El Imperio del Invierno.

Capítulo 13 — Lo que no se puede controlar

El silencio entre ellos no era cómodo.

No era profesional.

No era normal.

Era…demasiado.

La calle seguía viva alrededor, pero Alessia sentía como si el mundo se hubiera reducido a ese espacio exacto donde estaba él.

Frente a ella.

Cerca.

Demasiado cerca.

Aún sentía el eco del agarre de Daniel en su brazo.

Y peor…la forma en que Gabriel lo había soltado.

Sin esfuerzo.
Sin ruido.
Sin perder el control.

Eso fue lo que más la afectó.

No fue violencia.

Fue precisión.

—No debiste hacer eso —dijo finalmente.

Su voz no sonó tan firme como quería.

Gabriel la observó.

—Lo haría otra vez.

Directo.

Sin matices.

El corazón de Alessia dio un golpe fuerte.

—No puedes decidir eso por mí.

—No lo decidí.

—Interveniste.

—Porque era necesario.

—Para ti.

Silencio.

Gabriel no respondió.

Porque sí.

Lo fue.

Para él.

Y eso era el problema.

Alessia soltó una pequeña exhalación.

—Siempre haces eso.

—¿Eso qué?

—Controlarlo todo.

Gabriel dio un paso hacia ella.

No agresivo.

Pero sí definitivo.

—Funciona.

—No conmigo.

Esa frase quedó suspendida.

Firme.

Real.

Gabriel la sostuvo con la mirada.

—Eso está por verse.

Alessia negó levemente.

—No entiendes.

—Explíqueme.

El tono bajo.

Casi… íntimo.

Eso la desarmó un poco.

—No quiero depender de nadie.

Silencio.

Gabriel no esperaba esa respuesta.

No tan directa.

—No estoy intentando que dependa.

—Eso es exactamente lo que pasa cuando alguien hace lo que acabas de hacer.

Él frunció apenas el ceño.

—Evité una situación.

—Te metiste en mi vida.

Silencio.

El aire cambió.

Ya no era confrontación.

Era algo más profundo.

Más real.

—Ya estaba en ella —dijo Gabriel finalmente.

Esa frase…la dejó sin respuesta por un segundo.

Y eso no le gustó.

Porque tenía razón.

Desde antes del beso.

Desde antes de la cena.

Desde que lo vio por primera vez.

—Eso no te da derecho —dijo más bajo.

Gabriel la observó.

—No necesito uno.

Y eso…eso la enfureció.

—Claro que sí.

—No.

—Sí.

Alessia dio un paso hacia él.

—No puedes entrar, decidir, actuar… como si todo fuera tuyo.

Silencio.

Gabriel bajó la mirada apenas.

Luego volvió a ella.

—No todo.

Pausa.

—Pero esto sí me importa.

El corazón de Alessia se desordenó.

—Eso no cambia nada.

—Lo cambia todo.

Silencio.

El mundo se detuvo otra vez.

Porque esa frase…no era estratégica.

No era calculada.

Era real.

Y eso…

eso sí daba miedo.

—Ven —dijo Gabriel de pronto.

Alessia frunció el ceño.

—¿Qué?

—Tu brazo.

Ella miró hacia abajo.

Había enrojecimiento.

No lo había notado.

O no había querido.

—Estoy bien.

—No.

La forma en que lo dijo…no dejaba espacio.

Alessia dudó.

Un segundo.

Dos.

Y luego…le permitió acercarse.

Error.

Porque cuando Gabriel tomó su brazo…no fue como antes.

No fue control.

No fue fuerza.

Fue cuidado.

Y eso…

eso la desarmó completamente.

—Va a quedar marca —dijo él en voz baja.

Ella lo observó.

Demasiado cerca.

—No es la primera vez que me pasa algo así.

La frase salió sin filtro.

Gabriel se detuvo.

—¿Él?

Ella no respondió.

No hacía falta.

El silencio fue suficiente.

Algo oscuro cruzó la mirada de Gabriel.

No visible para cualquiera.

Pero sí para ella.

—No vuelve a tocarte.

No fue una promesa.

Fue una decisión.

Alessia sintió algo extraño.

No miedo.

No incomodidad.

Algo más peligroso.

—No puedes controlar eso.

—Sí.

Silencio.

—Gabriel…

—No.

La interrumpió.

—No vuelva a decirme lo que no puedo hacer.

El tono no fue duro.

Pero sí definitivo.

Y eso…

eso la hizo sentir algo que no quería admitir.

Seguridad.

Cerró los ojos un segundo.

—Esto está mal…

Murmuró.

—¿Qué?

—Todo.

Él la miró.

—No.

—Sí.

Abrió los ojos.

—Esto no es lo que quiero.

Gabriel no respondió.

Porque sabía que eso no era completamente verdad.

Y ella también.

—No quiero depender —repitió.

—Entonces no lo hagas.

—Pero tú ...—

Pausa

—No te estoy pidiendo nada.

Silencio.

—Lo estás haciendo sin decirlo.

Eso…

eso lo hizo pensar.

Y por primera vez…

Gabriel no tuvo una respuesta inmediata.

El viento frío pasó entre ellos.

Alessia lo sintió en la piel.

Pero no fue eso lo que la hizo estremecerse.

Fue él.

Su cercanía.

Su mirada.

La forma en que no se iba.

—Debería irme —dijo finalmente.

No se movió.

Gabriel tampoco.

—Sí.

Pero no dio un paso atrás.

Silencio.

El tipo de silencio que se siente en la piel.

Alessia lo miró.

Y lo entendió.

No iba a ser fácil.

No iba a ser limpio.

No iba a ser lógico.

Pero tampoco…iba a detenerse.

Y eso fue lo más honesto que había sentido en mucho tiempo.

—Esto no va a terminar bien —dijo en voz baja.

Gabriel la observó.

—No me interesa cómo termina.

Pausa.

—Me interesa que empiece.

El corazón de Alessia se detuvo un segundo.

—Ya empezó.

Gabriel dio un paso más cerca.

—No lo suficiente.

Y esta vez…no fue impulso.

Fue decisión.

La besó otra vez.

Pero diferente.

Más lento.

Más profundo.

Más consciente.

Como si esta vez sí supiera exactamente lo que estaba haciendo.




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