Los pasillos del hospital comenzaron a deformarse: puertas aparecían donde antes no estaban, sombras gigantes atacaban estratégicamente.
—Octavio… esto es peor que ayer —dijo Valeria, jadeando.
—Sí, y peor que mañana —respondió él—. Pero esta vez, tenemos un mapa de salida.
Mateo intentaba descifrarlo mientras los fantasmas hacían bromas personales: imitaban gestos de Octavio, burlándose de Valeria, y algunas camillas voladoras intentaban separarlos.
—¡Cuidado! —gritó Octavio, agarrando a Valeria mientras esquivaban un ataque—. No quiero perderte ahora.
—¡Yo tampoco quiero morir por tus secretos! —dijo ella, mientras chocaban accidentalmente y sus labios se rozaron otra vez.
Esta vez no fue un “casi beso”: Valeria y Octavio se detuvieron, respirando rápido, y se besaron de verdad, un beso que fue mezcla de alivio, miedo y deseo.
—Ahora —dijo Octavio entre jadeos—, sobrevivamos al hospital.
Y así lo hicieron, usando todo lo aprendido: esquivando fantasmas, camillas asesinas y polvo espiritual.
---