El hospital donde nadie se va

Capítulo 4: Prohibido salir, prohibido gritar

😈🖤

Valeria Montenegro descubrió una cuarta cosa importante esa noche:

reírse mientras tiene miedo es una pésima estrategia de supervivencia.

—No —dijo lentamente—. No voy a ser guardiana de nada.
(señaló las paredes)
Yo cuido pacientes vivos. Que respiren. Con pulso. Con acta de nacimiento.

El hospital respondió apagando todas las luces.

—Ajá —añadió ella—. Veo que acepta críticas constructivas.

Las puertas del sótano comenzaron a **latir**.
No cerrarse.
Latir.

—Eso no es normal —dijo Valeria.

—Nada aquí lo es —respondió Octavio—. Por favor, dime que sabes correr.

—Corro cuando me persiguen impuestos o exnovios. ¿Fantasmas cuentan?

Un alarido atravesó el pasillo superior.
No humano.
No muerto.
Algo intermedio.

—Ese es nuevo —dijo Octavio.

—¡CLARO QUE ES NUEVO!

Las paredes se llenaron de sombras con batas antiguas.
Manos salían de ellas, intentando tocar a Valeria.

—¡No me toquen! —gritó ella—. ¡NO HE DESAYUNADO!

Una sombra susurró:

—Quédate…

—¡NO, GRACIAS!

De pronto, un fantasma atravesó a Octavio.

Valeria gritó… y luego se quedó en silencio.

—…¿Estás bien?

Octavio se miró el pecho.

—Sí.

—¿Seguro?

—Creo que ahora veo colores nuevos.

—Excelente, eso es súper útil ahora mismo.

Desde el fondo del pasillo apareció una enfermera espectral, flotando, con ojos completamente negros.

—La guardiana debe aceptar —entonó—. O todos gritaremos.

—¿Ves? —dijo Valeria—. Esto es chantaje emocional.

La enfermera se acercó demasiado.

—Tu miedo nos alimenta.

Valeria respiró hondo, temblando.

—Pues van a engordar, porque estoy ATERRADA.

De repente, Don Eusebio apareció empujando su carrito, silbando.

—Buenas noches, almas en pena —saludó—. ¿Otra vez molestando a los nuevos?

Las sombras se detuvieron.

—Eusebio —susurró Valeria—. ¿Por qué no estás muerto?

—Porque tengo hipertensión, no mala suerte —respondió él.

El carrito empezó a sonar como campana.
Las sombras retrocedieron.

—Respeto, por favor —añadió Don Eusebio—. El hospital todavía está en horario laboral.

Silencio absoluto.

Valeria lo miró.

—Cuando esto acabe… necesito respuestas.

—Las doy con café —sonrió él—. Descafeinado, por favor. A los fantasmas no les gusta la cafeína.

Octavio se acercó a Valeria, bajando la voz.

—No te van a dejar ir.

—Genial —respondió ella—. ¿Hay sindicato al menos?

Una sombra se inclinó frente a Valeria.

—Acepta…

—No —dijo ella—. Pero tampoco voy a huir.

El hospital tembló.

Las luces volvieron.

La sombra sonrió.

—Entonces quédate.

Valeria sintió un tirón en el pecho.
No dolor.
Responsabilidad.

—Octavio… —susurró—. Algo se rompió en mí.

Él la sostuvo del brazo.

—No. Algo despertó.

Desde el techo cayó polvo.
Una risa grave recorrió el hospital.

—Ella es mía ahora —susurró la voz.

Don Eusebio se persignó.

—Uy… —dijo—. Ese no estaba en el presupuesto.

Valeria tragó saliva.

—¿Quién fue eso?

Octavio apretó la mandíbula.

—El director.

El hospital apagó la última luz.

Y por primera vez, Valeria rió de puro terror.

---

💀😂🖤😈




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.