El mundo seguía ahí… pero él no estaba seguro de que fuera el mismo mundo.
El viento sonaba normal.
El cielo parecía normal.
Pero su mente no.
Cada vez que intentaba recordar a Sofía con claridad… algo se rompía.
Su rostro cambiaba.
Su voz se perdía.
Como una señal débil.
La fotografía en su mano empezó a calentarse.
No físicamente.
Sino como si reaccionara a su pensamiento.
Y entonces ocurrió.
En la imagen, el espacio vacío a su lado… parpadeó.
Por un segundo… Sofía apareció.
Solo un instante.
Mirándolo.
Daniel retrocedió.
—No estás borrada…
La imagen volvió a estabilizarse.
Pero algo había cambiado.
Ahora había una grieta diminuta en el borde de la fotografía.
Y desde esa grieta… salió una voz.
Débil.
Interrumpida.
—No me dejaron… ir completa…
El aire alrededor de Daniel se volvió pesado otra vez.
El suelo bajo sus pies mostró líneas.
Como si algo estuviera intentando dibujar el hospital desde abajo.
Daniel miró alrededor.
El campo ya no era campo.
Era una versión incompleta del hospital.
Como si estuviera creciendo de nuevo… pero mal.
La voz volvió.
—El error no fue cerrado…
Las paredes comenzaron a formarse lentamente alrededor de él.
Y entonces…
una puerta apareció en medio del aire.
La misma puerta.
Pero ahora tenía un número escrito a mano:
217
Daniel sintió un escalofrío profundo.
—Esto no terminó…
La puerta se abrió sola.
Pero esta vez no había hospital dentro.
Había una habitación.
La habitación 217.
Y dentro…
Sofía.
De pie.
Mirándolo directamente.
Pero no era la misma Sofía.
Sus ojos no tenían miedo.
Ni tristeza.
Solo certeza.
—Ahora entiendes… —dijo ella.
Daniel dio un paso hacia la puerta.
—¿Qué está pasando?
Sofía señaló alrededor.
—Esto no es reconstrucción…
El suelo tembló.
Las paredes incompletas del hospital empezaron a crecer más rápido.
—Es infección.
La palabra cayó como un golpe.
El hospital no había desaparecido.
Solo había empezado a crecer dentro del mundo real.
Y Daniel… era el primer punto estable.
La puerta comenzó a cerrarse.
Sofía extendió la mano.
—Si no haces algo ahora… todo se vuelve 217.
El número resonó en su mente.
Como una sentencia.
Daniel respiró hondo.
Y dio un paso hacia la habitación.
Continuará…