😈🖤
seguimos … Con bisturí fino y sin anestesia.....
La cama avanzó sola hasta quedar frente a ellos.
No chirriaba.
No temblaba.
Se movía con la seguridad de algo que sabía exactamente a dónde iba.
Valeria la miró fijamente.
—No pienso acostarme ahí.
La cama se detuvo.
Click.
Como si hubiera tomado nota.
Octavio dio un paso al frente.
—Ella no es paciente.
La luz del techo se encendió de golpe.
Demasiado blanca.
Demasiado correcta.
La voz volvió.
Calma. Profesional. Irritantemente amable.
—Corrección.
—La paciente fue admitida voluntariamente.
Valeria soltó una risa corta.
—¿Voluntariamente?
Mira, yo apenas acepto invitaciones a bodas.
El aire se volvió más denso.
Octavio apretó los puños.
—¿Cuándo?
Silencio.
—Ingreso registrado: previo al evento traumático del sujeto O.
—Motivo: exposición prolongada al entorno.
Valeria parpadeó.
—¿Exposición a qué entorno?
La pared frente a ellos respiró.
No metafóricamente.
Respiró.
Y la casa… dejó de ser casa.
Las paredes se alargaron.
El piso se volvió frío.
El olor a desinfectante regresó, firme, dominante.
Valeria cerró los ojos con fuerza.
—No… no…
Cuando los abrió, ya no estaban en su dormitorio.
Estaban en una sala clínica.
—¡Excelente! —dijo una voz conocida—.
Esto ahorra muchísimo tiempo.
Don Eusebio apareció sentado en una silla giratoria, con una carpeta en las manos y una bata que claramente no era su talla.
—Don Eusebio —murmuró Valeria—.
¿Eres real?
—Eso depende del día —respondió—.
Y de si me pagan horas extra.
Octavio lo miró con furia.
—¿Tú sabías esto?
Don Eusebio hojeó la carpeta.
—Sabía algo.
Pero no todo.
El hospital no confía ni en sí mismo.
Valeria se pasó una mano por el rostro.
—Entonces dime algo, por favor.
¿Yo estuve aquí o no?
Don Eusebio levantó la vista.
Por primera vez… no bromeó.
—Sí.
Pero no como crees.
El estómago de Valeria se contrajo.
—Explícate.
—Tú no viniste como paciente —dijo—.
Viniste como acompañante.
Octavio sintió que el aire se le iba.
—Eso es imposible.
—¿Lo es? —replicó Don Eusebio—.
El hospital detecta vínculos antes que las personas.
Y tú, muchacho…
traías la muerte pegada como perfume barato.
Valeria miró a Octavio.
—¿Cuánto tiempo?
Octavio bajó la mirada.
—Antes de conocerte… yo ya estaba muriendo.
La cama hizo un bip suave.
Aprobatorio.
—El vínculo se formó temprano.
—Paciente secundaria desarrolló apego.
—Resultado: integración incompleta.
—¡¿Paciente secundaria?! —exclamó Valeria—.
¡Mira, si voy a ser paciente, al menos dame un rol protagónico!
Don Eusebio carraspeó.
—Ese es el problema.
Nunca fuiste secundaria.
Silencio.
—El hospital te observó —continuó—.
Te dejó ir.
Pero ahora quiere saber si te quedas.
Octavio se adelantó, desesperado.
—¡No!
Ella no pertenece aquí.
La voz respondió de inmediato:
—El sujeto O no decide eso.
—Su contrato no incluye a terceros.
Valeria lo miró.
—¿Contrato?
Octavio apretó la mandíbula.
—Cuando acepté quedarme…
el hospital pidió algo a cambio.
—¿Qué? —preguntó ella.
—Que no me fuera solo.
Valeria sintió un frío profundo.
—Entonces… ¿yo soy el precio?
Don Eusebio suspiró.
—No exactamente.
Eres la variable.
La cama se movió un poco más cerca.
*
—Consentimiento pendiente.
—La paciente debe decidir.
Valeria miró la cama.
Miró a Octavio.
Lo vio roto. Aterrorizado. Culpable.
Y aun así… lo amaba.
—Esto es enfermizo —dijo—.
Literalmente.
Se acercó a Octavio y tomó su rostro entre las manos.
—Escúchame bien.
Si esto intenta separarnos…
va a tener que hacerlo despierto.
La voz se quedó en silencio.
Por primera vez… dudó.
Don Eusebio sonrió de lado.
—Ah.
Eso no estaba en la historia clínica.
Las luces parpadearon.
—Advertencia.
—La paciente presenta resistencia emocional.
—Iniciar fase de presión.
La sala empezó a cerrarse.
Paredes acercándose.
Sonidos de monitores.
Susurros.
Valeria respiró hondo.
—Octavio…
—Estoy aquí.
—Si el hospital cree que puede jugar con nuestra cabeza…
Él sonrió, oscuro.
—Vamos a jugarle de vuelta.
Y desde algún lugar profundo,
San Benito rió.
No fuerte.
No cruel.
Divertido.
---
🩸🖤😈🏥