El Imperio del Invierno.

Capítulo 6—La mesa de Valenfort

La mansión Montreux no necesitaba anunciar su importancia.

Se sentía.

Construida en piedra clara y rodeada de jardines perfectamente cuidados, dominaba una de las colinas más antiguas de Valenfort. Desde allí podía verse gran parte de la ciudad iluminada.

Esa noche, las luces del interior brillaban con una elegancia tranquila.

No era una cena social.

Era una reunión de poder.

Henri Montreux presidía la mesa.

A su derecha estaba Rayan Al-Zahir.

A su izquierda, Margaux Montreux.

El resto de los asientos se distribuía con precisión casi simbólica.

Gabriel y Lucas.

Los representantes de las familias D’Arvielle y Vallencourt.

Henri Renaud, patriarca de su familia.

Julien Moreau.

Y frente a ellos, la única persona que no pertenecía a ninguna de las cinco dinastías de Valenfort.

Alessia Durand.

Cuando ella entró al comedor comprendió de inmediato que aquella no era una simple invitación profesional.

Era el núcleo del poder.

Las cinco familias.

El sistema real de Corvienne.

Margaux la observó durante unos segundos.

Elegante.
Discreta.
Cabello castaño recogido con naturalidad.
Los ojos verde gris mantenían una calma firme.
No parecía intimidada.
Margaux lo notó.

Henri Montreux fue el primero en hablar.

—Señora Durand, agradecemos su presencia. Su análisis financiero afecta directamente el acuerdo energético que estamos evaluando con los Emiratos.

Alessia asintió con respeto.

—Estoy aquí para responder cualquier duda.

Rayan la observó con curiosidad tranquila.

Había escuchado su nombre antes.

Por Gabriel.

Aunque su amigo jamás lo admitiría.

Lucas, sentado dos lugares más allá, notó la dirección de esa mirada y sonrió apenas.

La cena comenzó con conversaciones diplomáticas.
Inversiones.

Infraestructura energética.

Participación de fondos soberanos.

Todo elegante.

Todo civilizado.

Pero bajo esa calma, la tensión era visible.

Camille Renaud apenas tocaba su copa de vino.
Sabía perfectamente por qué Alessia estaba allí.

Sabía también que Gabriel había comenzado a retirar apoyos financieros de los negocios de su familia meses atrás.

Julien Moreau mantenía la expresión rígida.

No miraba a Gabriel.

Ni a Elara.

Elara, sentada junto a Lucas, parecía tranquila.
Rayan lo notó.

—Valenfort siempre ha sido impresionante —comentó el jeque con tono relajado—. Pero esta mesa lo es aún más.

Henri Montreux inclinó la cabeza.

—El equilibrio de Corvienne depende de ella.

Rayan sonrió ligeramente.

—En mi país diríamos que depende de las personas que se sientan en ella.

Su mirada pasó por Gabriel.

Luego por Alessia.

Fue un gesto sutil.

Pero Gabriel lo notó.

Margaux también.

La conversación avanzó hacia los números.

Henri Montreux hizo un gesto hacia Alessia.

—Señora Durand, su informe sugiere redireccionar parte de la inversión hacia D’Arvielle.

Alessia habló con calma.

—Mantener la dependencia directa de Vallencourt generaría presión mediática innecesaria. La estructura que propongo mantiene el equilibrio entre las familias.

Henri Renaud intervino entonces por primera vez.

—Interesante propuesta.

Su tono era cordial.

Pero había filo.

—Aunque también reduce la participación de Renaud Telecom en la estructura inicial.

Alessia no vaciló.

—Reduce el riesgo.

Julien soltó una risa corta.

—O redistribuye poder.

Gabriel habló entonces.

Su voz fue baja.

Pero suficiente para detener la conversación.

—El poder siempre se redistribuye cuando alguien comete errores estratégicos.

Silencio.

Camille tensó los dedos alrededor de la copa.
Rayan observó a Gabriel con interés.




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