No parecía una puerta.
Parecía una herida.
Una herida en la realidad.
Daniel y Sofía se acercaron.
El aire se volvió frío.
Cada paso hacía que los recuerdos regresaran.
Todo parecía familiar.
Demasiado familiar.
Cuando cruzaron la grieta, comprendieron por qué.
Habían llegado al primer 217.
No era el hospital abandonado que Daniel conocía.
Era el hospital original.
Nuevo.
Limpio.
Lleno de vida.
Se escuchaban voces lejanas.
Pasos.
Carritos médicos.
Puertas abriéndose.
Pero algo estaba mal.
Todo ocurría en silencio.
Como una película sin sonido.
Sofía observó alrededor.
—Este es el momento donde comenzó todo.
Al fondo del pasillo apareció una puerta.
La misma puerta.
La primera.
Daniel sintió un escalofrío.
Porque sabía que detrás de ella estaba el origen de todos los ciclos.
La puerta se abrió sola.
Dentro no había monstruos.
No había sombras.
No había oscuridad.
Había un hombre.
Un médico.
Estaba sentado frente a una mesa llena de documentos.
Parecía cansado.
Asustado.
Y por primera vez, Daniel vio a la persona antes de convertirse en la entidad.
El médico levantó la mirada.
Como si pudiera verlos.
Aunque pertenecieran a otro tiempo.
—Llegaron tarde... —susurró.
Sofía se quedó inmóvil.
—Él puede vernos...
El médico señaló una carpeta.
Sobre ella había un número escrito.
Y debajo una frase:
"Proyecto de Contención."
Daniel sintió un nudo en el estómago.
Todo empezó ahí.
No con fantasmas.
No con maldiciones.
Con una decisión humana.
El médico cerró los ojos.
Y una lágrima cayó sobre los documentos.
—Intenté salvarlos... —dijo.
—Y los condené.
Las luces comenzaron a apagarse una por una.
El primer ciclo estaba a punto de comenzar.
Y Daniel comprendió algo aterrador:
Si querían terminar la historia para siempre...
Debían impedir que ocurriera.
Continuará...