😈🖤
Respira hondo,amable lector … porque el hospital acaba de cerrar por dentro.
******
La puerta no se abrió.
Respiró.
Octavio lo sintió antes de cruzar el umbral: un cambio de presión, como si el aire tuviera memoria y no le gustara la suya.
—Genial —murmuró—.
Siempre quise saber cómo se siente ser un expediente con piernas.
Mateo asomó la cabeza detrás de Valeria.
—Pregunta seria: ¿este lugar cubre terapia emocional o solo traumas existenciales?
La puerta se cerró sola.
Del otro lado, Valeria golpeó con el puño.
—¡NO LO TOQUEN!
El hospital respondió con cortesía clínica:
—El sujeto O presenta apego patológico.
—Procedimiento de neutralización emocional iniciado.
Octavio tragó saliva.
—Eso suena… romántico en el peor sentido.
La luz se encendió.
El ala era demasiado limpia.
Demasiado blanca.
Sin manchas. Sin grietas. Sin historia visible.
Eso era lo aterrador.
—Aquí no hay fantasmas —dijo Octavio—.
Solo yo.
Y entonces los monitores se activaron*.
Pantallas flotantes.
Registros.
Voces.
—Paciente masculino, ingreso inicial: negación.
—Síntoma recurrente: sarcasmo defensivo.
—Hey —protestó—.
Eso es parte de mi encanto.
Una camilla apareció detrás de él.
No lo empujaron.
No lo ataron.
Simplemente…
sabía que debía acostarse.
Y eso fue lo peor.
---
Del otro lado del pasillo, Valeria sintió el tirón.
No físico.
Emocional.
Como si alguien hubiera puesto una mano invisible entre sus costillas y apretara justo donde Octavio existía dentro de ella.
—Está empezando —susurró Don Eusebio—.
Lo van a fragmentar.
—¿Fragmentar qué? —gruñó ella.
—Lo que siente por ti —respondió—.
Lo que lo hace… humano.
Valeria cerró los ojos.
Y por primera vez no pidió permiso.
La presencia en su espalda respondió de inmediato.
No habló.
No gritó.
Se expandió.
Las luces parpadearon.
Mateo dio un paso atrás.
—Ok, nota mental:
nunca volver a hacerla enojar.
Valeria abrió los ojos.
—Hospital —dijo, tranquila—.
Eso que estás haciendo…
no es medicina.
El aire se tensó.
—Interferencia detectada.
—Advertencia—
—No —lo interrumpió ella—.
Advertencia te doy yo.
El pasillo cambió.
No se rompió.
Se superpuso.
Por un segundo, San Benito pareció… viejo.
Más viejo que sus muros.
Más viejo que sus protocolos.
—Yo crecí con algo que no era tuyo —continuó Valeria—.
Algo que no cura…
pero protege.
La voz del hospital tembló.
—Entidad no registrada—
—Exacto.
---
Dentro del ala, Octavio comenzó a sentirlo.
Recuerdos que no dolían…
se apagaban.
Su primera risa.
La forma en que Valeria fruncía la nariz cuando mentía.
El miedo… pero también el amor.
—No —susurró—.
Eso no se toca.
Una figura apareció frente a él.
No monstruosa.
No fantasmal.
Valeria.
Pero no era ella.
—Esto es bajo —dijo Octavio—.
Usar su cara.
La figura sonrió sin emoción.
—El apego es una respuesta química.
Puede ser eliminado.
Octavio la miró con furia cansada.
—Entonces hazlo rápido.
Porque ella va a venir…
y cuando lo haga,
te va a doler.
La figura se agrietó.
Las pantallas estallaron.
El ala gritó.
---
Valeria corrió.
No hacia la puerta.
A través del pasillo que no existía antes.
Mateo la siguió.
—No sé dónde vamos, pero siento que voy a necesitar terapia después.
La puerta del ala se abrió sola.
Octavio estaba de rodillas.
Respirando.
Entero… pero al borde.
Valeria no dijo nada.
Lo abrazó.
El hospital retrocedió de nuevo.
—Procedimiento fallido.
—Reevaluación requerida.
Octavio apoyó la frente en su hombro.
—¿Sabes qué es lo más aterrador?
—¿Qué? —susurró ella.
—Que si no hubieras venido…
tal vez habría dejado que lo hiciera.
Valeria apretó más fuerte.
—No pienso dejarte aquí.
Desde las sombras,
San Benito observó.
No con rabia.
Con algo nuevo.
Interés.
Porque ahora sabía algo peligroso:
No podía separarlos sin consecuencias.
Y Valeria…
no estaba sola dentro de sí.
---
🩸🖤😈🏥