El Imperio del Invierno.

Capítulo 14 — Lo que se acerca

La marca seguía ahí.

Leve.

Pero visible.

Alessia la observó frente al espejo de su apartamento.

No dolía.

Pero recordaba.

No a Daniel.

A Gabriel.

La forma en que la sostuvo.

La forma en que la miró.

La forma en que decidió.

Cerró los ojos un segundo.

—Esto no está pasando…

Pero sí.

Y lo sabía.

El teléfono vibró.

Otra vez.

Número desconocido.

No respondió.

Vibró de nuevo.

Mensaje.

“¿De verdad crees que ese hombre puede protegerte?”

El estómago se le tensó.

Daniel.

Pero esta vez no sonaba desesperado.

Sonaba…herido.

Y eso era más peligroso.

Otro mensaje.

“No sabes con quién te estás metiendo.”

Alessia apretó el teléfono.

—Ya basta…

Murmuró.

Pero no respondió.

No iba a volver atrás.

No esta vez.

***

Margaux Montreux no necesitaba preguntar.

Investigaba.

Siempre lo hacía.

Desde su estudio privado en la mansión, revisaba un informe digital con la misma calma con la que organizaba eventos de la alta sociedad.

Alessia Durand.

Formación impecable.
Trayectoria limpia.
Sin escándalos.

Demasiado limpia.

Margaux entrecerró los ojos.

—Interesante.

Deslizó el dedo.

Ahí estaba.

Daniel Ríos.

Sin empleo estable.
Dependencia económica.
Historial inconsistente.

Margaux apoyó la tableta.

—Un punto débil.

No en Alessia.

En su entorno.

Y eso era lo que importaba.

No le preocupaba que su hijo se interesara por una mujer.

Le preocupaba qué tan vulnerable lo volvía esa mujer.

Y en ese momento, Margaux tomó una decisión.

No interferiría.

Aún.

Pero observaría.

Todo.

***

Gabriel no estaba trabajando.

Otra anomalía.

Estaba sentado en su despacho…

sin leer.

Sin firmar.

Sin decidir.

Pensando.

Alessia.

Su nombre ya no era neutro en su mente.

No era “la auditora”.

No era “la variable”.

Era…ella.

Y eso cambiaba todo.

Había revisado el informe del incidente.

Tres veces.

Daniel Ríos.

Lo sabía todo.

Dónde vivía.
Qué hacía.
Con quién se movía.

Podía eliminar el problema en menos de veinticuatro horas.

Legalmente.

Financieramente.

Silenciosamente.

Y sin embargo…no lo había hecho.

Aún.

Porque algo lo detenía.

No era duda.

Era…evaluación.

¿Qué haría ella?

¿Se molestaría?

¿Se alejaría?

¿Lo vería como lo que era?

Peligroso.

Apoyó los dedos sobre la mesa.

—No es relevante.

Murmuró.

Pero lo era.

Porque por primera vez…no quería equivocarse.

Lucas entró sin tocar.

Otra vez.

—Esto ya es preocupante.

Gabriel no levantó la mirada.

—¿Qué?

—No estás trabajando.

Silencio.




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