Daniel miró las tres puertas flotando en el vacío.
Cada una respiraba de manera distinta.
La puerta 217 brillaba con una luz suave, casi cálida.
La puerta 001 parecía absorber todo lo que la rodeaba.
Y la puerta sin número… no se movía.
No reaccionaba.
Como si no perteneciera a nada.
Sofía habló primero.
—No todas las salidas te llevan afuera.
La figura de Daniel sonrió detrás de ellos.
—Pero todas te llevan a un resultado.
El espacio comenzó a vibrar otra vez.
Las puertas se acercaban lentamente, como si el lugar quisiera obligarlos a decidir rápido.
Daniel dio un paso hacia la puerta 217.
Sofía lo detuvo.
—Esa no es la misma de antes.
—¿Entonces cuál es?
Ella bajó la mirada.
—Ninguna lo es.
La figura dio un paso hacia la puerta 001.
—Esa es continuidad sin conciencia.
Luego miró la sin número.
—Esa es olvido total.
El vacío se agitó.
Imágenes comenzaron a aparecer dentro de cada puerta:
Sofía apretó su mano.
—Si eliges sin pensar… te quedas aquí para siempre.
Daniel cerró los ojos.
Y por primera vez no escuchó miedo.
Escuchó recuerdos.
El grito de Sofía.
El colapso.
La fotografía.
El interruptor.
Cuando abrió los ojos, miró la puerta sin número.
La figura frunció el ceño.
—Esa no es opción.
Sofía lo miró sorprendida.
—Daniel…
—Si todo esto es un ciclo —dijo él— entonces la única forma de detenerlo… es que no haya nadie para continuar.
El vacío tembló.
Las tres puertas comenzaron a romperse.
La figura gritó:
—¡Eso no es salir!
Pero ya era tarde.
Daniel dio un paso hacia la puerta sin número.
Y Sofía lo siguió.
El espacio se quebró como vidrio.
Continuará…