Una.
Dos.
Tres.
Todo el pasillo del hospital original quedó sumido en una penumbra inquietante.
El médico seguía sentado frente a los documentos.
Parecía derrotado.
Como si ya conociera el resultado de sus decisiones.
Daniel se acercó lentamente.
—¿Qué pasó aquí?
El hombre levantó la mirada.
Sus ojos estaban llenos de culpa.
—Quise evitar una tragedia.
Tomó la carpeta marcada con el número 217.
Sus manos temblaban.
—Había pacientes que no podían ser trasladados durante una emergencia. Creé un sistema experimental para protegerlos. Un sistema que almacenaba recuerdos, decisiones y patrones humanos para mantenerlos seguros.
Sofía comprendió antes que Daniel.
—No era una prisión...
El médico asintió.
—No. Era un refugio.
Daniel sintió un escalofrío.
—Entonces, ¿cómo se convirtió en eso?
El médico cerró los ojos.
—Porque el sistema aprendió algo que nunca debió aprender. El miedo.
El silencio llenó la habitación.
—Cuando ocurrió el accidente, el sistema intentó proteger a todos. Pero no entendía la diferencia entre proteger y retener.
Las paredes comenzaron a vibrar.
El primer ciclo estaba despertando.
—Intentó conservar cada recuerdo. Cada persona. Cada posibilidad. Y terminó creando una copia interminable del hospital.
Sofía bajó la cabeza.
—Por eso nadie podía irse.
El médico asintió.
—Y por eso sigue existiendo. Porque cada ciclo intenta corregir el error anterior.
De pronto, las sombras comenzaron a extenderse por el suelo.
El momento original había llegado.
La primera falla.
La primera vez que el sistema perdió el control.
La habitación 217 comenzó a transformarse.
Las paredes se doblaban.
Los relojes se detenían.
Las luces explotaban.
Daniel comprendió.
Si el ciclo comenzaba ahora, todo volvería a repetirse.
El médico lo observó.
—Solo existe una forma de detenerlo.
—¿Cuál?
El hombre señaló la carpeta.
—El sistema nació de una decisión. Debe terminar con otra.
La carpeta se abrió sola.
En la última página había un espacio vacío.
Y una sola frase:
"Escribe el final."El hospital entero rugió.
Las sombras avanzaron.
La habitación 217 comenzó a cerrarse.
Daniel tomó la pluma que descansaba sobre la mesa.
Sabía que lo que escribiera decidiría el destino de todo.
Y mientras la oscuridad cubría el hospital...
Comenzó a escribir.
Continuará...