El hospital donde nadie se va

Capítulo 5: El director siempre pasa visita

😈🖤

El silencio que siguió fue peor que los gritos.

Valeria lo supo porque el hospital respiraba.
Las paredes crujían suave, como pulmones viejos.

—Cuando dijiste “el director”… —empezó ella— …¿hablabas de un señor con corbata o de una entidad que se alimenta de almas?

Octavio tardó demasiado en responder.

—Ambas cosas —dijo al final.

—Perfecto —suspiró Valeria—. Porque odio las reuniones administrativas.

Los pasos comenzaron desde el fondo del pasillo.
Lentos. Medidos. Educados.

Tac.
Tac.
Tac.

Una figura apareció entre la neblina: alto, delgado, traje oscuro impecable, rostro amable… demasiado amable.
No flotaba. Caminaba.

—Buenas noches —saludó con voz suave—. Qué alegría ver personal nuevo.

Valeria sintió ganas de vomitar.

—No le contestes —susurró Octavio—. No cuando está así.

—¿Así cómo?

—Cordial.

El hombre sonrió.

—Doctor Salazar —dijo—. Aún tan protector.
(miró a Valeria)
Y usted debe ser Valeria Montenegro. Qué gusto al fin conocer a nuestra nueva adquisición.

—Soy enfermera, no impresora —respondió ella—. No se adquiere gente.

El director ladeó la cabeza, divertido.

—Oh, aquí sí.

Las luces del pasillo se encendieron una por una detrás de él, revelando pacientes alineados, inmóviles, observando.

—¡No los mires! —dijo Octavio, acercándose a Valeria.

—Ya los miré —susurró ella—. Todos. Al mismo tiempo.

El director dio un paso más.

—Valeria, querida… —dijo—. El hospital te eligió porque tú no obedeces. Y eso nos hace falta.

—¿Para qué? —preguntó ella, temblando—. ¿Para limpiar fantasmas?

—Para mantener el equilibrio —respondió él—. Alguien debe impedir que salgan.

—¿Y si quiero irme?

El director sonrió más.

—Nadie quiere irse al principio.

Un alarido cortó el aire.
Uno de los pacientes se abalanzó.

Octavio empujó a Valeria contra la pared, cubriéndola con su cuerpo.

—¡NO! —gritó él—. ¡Ella no todavía!

Silencio absoluto.

El director suspiró.

—Octavio… —dijo con decepción—. Siempre igual.

Valeria levantó la mirada lentamente.

—¿Qué quiso decir con “todavía”?

Octavio no respondió.

—DIME —exigió ella—. AHORA.

El director sonrió, encantado.

—Porque el doctor Salazar **ya intentó irse una vez**.

Valeria lo miró como si le hubieran arrancado el suelo.

—¿Qué?

—Murió —dijo el director con naturalidad—. En 1986.
Y decidió quedarse.

Valeria sintió que el aire le faltaba.

—¿Tú… estás muerto?

Octavio cerró los ojos.

—No del todo.

—¿Y trabajas aquí?

—Turno completo —murmuró él—. Sin vacaciones.

El director dio una palmada suave.

—Y ahora tenemos una guardiana viva —anunció—. Una combinación exquisita.

Valeria se rió.
Una risa histérica.

—¿Sabes qué es lo peor? —dijo—. Que aún así…
(miró a Octavio)
…me importas.

Octavio la miró con algo peligroso en los ojos.

—No deberías.

—Siempre he tenido mal gusto.

Por un segundo, el mundo desapareció.
Silencio. Cercanía. Respiraciones mezcladas.

Octavio inclinó el rostro.

Valeria cerró los ojos.

Y entonces—

—DISCULPEN —gritó Don Eusebio desde el fondo—. ¿Esto es antes o después del apocalipsis? Porque tengo que trapear.

El momento murió violentamente.

—¡EUSEBIO! —gritó Valeria—. ¡LEEMOS LA HABITACIÓN!

El director chasqueó la lengua.

—Qué lástima —dijo—. Casi.

Se acercó a Valeria por última vez.

—Descansa, guardiana —susurró—. Mañana aprenderás qué pasa cuando alguien sí logra irse.

Desapareció.

Las luces volvieron a la normalidad.
Los pacientes también.

Valeria se apoyó contra la pared, agotada.

—Octavio…

—Lo sé —dijo él—. Te mentí.

—No —respondió ella—. Me protegiste.

Silencio incómodo.

—Sigo odiándote —añadió.

—Lo esperaba.

Ella lo miró, cansada… pero firme.

—Y aun así… no pienso dejarte solo en este infierno.

Octavio sonrió por primera vez de verdad.

—Entonces bienvenida —dijo—.
A donde nadie se va.

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🖤😈😂💀🏥




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