El hospital donde nadie se va

Capítulo 9: Entrenamiento nivel "casi muero de risa y miedo"

El sótano se había convertido en un campo de batalla caótico.
Valeria empujaba camillas imaginarias, esquivaba sombras, y Don Eusebio gritaba instrucciones que nadie entendía completamente.

—¡Cuidado! —gritó él—. Ese fantasma no aprueba errores.

Una sombra enorme salió disparada hacia Valeria, lanzando un estetoscopio que golpeó la pared y rebotó directamente en su hombro.

—¡AHHH! —gritó ella, mientras rodaba y caía sobre Octavio—.
¡Casi me muero!

Octavio la sostuvo, atrapándola contra su pecho.

—Tranquila —susurró—. Solo es un fantasma que quiere humillarte.
Nada grave… usualmente.

Valeria lo miró, respirando con fuerza, mientras sentía que su corazón latía demasiado cerca del suyo.

—¿Y esto es normal? —preguntó—. Porque siento que estoy mezclando pánico con adrenalina romántica, y no sé si sobreviviré.

—Bienvenida a San Benito —respondió Octavio—. Donde morir de miedo y de risa es la misma experiencia.

De repente, Don Eusebio apareció arrastrando un carrito lleno de “herramientas fantasmales”, que incluía un frasco de polvo brillante que parecía moverse solo.

—¡Clase de manipulación de espíritus! —anunció—.
Tienes que usar esto para guiar fantasmas rebeldes mientras no pierdes el equilibrio… ni la cabeza.

Valeria suspiró y agarró el frasco.
Al primer movimiento, el polvo voló, cubriéndola de pies a cabeza.
Una sombra invisible le rozó la cara y Valeria gritó.

—¡Oye! —gritó—. ¡Eso es acoso espectral!

Octavio se rió, sujetándola otra vez mientras la ayudaba a ponerse de pie.

—Vamos… casi lo tienes.

—Casi lo tengo —murmuró ella, entre jadeos—.
Casi me desmayo, casi me besas accidentalmente otra vez, casi me vuelvo loca… ¡casi!

Él la miró, serio pero divertido.

—Eso es progreso.

—Progreso… —dijo ella, soltando una risa nerviosa—.
Sí, claro. Progreso mortal con efectos secundarios de romance no deseado.

En ese momento, un grito resonó desde el pasillo.

—¡Valeria! —la voz de Mateo Ríos, el paciente que intentó escapar—.
¡Ayuda! ¡Está ocurriendo otra vez!

Valeria miró hacia el pasillo.
Mateo estaba atrapado en una burbuja de energía que lo levantaba lentamente del suelo, rodeado de fantasmas curiosos.

—¡Otra víctima! —gritó Valeria—. Esto no puede ser legal.

Octavio tomó su brazo.

—Si quieres salvarlo… tendrás que enfrentarte a fantasmas traviesos, esquivar camillas y polvo de espíritu, y mantener la calma…
(o morir de risa y terror al mismo tiempo).

—¡ESTO ES MI VIDA! —gritó Valeria—. Y la odio tanto como me encanta.

Con un salto desesperado, Valeria se lanzó hacia Mateo, esquivando fantasmas que jugaban bromas ridículas: uno le tiró una bata fantasma que la envolvió como momia; otro hizo sonar una alarma que parecía un grito humano mezclado con risa de demonio.

—¡NOOO! —gritó Mateo—. ¡Me van a devolver al hospital!

Valeria agarró su mano.

—¡No hoy, señor fuga!
(a Octavio)
¡Cúbreme, idiota!

Octavio apareció justo a tiempo para empujarla hacia un lado cuando un fantasma gigantesco descendió desde el techo, haciendo una pirueta imposible y aterrizando justo donde estaba Mateo.

—¡MALDITO! —gritó Valeria—. ¡Esto es un circo de horror!

—Es entrenamiento —dijo Octavio, respirando pesado, sosteniéndola cerca—. Y lo estamos haciendo vivos.

Valeria suspiró, mirando a Octavio mientras esquivaban juntos otra avalancha de polvo fantasma.

—No sé si te odio o te necesito —susurró.

—Eso es confuso —dijo él, con una sonrisa casi imperceptible—. Pero también es normal aquí.

El polvo brilló, los fantasmas se dispersaron, y Mateo cayó suavemente al suelo, jadeando.

—¡Gracias! —dijo—. Casi logro escapar… pero ustedes son peores que el hospital.

Valeria rodó los ojos, agotada pero triunfante.

—¡Bienvenido a San Benito, Mateo!
¡Donde nadie se va, y todos aprendemos lecciones absurdas y mortales!

Octavio la miró, con esa mezcla peligrosa de orgullo y afecto.

—¿Sobrevivimos? —preguntó ella, medio sonriendo, medio llorando.

—Por ahora —dijo él—. Y eso es todo lo que importa.

Y mientras el hospital parecía reírse a carcajadas, Valeria comprendió algo más:

en San Benito, el terror y la comedia son inevitables… pero el corazón no siempre lo es.

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😈🖤😂




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