El hospital abandonado

Capitulo 9: El sotano prohibido

El ruido metálico volvió a escucharse.

CLANG… CLANG… CLANG…

Provenía detrás de la puerta oculta.

Daniel se acercó lentamente.

Cada paso le pesaba como si el aire se hubiera vuelto más denso.

La fotografía aún estaba en sus manos.

La figura tachada seguía sintiéndose… viva.

Daniel respiró hondo y empujó la puerta metálica.

CRRREEEEC…

Se abrió con dificultad.

Un olor a humedad profunda salió desde el interior.

Y una escalera descendía hacia la oscuridad.

No había luz.

Solo un vacío frío que parecía no terminar.

Desde abajo se escuchó una voz muy débil.

—No bajes…

Daniel se detuvo.

Reconoció esa voz.

Sofía.

Pero ahora sonaba diferente.

Más distante.

Más desesperada.

—¿Sofía? —susurró.

Silencio.

Luego otra voz apareció.

Pero esta no era la de la niña.

Era grave.

Rota.

Como si hablara desde muchos lugares al mismo tiempo.

—Ella ya no está aquí…

La linterna comenzó a fallar.

La luz parpadeaba mientras iluminaba las escaleras.

Daniel bajó un escalón.

Luego otro.

Y otro.

Hasta que la oscuridad lo tragó casi por completo.

El sótano era enorme.

Más grande de lo que el hospital debería permitir.

Había camillas alineadas.

Carritos médicos oxidados.

Y en las paredes…

marcas.

Decenas de marcas.

Como si alguien hubiera contado los días.

En el centro del lugar había una puerta de hierro reforzado.

Sellada con cadenas.

Y sobre ella, escrito con pintura desgastada:

“CONTENCIÓN 217”

De pronto, las cadenas comenzaron a moverse.

Como si algo desde dentro estuviera despertando.

CLANK… CLANK…

Daniel dio un paso atrás.

Pero el suelo bajo sus pies se hundió ligeramente.

Como si no fuera sólido.

Como si hubiera algo vivo debajo.

La voz volvió a escucharse.

Más cerca.

—Siempre regresan…

La cadena superior se rompió.

¡CRASH!

Luego otra.

¡CRASH!

Daniel retrocedió corriendo, pero el pasillo detrás de él ya no estaba igual.

Se había alargado.

Deformado.

Como si el hospital cambiara su forma.

Y entonces, la última cadena cayó.

La puerta de contención se abrió lentamente.

Desde dentro, una oscuridad absoluta comenzó a salir.

Pero no era solo oscuridad.

Era algo que se movía.

Algo que respiraba.

Y en medio de esa negrura…

dos ojos blancos se abrieron.

Mirándolo directamente.

Continuará…




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