El Hospital Que Te Sigue A Casa

Capítulo 11: Consentimiento irreversible

🩸🖤😈🏥
El Protocolo Se Ha Roto....
😈🖤

El suelo ya no era suelo.

Era una grieta suspendida en la nada.

No negra.
No infinita.

Simple.

Honesta.

Un lugar sin paredes que decidieran por ellos.

El hospital respiraba con dificultad detrás.

No colapsaba.

Se reorganizaba.

—Última advertencia —dijo la voz, ahora fragmentada—. La desvinculación implica pérdida.

Valeria entrelazó los dedos con los de Octavio.

—¿Pérdida de qué?

Silencio.

Y entonces lo sintieron.

No como dolor.

Como extracción.

Recuerdos vibrando.

La primera vez que se rieron en la cocina.
El primer “quédate”.
La noche que sobrevivieron al ala de estabilización.

—No —susurró Octavio—. Eso no lo tocas.

—El vínculo fue amplificado por entorno clínico —respondió la voz—. Al salir, se normaliza.

Mateo, detrás de ellos, murmuró: —Eso suena sospechosamente a “pierden intensidad”.

Don Eusebio no sonreía.

—El hospital no puede quedarse con ustedes —dijo—. Pero puede llevarse la versión exagerada de lo que sintieron aquí.

Valeria entendió.

San Benito no solo retenía cuerpos.

Potenciaba emociones.

Miedo.
Dependencia.
Apego.

Si se iban… el amor seguiría.

Pero sin la distorsión.

Más humano.

Más vulnerable.

Eso asustaba.

—Octavio —susurró ella—. ¿Y si sin esto… no somos lo mismo?

Él la miró.

Y por primera vez no había pánico.

Solo claridad cansada.

—Entonces elegimos de nuevo.

El hospital tembló.

—Elección reiterada no garantizada.

—Nada lo está —respondió él.

Valeria respiró hondo.

Sintió la presencia antigua dentro de ella.

Ya no ardía.

Observaba.

Como si su función no fuera pelear… sino acompañar la decisión.

La grieta frente a ellos se estabilizó.

No era caída.

Era salida.

Pero algo más ocurrió.

Las pulseras rotas en el suelo comenzaron a recomponerse.

No como antes.

Una sola.

Con dos nombres.

El hospital habló, más bajo.

—Propuesta final.—Un vínculo permanece.—El otro se libera.—Equilibrio restaurado.

Silencio.

Mateo dio un paso atrás.—Ah. Ahora sí estamos en el punto feo.

Don Eusebio cerró los ojos.

—Si uno se queda… el hospital vuelve a estabilizarse.

Octavio soltó la mano de Valeria lentamente.

Ella lo miró, entendiendo demasiado rápido.

—No —dijo.

—Yo firmé primero —respondió él.

—Y yo crucé contigo.

El núcleo vibró.

—Tiempo agotado.

La pulsera flotó entre ellos.

Valeria sintió el tirón.

No del hospital.

Del miedo.

La idea de perderlo.

La idea de que todo hubiera sido intensificado artificialmente.

La idea de que sin ese exceso… tal vez no bastara.

Y entonces hizo lo más peligroso.

Soltó.

No a Octavio.

Soltó la necesidad de que el hospital validara lo que sentían.

La presencia antigua dentro de ella se expandió suavemente.

No contra el hospital.

Entre ellos.

Como un espacio propio.

Octavio la miró.

Y entendió lo que estaba haciendo.

—No necesitamos que nos sostengas —dijo él al vacío—. Si nos quedamos… es elección. Si nos vamos… también.

La pulsera cayó al suelo.

Y no eligió a nadie.

El hospital emitió un sonido nuevo.

No enojo.
No miedo.

Vacío.

Un sistema sin variable de control.

—Consentimiento irreversible registrado —susurró la voz debilitada.

La grieta se abrió completamente.

Luz no clínica al otro lado.

No blanca.

No perfecta.

Real.

Valeria tomó la mano de Octavio.

No como salvavidas.

Como compañero.

—¿Listo?

—No —respondió él—. Pero vamos.

Y cruzaron.

El hospital no los detuvo.

Porque por primera vez… no tenía derecho.

---

🩸🖤😈🏥

Solo queda un latido más.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.