El Hotel Infinito

Fred

Steve la levantó del suelo, ignorando el rastro de pasta gris que todavía le quedaba en la comisura de los labios. El recorrido no había terminado. Con su andar milimétrico, el robot llevó a Alexa a recorrer múltiples áreas del hotel que, según él, eran vitales para el funcionamiento correcto y la satisfacción de los huéspedes.

Mientras caminaban por pasillos que se bifurcaban hacia la nada, Steve le informó que dentro de poco llegaría un relevo: un robot también autómata, pero que solo estaba programado para el turno de la noche.

—Su nombre es AR876 —explicó la máquina con su tono plano—. No tiene funciones más allá de esas. Custodia el mostrador nocturno y procesa quejas menores.

Iban caminando de regreso a la placa teletransportadora y, a todas estas, Alexa solo podía pensar en el sufrimiento que estaba teniendo. La voz de Steve se convirtió en un zumbido de fondo mientras ella entraba en una retahíla de pensamientos absurdos. Desesperada por el estómago vacío de comida real, empezó a fantasear con la posibilidad de que algún huésped de un planeta de comida hubiera traído provisiones especiales en sus valijas, o cualquier contrabando masticable que la animara un poco.

Se subieron a la plataforma, el destello azul cian parpadeó y volvieron al pasillo del área de humanos. Steve la sacó bruscamente de su ensoñación.

Esta es la habitación de los gerentes —anunció, deteniéndose ante una abertura.

Frente a ella había una puerta de madera elegante con una chapa que parecía de oro. Tenía un grabado que decía, de la manera más plana y genérica posible en letra cursiva: Gerente.

Alexa miró el picaporte y sintió que el aire se le escapaba del pecho.

¿De verdad esta va a ser mi vida ahora? —preguntó, clavándole los ojos a la chatarra—. ¿Qué pasa con mis días de descanso? ¿Mis fines de semana?

La situación era tan jodidamente absurda que, por primera vez en su vida, extrañó a Marta y sus malos tratos en la tienda de conveniencia. En ese instante, habría rezado a cualquier dios con tal de que la regresaran a su monótona, aburrida y pacífica vida anterior.

Steve, ya harto, en su propio silencio de cables, no respondió. Simplemente la empujó hacia el interior de la habitación.

Adentro hay una copia del manual —le dijo, dándole la espalda—. Mañana es tu primer día. Los robots botones se encargarán de la limpieza, desinfección y de traerte la cena. Por ahora, descansa.

Y cerró de un portazo.

Alexa, resignada y con los hombros caídos, se dio la vuelta para explorar la habitación. El diseño parecía sacado del siglo XV. Había una cama tamaño king adornada con sábanas muy esponjosas llenas de decoraciones florales, sobre un piso de madera de roble oscuro que estaba cubierto en su mayor parte por una alfombra densa. La cama tenía además una cosa de princesa que Alexa no sabía cómo se llamaba —un dosel, o algo así— que se cerraba y caía desde el techo.

Al fondo de la pieza, vio otra puerta con una manija dorada. “¿De dónde sacan tantas manijas?“, pensó con fastidio. “¿Las manijas serán infinitas también? ¿Cómo serán las demás habitaciones?“. El recuerdo de la advertencia de Steve la asaltó: si entraba al baño de los seres gaseosos, podía morir. ¿Cómo carajo hacían del baño esas cosas?

Perdida en esa retahíla de pensamientos, cruzó la puerta del fondo y por fin pudo darse una ducha. No se dió una rápida. Fue una de esas duchas largas donde al fin estaba sola: sola sin sus pensamientos intrusivos, sola sin el peso del transductor en la nuca, sola en un maldito hotel infinito.

Mientras el agua caliente le corría por la espalda, le embargó una sensación de soledad que nunca antes había experimentado, pese a haber sido una ermitaña por elección durante toda su vida adulta. Se sentía exactamente como un pez fuera de lugar. No tenía más opción; se apoyó contra los azulejos y se dijo a sí misma que, si quería volver a la Tierra, tenía que conocer cada rincón del hotel. Seguro había una grieta, una falla en el sistema, una forma de huir.

Al salir, revisó las cómodas y los armarios. Encontró un pijama que, como no podía ser de otra manera, hacía juego con la estética antigua de la habitación. Era un pantalón suave de seda de color crema y una camisa de botones manga larga a juego. Por un breve instante, la frescura de la tela sobre su piel la reconfortó.

Casi como si hubiese sido cronometrado por un reloj invisible, la puerta se abrió. Un robot botones, acompañado por otro espécimen mecánico, entró cargando su cena. Dejaron una bandeja sobre la mesita de la antesala. Era un bowl con S.L.A.R.N. otra vez, pero esta vez con sabor a ”avena“, según indicaba un papelito perfectamente cortado puesto en la bandeja, flanqueado por el infaltable vaso de agua.

Alexa gimoteo de tristeza al ver tal ”festín“. Mientras ella contemplaba la pasta con desprecio, el otro robot retiraba silenciosamente su uniforme sucio para intercambiarlo por uno idéntico y limpio, junto a un par de tacones nuevos.

Cuando las máquinas se retiraron, ella se acercó a la mesita donde también se ubicaba el grueso Manual de Instrucciones para Gerentes. Agarró el libro, lo tiró al suelo para hacer espacio y se obligó a comer la porquería esa, bajándola rápido con el vaso de agua. La verdad, no sentía mucha diferencia entre la supuesta avena y el cartón mojado del almuerzo. No creía que a nadie en el universo, por puro gusto, le gustara la avena.

Terminado el suplicio, se limpió la boca con el dorso de la mano, volvió a tomar el pesado manual de instrucciones del suelo y lo abrió por la primera página. Era hora de empezar a leer.

Alexa se dirigió a la cama gigante y esponjosa con el manual del gerente en las manos, encendió la luz de la mesita de noche y se sentó a hojear el libro. No era tan ancho si lo analizaba bien, pero igual estaba lleno de conceptos muy extraños, palabras raras y rimbombantes que a ella simplemente le parecían absurdas y, sobre todo, inútiles a la hora de expresarse. ”Nadie va por la vida diciendo ‘excelentísimo’ salvo el lamebotas de Steve“, pensó, soltando una risa amarga antes de clavar la mirada en un apartado resaltado que decía:



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En el texto hay: humor, aliens, humor ciencia ficcion

Editado: 05.07.2026

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