desde el teléfono.
—Escóndete...
Daniel corrió hasta el armario y se metió dentro.
Cerró la puerta con cuidado.
Intentó no hacer ruido.
Afuera, los golpes continuaban.
Más fuertes.
Más violentos.
Hasta que de repente...
Se detuvieron.
Todo quedó en silencio.
Pasó un minuto.
Luego dos.
Luego cinco.
Daniel creyó que había terminado.
Pero entonces escuchó algo dentro del armario.
Justo detrás de él.
Una respiración.
Lenta.
Profunda.
Helada.
Daniel sintió que la sangre se le congelaba.
Porque él estaba completamente solo dentro del armario.
O al menos eso creía.
Con muchísimo miedo giró lentamente la cabeza.
Y en la oscuridad vio dos ojos blancos abiertos.
Observándolo desde apenas unos centímetros de distancia.
Continuará...