AISHA ROBINSON
BERLÍN, ALEMANIA
PREFIERO NO RECORDAR
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Hace más de una semana que he evitado tener que verle la cara, no importa si me estoy comportando cómo una completa niña inmadura. Solo que me da vergüenza un poco tener que enfrentarlo después de todo lo que sucedió en su casa y sobretodo, lo que mis ojos tuvieron que ver.
Siento que la cabeza me da vueltas recordando la pequeña y escalofriante sorpresita que el señor gruñón me tenía preparada. ¿Acaso no puede actuar cómo un novio normal? ¿Todo tiene que llevarlo al extremo? Si, definitivamente es un loco psicópata y atrevido. Yo no me quedo atrás, soy una masoquista pervertida.
Masajeo mis sienes en un intento fallido de controlar un poco el dolor, voy hasta la mesita de noche donde busco un par de analgesicos antes de que me explote la cabeza por tanta pensadera.
— ¡Aisha, ven a desayunar! — grita mi madre desde la cocina, lo que me hace apretar los ojos.
— Enseguida voy madre — me asomo por la puerta, para no tener que gritar.
No creo que me escuche desde aquí, de igual forma me tomo lo que necesito para ir aliviando un poco el malestar y espero que el desayuno termine de ayudar con esto. Salgo de la habitación e intento disimular el malestar ya que llevo varios días evitando salir, mi madre me sonríe terminando de colocar la mesa, mi padre la ayuda y veo que hay un cuarto plato que por el momento no le doy mucha importancia.
— Casi que no te despiertas cariño — dice mi padre una vez tomo asiento y me regala un dulce beso en la frente.
— Hola padre — lo saludo — No dormí bien anoche — es una mentira a medias, no he dormido bien desde ese día.
— Eso parece, últimamente pareces un zombie, deambulando por allí — murmura mi madre en voz alta.
Me sirvo cereal, papá se sirve unos huevos con tocineta y mamá parece demasiado sonriente comiendo su pan tostado. Me sigue llamando la atención el cuarto plato y cuando estoy a punto de preguntar si tienen visitas, la respuesta hace aparición en el comedor aumentando el calor, los nervios y el dolor de cabeza.
— Buenos días señora Robinson — saluda a mi madre y le da un apretón de manos a mi papá.
Mamá, hace toda la situación incómoda, cuando me lanza una mirada que no me gusta, junto a esa sonrisita que me hace abrirle los ojos.
— Creímos que no llegarías muchacho — lo molesta mi padre.
— Siéntate hijo — mamá le sirve en un plato y evito mirarlo — Y ya te he dicho que me digas Amelia, o suegra — comienzo a toser cuando escucho esto último que dice, y creo que he derramado leche hasta por mi nariz.
¡¿Qué carajo le pasa a mi madre?! Esto tiene que ser un mal sueño, una broma de mal gusto o definitivamente he debido fingir malaria para no salir de mi habitación como en un año entero.
— Oh por Dios — mi madre se levanta de golpe y sigo tosiendo — ¿Estás bien? — niego con la cabeza buscando una salida.
Mis ojos se conectan con los suyos y me dedica una mirada siniestra, creo que disfruta de mi muerte y que me este sucediendo esto. Voy a matarlo en cuanto recupere el aliento, mi padre me da pequeños golpes en la espalda.
— ¿Ya te sientes mejor cariño? — se preocupa papá — Me diste un susto de muerte — asiento mientras sigue frotando mi espalda.
— Ya vuelvo… — digo con dificultad antes de levantarme de la mesa y salir corriendo de allí a mi habitación.
Una vez dentro de la misma, cierro con seguro y recuesto la espalda sobre la madera. ¡No puedo creerlo! Busco la caja de toallitas húmedas, me limpio la cara y me doy cuenta que se me ha mojado la camisa que llevaban puesta, para más remate es de un rosa claro y se me marca el sostén.
— Seguramente le di la mejor vista a ese imbécil — gruño furiosa y me quito la ropa dejándola en el cesto, me limpio el cuello mientras busco algo para cambiarme.
No puedo creer que mi día comience de está forma. Obviamente no culpo a mis padres, ellos no tienen idea de lo que sucede entre él y yo, pero que él venga aquí, como si nada hubiera pasado es lo que me enfurece.
Consigo una sudadera y me la coloco cuando escucho la puerta abrirse. Sin saber de quién se trata digo; — ¡Mamá, estoy bien en un momento…!
— La vista de tus pechos mojados, es lo más jodidamente erotico que he visto en mucho tiempo — me quedo quieta, parece que no pudiera respirar y un escalofrío me recorre por toda la columna al escuchar su voz.
— Lárgate de aquí — digo sin mirarlo.
— Me iré, cuando me des la cara — suena bastante molesto.
Sigo dandole la espada, no me atrevo a mirarlo a los ojos. La sudadera es lo suficientemente grande para tapar mi cuerpo, soy pequeña y a pesar de eso, me siento completamente desnuda delante de él. ¿Cómo hace para descontrolar mi pulso de está forma?
— ¿Quiero saber qué es lo que pasa contigo? — pregunta mucho más cerca, siento su aliento sobre la parte de atrás de mi cuello — Ignoras mis llamadas, no contestan mis mensajes y has dejado de ir a tus lugares favoritos, solo para no encontrarte conmigo ¿Hay algo que te molestara?