El color amarillo del sol se iba alejando mientras daba paso a la noche, sentada en la arena que todacía guardaba el calor que le había propinado anteriormente el sol, me quede absorta ante la belleza que reflejaba el cielo mientras intentaba borrar cualquier rastro de tristeza en mi rostro. Habíamos decidido hacer un viaje para relajarnos del largo trabajo de los últimos meses, pero nada podía conseguir que en mi alma el dolor se apague… pero podía seguir de pie y obligarme a mí misma a hacer como si todo ya lo hubiera olvidado, como si todo lo que me hizo feliz en su momento ahora no me causara el mayor dolor que jamás haya vivido.